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Borja Guerreiro da instrucciones a sus jugadores en A Grela
O Noso Fútbol | DH Juvenil

Borja Guerreiro: “Los entrenadores decidimos con miedo”

El técnico del Montañeros Juvenil hace balance de una primera vuelta positiva y reflexiona sobre la inmediatez del fútbol actual, acentuada a esas edades

Las buenas actuaciones con Cadete y Juvenil B entre 2022 y 2025 dieron a Borja Guerreiro (As Pontes, 1992) su primera gran oportunidad como entrenador: dirigir al Montañeros de la División de Honor Juvenil. Desde el club le encomendaron la responsabilidad de lograr la segunda permanencia consecutiva y por el momento va por el buen camino. El técnico hace balance de cómo han ido las cosas hasta un ecuador de curso ya superado. Por otra parte, se moja como pocos sobre las dificultades que implica la gestión grupal en el fútbol de hoy en día.

¿Qué valoración hace de la primera vuelta?

A nivel de puntos es buena. Hicimos 19 con salidas muy complicadas como Bansander o Roces. Eso nos da una proyección de unos 38 puntos, que cualquier año es una salvación holgada. A nivel de sensaciones también. Es verdad que las derrotas del inicio —Mareo, Bansander, Roces— nos complicaron, pero desde ahí el equipo compitió bien y no fue inferior en ningún partido. La primera victoria en casa era cuestión de tiempo. Antes del parón, con Arosa y Lugo, cogimos ritmo y aire. Y el otro día en el primero de la segunda vuelta sacamos un empate ante el Compostela.

¿Habría firmado la novena posición a estas alturas?

Más que la plaza, los puntos. En agosto los firmaba seguro, y más aún cuando salió el calendario y vimos las salidas. La segunda vuelta también es complicada, pero equipos fuertes en casa como Bansander o Roces ya han pasado.

A partir de ahora jugarán en Elviña, pero en A Grela se encontraron muy cómodos.

Sí, en números y sensaciones, quitando el borrón contra el Dépor, donde salió todo mal. La primera ocasión fue gol y encajamos a continuación, y eso nos hizo daño. Luego llegaron victorias muy importantes contra rivales directos. Contra el Racing de Santander, que ahora ya está en la zona alta, por ejemplo, hay una transición clarísima que le sacan a Buide bajo palos en el descuento. También queda algo de mal sabor por los dos puntos que se van contra el  Racing de Ferrol.

Por eso firmaba esta situación en agosto. Dentro de la dificultad, lo tenemos de cara 

Tardaron en encontrar puntos a domicilio, pero los rivales no ayudaban, ¿no?

Hay que contextualizar. Las primeras salidas fueron Mareo, Bansander, Roces y Celta. Daba la sensación de que no carburábamos, pero era más por puntos. Solo ante el Celta fuimos inferiores. Después ya jugamos partidos de nuestra liga: punto en Oviedo, goleada en Lugo… El partido de Solares sí me dolió. No es tampoco un campo fácil, pero estuvimos mal en juego directo y balón parado. Creo que la Copa nos pudo descentrar; le di mucha importancia y es la derrota que más me dolió, porque fallamos lo que no teníamos que fallar. Yo también me lo creía y pienso que incluso empatando habríamos peleado la Copa. Cierto que no era el objetivo y que esa derrota nos sirvió para reaccionar después con dos triunfos seguidos.

Un aspecto positivo es que les quedan ocho partidos en casa y solo seis fuera.

Por eso firmaba esta situación en agosto. Dentro de la dificultad, lo tenemos de cara. Con cuatro victorias y rascando algo más debería llegar, pero no podemos relajarnos ni un 1%.

¿Qué deben mejorar y qué mantener igual de aquí a final de temporada?

Ser más contundentes atrás: defensa del área y concentración. Estoy muy de acuerdo con lo que decía Antonio Hidalgo de Barcia y Noubi el otro día, les cuesta a los centrales jóvenes. Es un punto a mejorar y tengo que trabajar para que lo asimilen. También en la defensa del juego directo, estamos siendo blandos. Y lo digo incluso después de una portería a cero: ese es nuestro nivel de exigencia. Con el balón, mantener lo que hacemos: somos los cuartos que más goles marcamos. Tenemos una plantilla con mucho talento, no lo voy a negar, y debemos ser dominadores en muchas fases.

En Cadete o Juvenil B trabajabas poco al rival porque eras dominador. Aquí el foco está en trabajo propio, rival y partido. Está muy cerca de lo profesional 

¿Qué cambia al pasar a jugar en Elviña?

