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Lo de Zaragoza: no fue brillante, pero sí inteligente

No fue el partido más brillante, pero sí el más inteligente. Porque era el necesario. El Deportivo salió de Zaragoza con tres puntos y el freno a una racha negativa que, en liga, se iba hasta las cinco jornadas.

Era imprescindible acabar con esa dinámica. Y el equipo deportivista lo hizo prácticamente de la única forma que los clubes cuya dimensión engrandece los momentos felices y magnifica los amargores puede hacerlo: con goles por encima del juego.

El Dépor se había metido, casi sin darse cuenta, en un pequeño callejón sin salida. Entre las bajas, el empeoramiento propio y la sublimación de los rivales —que habían comenzado a entender cómo hacer daño al conjunto de Hidalgo—, el equipo había perdido casi todas las señas de identidad que le habían llevado a alcanzar el liderato y una extraordinaria sensación de empaque en las primeras jornadas.

Tocaba volver a los básicos. Pero para convencer(se) de nuevo, para recuperar la confianza, es imprescindible disponer de tranquilidad. Así, el único sosiego posible para un equipo que se había visto capaz de todo y de repente no era capaz de nada se llaman resultados.

El fútbol lleva a los resultados. Sin embargo, sin los resultados, el fútbol colectivo e individual se va más pronto que tarde. Y claro, cuando no hay juego ni marcadores, ya no queda nada a lo que agarrarse.

Por lo tanto, querido lector, si me pregunta, creo que el Deportivo hizo el partido que tenía que hacer en Zaragoza. Sin duda alguna, también lo consideraba Antonio Hidalgo, que mostró tras el choque una satisfacción pública que parecía más genuina que impostada.

Es lógico que el aficionado no esté contento por la imagen. De hecho, yo he de reconocer que en directo tampoco lo estaba. Que no me convenció el Deportivo. Pero lo bueno del revisionado es que te permite analizar con otra perspectiva. Más fría. Menos pasional. Por eso seguiré defendiendo que, más allá de la vistosidad, el Dépor ejecutó el partido controlador que tenía en su plan. Que suceda lo que tienes previsto siempre es positivo. Que además sea lo acertado teniendo en cuenta todo lo que envolvía al partido, también.

Expresado ya mi — quizá impopular— agrado por el encuentro de Zaragoza, este sábado el Deportivo vuelve a casa. Y toca dar un paso más. De nada servirá ese partido tan poco brillante como necesario si la reacción no se completa, también con más juego, en Riazor.