Jurado para recuperar el juicio
Y de repente, Jurado para recuperar el juicio. El Deportivo ganaba, pero no convencía. Lo de Zaragoza no había servido para ganar la suficiente confianza con balón y el 2-0 en casa ante la Cultural Leonesa era engañoso. Más producto de los errores ajenos que de las virtudes propias.
Entonces, José Ángel Jurado apareció cuando apenas se le esperaba y cambió el rumbo del equipo. Fueron tan solo 45 minutos y con el viento a favor del 2-0 que imperaba en el marcador. Pero el impacto contra la Cultu fue tan evidente que no se puede negar la condición válida a la muestra. Básicamente, porque fue una réplica de lo que ya sucedió el pasado curso, cuando el Deportivo recuperó para la causa al andaluz y encontró el camino.
Recordemos. El equipo de Óscar Gilsanz iniciaba el año 2025 con 14 puntos de 24 posibles en su zurrón. La reacción era evidente. Pero no fue hasta el mes de febrero cuando el bloque alcanzó la verdadera estabilidad. Por aquel entonces, José Ángel ya acumulaba un mes jugando con regularidad. Y aunque vivía en una constante lucha contra el dolor de su pubis, había adquirido el ritmo de competición suficiente como para ofrecer una versión muy similar a la mejor que lleva dentro.
Con José Ángel en la base del centro del campo, el Dépor de Gilsanz encontró el control gracias a sus condiciones defensivas, pero sobre todo desde su capacidad para gestionar los primeros pases. Su entendimiento con Soriano permitió no solo que el Dépor consiguiese al mejor José Ángel y al mejor Mario, sino que elevó el nivel de ambos. Y, por contagio, el de un Villares más libre. Porque el fútbol consiste en encontrar las sinergias socioafectivas para que las mezclas no sumen, sino que multipliquen.
Por mucho que el pobrísimo final de la etapa de Gilsanz —supercondicionado por las bajas— ayudase a borrar todo lo anterior, aquel Deportivo alcanzó un muy buen nivel teniendo en cuenta sus virtudes y, sobre todo, sus limitaciones. Y ese techo no se podría explicar sin José Ángel.
El andaluz llegó para ordenarlo todo. Para enseñar a andar a un equipo que solo sabía correr. Curiosamente, el pasado sábado, Jurado apareció para hacer lo contrario: acabar con el falso control y empezar a atreverse. De no ser capaz ni de andar, a poder correr. Todo a base de interpretación de juego, pero sobre todo de voluntad para ofrecerse y valentía para soltar su zurda de seda y colocar el pase vertical que nadie se atrevía a dar. Ni siquiera José Gragera, una certeza en el pivote que todavía debe terminar de ponerse a tono. También es el caso de José Ángel. Aunque sea evidente que no hay mejor Jurado para recuperar el juicio.
