
Rafa Mella, el jugador semiprofesional por excelencia
El extremo coruñés vivió múltiples peripecias en su dilatada trayectoria en Segunda B y ahora ayuda con goles al San Tirso en su búsqueda del ascenso a Tercera RFEF
Todavía le queda cuerda para rato a Rafa Mella (A Coruña, 1991), el paradigma de jugador semiprofesional. El San Tirso es el decimocuarto club de una amplia trayectoria que tuvo su cénit con once temporadas consecutivas en Segunda B/Segunda RFEF. Ahora, un par de escalones por debajo y de vuelta a casa, está poniendo su granito de arena desde abril para que el equipo abegondés, de Preferente Futgal, juegue en categoría nacional por primera vez en sus 86 años de historia. En el retrovisor, una historia de alegrías, experiencias fuera de Galicia y alguna decepción en forma de tratos de favor o impagos.
Movido por las ganas de regresar a su ciudad, Mella terminó su etapa en Alicante en febrero y buscó la forma de seguir ligado al fútbol aquí. Empezó a entrenar con Montañeros y Arteixo, donde no podía tramitar ficha al estar cerrado el mercado de la Tercera RFEF, por lo que ya no contaba con jugar este curso, pero ahí apareció la llamada de Fabio Rodríguez, entrenador del San Tirso. “Se enteró de mi situación, me llamó y me pidió que les echara una mano de aquí al final de temporada para intentar conseguir los objetivos”, relata el jugador.
Mella tuvo que ver desde la barrera cómo su equipo se proclamó campeón de la Copa de A Coruña recientemente, al no poder participar por estar cerrado el plazo de inscripción. “Tuve una mezcla de sensaciones. Estaba bastante fastidiado por no poder competir en un estadio como Riazor, en un partido tan bonito delante de tanta gente. Pero a la vez, supercontento de que el equipo consiguiera ganarla. Luego lo celebramos, hay muy buen grupo humano y estoy súper a gusto”, valora un hombre que ha caído de pie en el club.
"A esta edad cuenta mucho estar a gusto; ahora quizá valoro más el día a día, que haya buen grupo, etc."
En Liga le dio tiempo a participar en seis partidos —desde el inicio a partir del segundo— y aportar un gol en Miño. El San Tirso terminó cuarto y se ganó el derecho a participar en el playoff de ascenso a Tercera RFEF, donde debutó en semifinales ante el Atios. Y lo hizo con una nueva titularidad y gol de Mella. Un 2-0 que les da ventaja para la vuelta en O Porriño: “Hay que afrontarlo como si fuera una final, como si fuéramos a ceros. Con el factor campo, la afición y estando acostumbrados más a esas dimensiones, va a ser un partido muy duro. Pero bueno, tendremos que tener paciencia, no equivocarnos y aprovechar las que tengamos”.
El extremo, que hizo su gol ante el Atios de cabeza, faceta del juego que intuye bien, todavía no ha pensado en un destino para el próximo curso, pero abre la puerta a continuar. “Cuando estás a gusto en un sitio, sea la categoría que sea, cuenta mucho a mi edad. Ahora quizás valoro más el día a día, que haya buen grupo, etc. Así que sí, claro que es una opción. Pero bueno, habrá que ver cómo acaba el año y valorar las opciones que puedan surgir”, reflexiona.
Inicios
Solo el tiempo dirá si en unas semanas estamos hablando de su decimoquinto equipo o de una renovación con el San Tirso. Nunca le ha temblado el pulso a Mella a la hora de buscar nuevos desafíos, pero lo cierto es que sus inicios fueron de lo más estables. Canterano del Orillamar, dio el salto en División de Honor Juvenil a un Calasanz con el que el equipo de Monte Alto tenía convenio. Su buen hacer le llevó al Racing de Ferrol, con el que debutó en Tercera División y, tras dos temporadas, aceptó la propuesta del Coruxo para dar el salto de categoría.
"En Jaén se respira fútbol"
Con el equipo de O Vao disputó 150 partidos en cinco temporadas repartidas en dos etapas. “La antigua Segunda B era superbonita y muy exigente. Había equipos muy buenos como el Oviedo, el Tenerife, filiales fuertes... Y bueno, yo era jovencito, venía de hacerlo bien en Tercera y cuando me llegó esa oportunidad, la verdad es que no lo dudé. Fui para allí y me salió bastante bien. Estuve cuatro años. Luego me fui a Jaén, pero volví un quinto año después. La verdad es que marcó parte de mi carrera”, apunta Mella.
En el Coruxo hubo años entre los diez primeros y uno en el que disputaron el playout, pero siempre logró meritorias permanencias, algo que no pudo hacer en su, pese a todo, enriquecedor año en Andalucía: “Aquello depende de cómo lo mires. Estuvimos ocho meses sin cobrar y se deshizo un poco el equipo a mitad de año. Pero lo que es el club, que de hecho ascendió ahora a Primera RFEF, la ciudad, la afición… se respira fútbol. Si las cosas van bien en lo extradeportivo, es un sitio muy bueno. Jugar en el Estadio de La Victoria con tanta afición para mí fue algo nuevo y estuve contento más allá del tema de no cobrar”.