Cambia mucho por dimensiones. Dentro de nuestro modelo es clave gestionar bien la pelota: dónde la perdemos y cómo reaccionamos. Proteger la espalda y coordinar bien el bloque alto; no es lo mismo Elviña que A Grela. A nivel condicional es mucho más exigente.

¿Y qué ha encontrado distinto al pasar a entrenar a Juveniles de División de Honor?

La exigencia y la profesionalidad. En Cadete o Juvenil B trabajabas poco al rival porque eras dominador. Aquí el foco está en trabajo propio, rival y partido. Está muy cerca de lo profesional. El carácter es parecido, pero hay más ambición y opciones reales de subir categorías para los chicos, tienen agentes...

Últimamente está muy candente el tema de la gestión de grupo. ¿Cómo la maneja?

A años luz, lo más difícil es gestionar el grupo. Empezamos con 24 chicos de nivel muy similar; esto es casi una selección. Eso hace más compleja la gestión que en un modesto de Preferente o Tercera. Hace años era impensable pedir la baja por dos suplencias; ahora pasa. El Bansander se vio en esa situación el otro día, con quince jugadores para enfrentarse al Sporting.

Creo que el ritmo de la División de Honor Juvenil es superior al de Preferente; al de Tercera quizá no 

¿Qué le dice esto y cuánto le influye?

Creo que es algo a lo que hay que dar una vuelta. A nivel individual cada vez hay menos paciencia. Y es algo que me aterra, sinceramente. Me aterra porque me paso más tiempo pensando… “Vale, tengo el que creo es el mejor equipo para ganar el partido, pero claro, ‘fulanito’ ya lleva dos semanas sin jugar. Como no lo meta igual me pide la baja... Los entrenadores decidimos con miedo. Decidimos con miedo porque si no en noviembre te quedas con 14 jugadores… Nuestros datos están ahí: muchos chicos por encima de 400 minutos. Luego también creo que es importante hablar con ellos. No es fácil por la edad que tienen, pero yo intento ser sincero y transparente y creo que merece la pena. En nuestro grupo creo que todos tendrían algo que reprocharme, pero no que Xoel Vilariño sea el que más ha jugado, porque se lo ha ganado. No tenemos jugadores sin minutos y los que menos juegan me duelen hasta el punto de que he tenido pesadillas con ese tema. Al final, todos entrenan bien, pero se trata de ser justo; no igualitario, que no sería ser justo.

¿Cómo ve el salto de juveniles a sénior? ¿Por qué a veces les cuesta?

Creo que el ritmo de la División de Honor Juvenil es superior al de Preferente; al de Tercera quizá no. Eso sí, el duelo, la colocación del cuerpo, la protección… eso solo llega con los años. Los jugadores ofensivos suelen adaptarse antes; en defensas y mediocentros, las horas en sénior decantan la balanza. Y la inmediatez con los entrenadores también influye: invertir en un joven implica asumir errores, y a veces no hay margen porque si pierdes dos partidos puedes estar fuera. Esa prisa condiciona muchas decisiones.

Cuando (Jairo) necesita a un juvenil para un entrenamiento me pregunta, cuida no perjudicarme y a veces se sacrifica para ello 

¿Se anima con una lista de jugadores de su Liga que pueden llegar lejos?

Sí, aunque de mi equipo no diré para no meterme en problemas (risas). Tampoco de los equipos grandes, que sería lo fácil. A mí me gustan mucho Sergio Aristayeta (Bansander), un ‘ocho’ con buen pie; y sus compañeros José Blum y Aday Cardero, que son extremos diferentes y muy buenos. Del Compostela, Josecho, un mediapunta de mucha calidad, y el atacante Turbi, que ya hizo pretemporada con el primer equipo y la temporada que viene seguro que estará con ellos. Luego diría también varios del Roces: Adri Casado, un extremo zurdo con un pie magnífico; Adri Marqués, pivote posicional de pocos contactos y muy bueno; y Marcos Barroso, central zurdo. Y de equipos de abajo, Juan Pintos (Val Miñor) y Andrés Silva (Lugo).

¿Cómo es la relación con Jairo y el primer equipo?

La comunicación es diaria. Vemos el fútbol de forma parecida: protagonistas, combinativos y presionantes. Cada uno con matices, pero una base común. Admiro su trabajo; compartimos preparador físico, veo muchos de sus partidos y hablamos constantemente. Eso nos permite ir de la mano en confección de plantillas y valoración de jugadores. El club se beneficia. Además hay respeto: cuando necesita a un juvenil para un entrenamiento me pregunta, cuida no perjudicarme y a veces se sacrifica para ello. Es una relación muy buena para el club.