Entre cinceles y martillos
El Deportivo está completando un gran inicio de temporada. No creo que nadie pueda poner eso en duda. Pero a estas alturas, como por otra parte es habitual, la Segunda División también se está encargando de demostrar que a nadie le sobra nada. Puede suceder durante 90 minutos, esos momentos puntuales en los que todo sale de cara. Pero la realidad es que todos los equipos, incluido el blanquiazul, necesitarán toda la ayuda posible si pretenden llevarse el premio gordo de la categoría de plata a final de temporada.
Hidalgo consiguió sortear durante varias semanas la falta de martillos por la excelencia de sus cinceles. Por un momento, el técnico catalán creó la ilusión de que el Dépor no iba a necesitar pierna dura ni músculo durante los partidos, porque el talento de los peloteros, y los pulmones de Villares, serían suficiente para noquear de forma exprés a todos los rivales. Como suele suceder, son los campos como Ipurua los que te devuelven a la realidad. A veces por las malas. El cuadro herculino debía haber dejado resuelto el encuentro antes de la hora y regresó a A Coruña con la sensación de haber salvado un punto a pesar de encajar en el descuento. La caída del tramo final se explica, entre otras cosas, precisamente por esa falta de consistencia en el centro del campo. Ya se atisbaba algo similar ante el Mirandés antes de que Eddahchouri apagara la rebelión a golpe de acierto.
El fútbol de hoy ha matizado el perfil del mediocentro, al que ya rara vez se le permite ser binario en sus funciones. Pero eso no quiere decir que haya jugadores cuyas virtudes sean diferentes a las de sus compañeros. Y el Dépor, en este arranque en el que sigue invicto, ha tenido que aprender a sobrevivir sin los encargados de poner pie en pared cuando el rival toca la corneta. No parece el cuadro herculino uno de esos equipos que vaya a sobresalir en los duelos. Está sufriendo, de hecho, cada vez que los rivales deciden tomar atajos y jugar directo hacia su última línea. Con un grupo de zagueros que disfruta defendiendo hacia adelante y atosigando al rival, figuras como las de José Gragera, que ya ha dejado una muestra, aunque pequeña, y José Ángel Jurado, se antojan fundamentales conforme avance la temporada. Ese guardián que ejerce como primer dique de contención por delante de la línea de cobertura y amortigua el impacto de las oleadas rivales. Son, además, dos jugadores que han demostrado tener el suficiente buen pie como para no tener que renunciar a la pelota en esos instantes en los que a muchos acaba quemándole.
No es un tema menor que el equipo blanquiazul haya mostrado una versión de riesgo, de marcado carácter ofensivo, que puede tener éxito y llevarse a rivales por delante en cuestión de minutos. Nunca será mala noticia, tampoco, recuperar a futbolistas que suman presencia y carácter para esos momentos en los que la situación se pone delicada y se requieren otro tipo de cualidades.