Los mejores años
Su buen nivel en el Coruxo le llevó a recibir, en el verano de 2018, la propuesta del Internacional de Madrid —después Dux—, un equipo que trataba de asentarse en la categoría. “Yo creo que fue mi auge deportivo en cuanto a rendimiento”, rememora un Mella que de cara al curso 2019-20 aceptó una oferta de un Salamanca UDS que le planteó el objetivo de dar el salto definitivo, ascender a Segunda División. Jugar en el fútbol profesional. Pero la moneda salió cruz por diversos motivos.
"En Salamanca tuvimos cinco entrenadores en la primera vuelta, fue una locura"
“Me dijeron que el objetivo era ascender y que íbamos a hacer una pretemporada en México de un mes, como así fue. Y con un contrato muy bueno. No me lo pensé: era jugar en el Helmántico, viajar, etc. Pero la verdad es que es un club con una inestabilidad grande desde hace años. Me encontraba muy bien y con ganas, pero no tuve las oportunidades que me hubiera gustado. Tuvimos cinco entrenadores en la primera vuelta, fue una locura, y como la directiva era mexicana, jugaban mucho los suyos. A los de aquí no nos apartaban, pero no era todo como tenía que ser y me fastidió muchísimo”, reconoce el atacante.
Mella recuperó la sonrisa al fichar por el Mérida, a donde fue a intentar evitar el descenso a Tercera División. Empezó con buen pie, con tres goles, pero enseguida quedó todo parado por la pandemia. Aunque no hubo descensos y esperaba continuar, una reestructuración en la dirección deportiva provocó cambios masivos y tuvo que buscar nuevo destino. Siguió en Extremadura de la mano del Don Benito y después regresó a casa para estrenar la Segunda RFEF con el Compostela y disfrutar de su primer ascenso —a Primera RFEF— con el Arenteiro.
Pese a tener el rol de revulsivo por la gran temporada de los extremos Agustín Pastoriza ‘Pibe’ y Marquitos, el coruñés participó en 37 encuentros y vivió sus dos momentos más especiales como futbolista: “Marcar el 0-1 en la prórroga ante el Alzira de la final de la Copa RFEF y otro en la ronda de Copa del Rey contra el Almería, con el estadio lleno, eliminar a un Primera y luego jugar contra el Atlético de Madrid… Muchísimas emociones. Era como rutinario ganar, aunque llegáramos cansados teníamos tanta confianza que sabíamos que lo haríamos”.
La última bala
Quizá motivado por algún ‘y si hubiera ido…’ que había tenido en su carrera, Mella hizo nuevamente las maletas con destino Gandía para disputar la Tercera RFEF. “Me acuerdo que tuve una oferta del Ibiza. Ellos estaban en Tercera y yo en Segunda B en mis años buenos. Me habían hecho una propuesta de bastante dinero, pero no quería bajar porque nunca se sabe. Te puede salir mal, te puedes lesionar… es jugársela. Y al final, en ese mismo mercado, compraron la plaza en Segunda B y luego acabaron ascendiendo a Segunda. De esas hubo varias. También tuve opciones del extranjero, de equipos de la República Checa que justo terminaron ascendiendo ese año a Primera. Pero bueno, son decisiones que hay que tomar y que pueden salirte bien o mal”, explica con filosofía.
"El inversor del Gandía apareció dos días y no volvió"
El caso es que a los 32 años ya no tenía tanto que perder y lo de Gandía sonaba muy bien. “Tuve ofertas de Segunda RFEF que no me convencían del todo y de repente me llamaron con un proyecto que, aunque era Tercera, venía acompañado de mucho dinero y la idea de llevar al Gandía al fútbol profesional, hacer equipazos y demás. Viéndome con esa edad, dije: ‘Pues mira, lo intento. Igual puedo echar dos o tres años allí si las cosas vienen como dicen’. Pero no fueron bien, porque allí el inversor apareció dos días y no volvió. Sabía que podía pasar, que era una opción, pero teníamos el respaldo de la AFE y me podía permitir no cobrar al día con la garantía de hacerlo al final. Iba con la confianza de que saliera bien, era una persona que venía con empresas multimillonarias, etc., pero no puso un euro”, recuerda sin dramatismos.
La experiencia en Gandía le sirvió para conocer a una persona con la que se asoció para unos negocios de hostelería, por lo que a partir de la pasada campaña empezó a tomarse el fútbol de otro modo. Pasó por el Rayo Ibense, de Tercera RFEF, y por dos equipos de la Lliga Comunitat (equivalente a Preferente), el Novelda y el C.F.I. Alicante, antes de emprender el viaje de vuelta a Galicia.
Al echar la vista atrás, Rafa Mella se muestra orgulloso: “Me siento un privilegiado por haber podido dedicarme hasta los treinta y pico años a lo que me gusta”. Todavía le quedan retos por cumplir, pero un buen resumen del nivel al que se ha movido está en tres compañeros que tuvo y ahora se han instalado en la élite. “Jugué con Santi Comesaña (Villarreal) en su primer año sénior en el Coruxo y ya se veía lo que se venía. También con Pablo Durán (Celta) en el Compostela, que no jugó mucho, pero tenía unas condiciones técnicas y sobre todo físicas bestiales. Y con un gran extremo como Alfon en el Internacional de Madrid, que después pasó por el Celta y ha estado cedido en el Villarreal por el Sevilla”.

