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Éramos 4.482, la peor entrada de lo que va temporada en una fecha medio festiva y con un puente a la vista. ¡Pero lo bien que nos lo pasamos! Básquet Coruña gana, disfruta y divierte a su parroquia, orgullosa de un equipo que si no lo tiene todo al menos lo disimula. Lo que desde luego atesora es vergüenza torera, detalle que en el Coliseum no está de más. Carles Marco y Charly Uzal, tan criticado la campaña pasada, han construido un equipo con poso que en la noche del Samaín le dio un susto a toda la categoría, le pasó por encima al Fuenlabrada (101-75) en el duelo de los dos únicos invictos que quedaban. Ahora manda el Básquet Coruña en solitario, seis de seis y el buen sabor de boca de haber firmado el mejor partido justo ante el rival más poderoso que se ha cruzado. O eso parecía.  

El domingo ante el atribulado Estudiantes en el mítico Magariños (el Movistar Arena estará a otras cosas) habrá un nuevo examen, pero el equipo semeja preparado para superar cualquier prueba. O al menos para que no le apliquen aquello del no presentado. Hay una base sobre la que se asienta todo: la defensa, así que por ahí ya tenemos algo diferente a lo que habíamos visto por aquí en los últimos tiempos. Y estamos aprendiendo que bajar el culo y las rodillas, puntear pases y tiros, no es antónimo de showtime. Fuenlabrada lo sufrió, víctima también de una rotación escasa ante un rival que mantiene el rigor a través del reparto de esfuerzos.

El carácter colectivo de este Básquet Coruña no opaca las individualidades. Paul Jorgensen es una gozada, un virguero del playground neoyorkino trasplantado a la avenida de Alfonso Molina, un Djalminha de la canasta, un jugón diría Montes. Dídac Cuevas es un vibrante titán, un bajito que lleva la brújula entre gigantes, bregador sin balón, valiente con él. Pero ante Fuenlabrada el mejor fue Guillem Jou, un multiusos que lo mismo brilla desde la línea de tres que tapa todas las líneas de pase imaginables. 18 puntos en 18 minutos y 21 de valoración en una demostración memorable.

No éramos muchos. En todo caso suficientes para que el Palacio de los Deportes se quedase pequeño, no perdamos la perspectiva. Pero algo es seguro: este equipo se merece más por parte de todos, que toda esa gente que se había apuntado a la ACB y no regresó al Coliseum vuelva a la cancha, que vengan los que quieran gozar con un equipo que lleva el nombre de Coruña en todo lo alto. Parece complicado de imaginar tras un partido así. Pero vendrán curvas. “Fue un partido para recordar”, decía cerca de mí en un micrófono radiofónico José Iglesias, uno de los hombres más populares de la ciudad en la última semana. No bajemos la guardia: en los próximos días podría pedir la destitución de Carles Marco.

Gran pase de Radoncic
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German Barreiros