
Rafa de Vicente: “Tengo la espinita clavada de la final contra el Albacete, nunca me va a salir de ahí”
El centrocampista andaluz, de nuevo afincado en A Coruña, analiza sus primeros pasos en el Compostela y repasa su etapa en el Deportivo
Rafa de Vicente (Málaga, 1993) ya está de vuelta. Tras perderse el arranque liguero por unas inoportunas molestias en el cuádriceps sufridas en la recta final de la pretemporada, el centrocampista debutó el pasado domingo en la derrota del Compostela ante el filial del Eibar. Un futbolista con mil batallas en la categoría que regresa a tierras gallegas —fijando de nuevo su residencia en A Coruña— para ser el faro del medio del campo del Vero Boquete.
¿Cómo está? Le vimos mermado en la pretemporada y viene de jugar sus primeros minutos en Liga. ¿Qué valoración haces de su debut?
Ahora ya bien. Es cierto que en el último partido de pretemporada tuve esas pequeñas molestias en el cuádriceps que no me dejaron participar en el inicio. Pero a nivel individual, para llevar tantos meses sin competir y venir de una pequeña lesión y de perder un poco el ritmo, pues la verdad que contento de poder participar con el equipo. Todavía me falta mucho y tengo mucho que mejorar, pero dentro de las circunstancias, creo que bastante aceptable. En cuanto a las sensaciones del partido del debut, creo que merecimos más. El empate hubiese sido lo más justo; sobre todo en la segunda parte estuvimos mucho mejor. Fue un resultado demasiado cruel el haber perdido el otro día.
¿Cómo ha visto al grupo y cómo le ha recibido el vestuario?
Espectacular. El grupo humano es muy bueno, un vestuario bastante unido, muy implicado en los entrenamientos y responsable. Me gusta mucho tanto el factor humano como el equipo que se ha formado.
¿Conocía ya al míster, Carlos de Lerma, antes de firmar?
Sí, lo tuve de segundo entrenador en el Marbella, en aquella etapa en la que Fran Beltrán era el primero. Luego él se quedó al frente, aunque yo ya no estaba. Evidentemente, una de las razones por las que estoy aquí es porque venía él. Ya veníamos hablando con Borja (Yebra, director deportivo de la SD Compostela) justo antes de que lo anunciaran, pero su llegada fue el empujón definitivo.
¿Qué espera aportar en el plano individual?
Mi objetivo es sacar el máximo rendimiento, tanto personal como colectivo. Creo que puedo aportar la experiencia de todos estos años en diferentes clubes y mi manera de ver el fútbol. No soy el jugador más rápido ni tengo un perfil físico despampanante; mi idea es plasmar en el campo mi capacidad de asociación, de leer el juego y de organizar al equipo, que es lo que siempre he hecho.
"Si repasas equipo por equipo en la categoría, no hay tantos clubes con la historia e infraestructura que tiene el Compostela"
¿Cómo ve al club dentro de la Segunda Federación?
Muy bien. Si repasas equipo por equipo la categoría, no hay tantos clubes con la historia ni con la infraestructura que tiene el Compostela. Tenemos que ser conscientes de que somos afortunados de estar aquí. He dado muchas vueltas y sé cómo están la mayoría de los equipos y veo que en el Compos las cosas van en muy buena dirección.
Siguiendo con el tema de la experiencia, en el inicio de Liga jugaron bien, pero no llegó la victoria hasta la tercera jornada ante el Sestao y fue un partido muy sufrido. ¿Cómo sentó eso en un vestuario que es joven y que va a mejorar en cada jornada?
Sienta de carajo, hablando pronto y mal. En partidos anteriores habíamos jugado mejor, generando más y haciendo más nuestro juego, pero los resultados no acompañaban, como ese 0-3 inicial que nadie esperaba ante el Marino de Luanco en casa. Ganar sin ser nuestro mejor partido y dejando la portería a cero da mucha tranquilidad. Para corregir cosas, siempre es mucho mejor hacerlo desde la victoria que desde la derrota. Nos está pasando que cuanto mejor jugamos, como en Eibar, perdemos, y ese partido tuvimos esa fortuna. A ver si podemos jugar bien y ganar este domingo (ante el Real Oviedo Vetusta) que ya nos va tocando.
Echando la vista atrás cinco temporadas, ¿cómo recuerda su año en el Deportivo?
Lo recuerdo con muchísimo cariño; de hecho por eso he vuelto a vivir a Coruña con mi familia. Guardo un recuerdo increíble de la ciudad, del club y de la afición. Pero también tengo esa espinita clavada que creo que nunca se me va a salir: haber perdido aquella final contra el Albacete en nuestro campo cuando lo teníamos prácticamente todo para ascender. Desde diciembre le sacábamos ocho o nueve puntos al Racing de Santander, pero atravesamos una racha muy mala y ellos, con Pablo Torre, hicieron una segunda vuelta impresionante. Me quedo con ese sabor agridulce de “vine aquí para ascender y no pude”.
Aquella segunda vuelta estuvo marcada por el famoso partido aplazado en Riazor contra el Racing de Santander. ¿Cómo lo recuerda?
Ahí nos la hicieron un poco, hablando mal. Después lo hablas con compañeros y ves que aprovecharon las circunstancias del momento para no jugar cuando nosotros éramos muy superiores a cualquier equipo de la liga. Estoy convencido de que, si hubiésemos jugado contra el Racing en casa en la fecha original, habríamos ganado. Sin embargo, se aplazó y nos tocó jugarlo en nuestro peor momento y en el mejor de ellos. Nos ganaron y ahí cambió toda la dinámica de la temporada. Jugaron bien sus cartas y les salió bien; al final ascendieron primeros.
De todos los momentos de aquella etapa, ¿con qué partido o recuerdo se queda?
Tengo grabado el debut con el 5-0 al Celta B, por cómo respondió la afición y cómo disfrutamos en el campo. O la semifinal del playoff contra el Linares, que ganamos 4-0 y decíamos: “esto ya lo tenemos”. Pero más allá de los partidos, me quedo con el día a día. Era un trabajo diario de nivel Champions en cuanto a estructura y profesionalidad.
"¿Lo dice la frase, no? Todos son mejores que Villares hasta que hay que ser mejor que Villares"
De aquel vestuario blanquiazul quedan y han explotado futbolistas como Yeremay, Villares o Mario Soriano. ¿Esperaba ese salto de rendimiento?
Es un salto muy grande pasar de Primera RFEF al fútbol profesional, pero se veía que tenían algo diferente. En el caso de Mario o Peke, eran superjóvenes. Mario ha demostrado ser un profesional como la copa de un pino que trabaja más que nadie. Y Peke dio un cambio físico y mental al año siguiente que lo hizo explotar. En cuanto a Villares... ¿lo dice la frase, no? Todos son mejores que Villares hasta que hay que ser mejor que Villares (risas). Es un portento físico, compite siempre y raramente tiene un mal partido. Esa regularidad es la que los ha llevado hasta arriba. Estuve charlando con ellos el otro día y me alegro mucho de cómo le han ido las cosas.
Tuvo como entrenador a Borja Jiménez ese año en el Dépor. ¿Con qué se queda del técnico abulense?
Aprendí muchísimo con él a nivel táctico. Es cierto que atravesé momentos en los que consideraba que podía haber tenido más minutos, y él mismo me lo reconoció en conversaciones privadas, pero los entrenadores tienen su estructura. Tácticamente Borja es un fenómeno: aprendí mucho sobre posicionamiento, distancias entre líneas y cómo relacionarte en el campo para jugar más cerca, hacer pases sencillos y someter al rival. Además, yo venía del UCAM y era muy diferente. En Murcia jugábamos más como se jugaba antes, con más espacios, y yo el año de Borja aprendí mucho tácticamente.
Dice que se ha instalado de nuevo en A Coruña. ¿Qué tiene la ciudad para que haya decidido regresar?
Estuve también en Santander jugando en el Racing, y creo que Santander y A Coruña se parecen muchísimo en calidad de vida, estructura y estilo de vida. Mi mujer es cántabra y nos encanta el norte; Coruña tiene esa misma esencia. Cuando me fui del Dépor siempre hablábamos de lo mucho que nos gustaría volver. En cuanto surgió la oportunidad, ni nos lo pensamos.
Por cómo analiza el juego y habla del fútbol, y es un poco una reflexión de esta charla, pero... ¿tiene futuro Rafa de Vicente como entrenador cuando cuelgue las botas?
De hecho, ya estoy haciendo los cursos de entrenador. Tengo varios horizontes en mente para cuando deje de jugar y me decantaré por lo que sienta con el corazón, porque para esto hay que tener pasión. Lo que sí sé es que en los últimos años he tenido entrenadores que me han cambiado la visión del fútbol. Me gusta mucho la idea de transmitir conocimientos a los jóvenes, igual que otros veteranos me ayudaron a mí en su día. No sé exactamente qué rol ocuparé, pero pegado al fútbol voy a seguir seguro.

