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Brais Mahía posa para el reportaje en el Paseo Marítimo de A Coruña
O Noso Fútbol

Seis años entrenando en China: la experiencia del oleirense Brais Mahía

El técnico desvela las luces y sombras de una forma muy distinta de entender el fútbol

Brais Mahía (Oleiros, 1990) es uno de esos apasionados por el fútbol a los que no da miedo el cambio. Canterano del Victoria CF, se mudó a Santiago para estudiar el Grado de Economía, paso previo a trabajar como comercial durante tres años. En ese tiempo entrenó a algún equipo de base de la capital gallega, pero quería algo más. Lo buscó y lo encontró, por mucho que significara hacer las maletas, coger un largo vuelo y aterrizar en China. Seis años después, está de vuelta para hacer un curso de la Real Federación Española de Fútbol, agradecido con una experiencia que no descarta repetir y que le convierte en un auténtico experto en la cultura del gigante asiático. Incluso es capaz de contestar la gran pregunta: ¿Cómo puede ser que un país con más de 1.400 millones de habitantes no sea capaz de clasificarse para una Copa del Mundo? ¿Qué falla para que ni tan siquiera lo logren con la ampliación a 48 clasificados? Su respuesta, más que deportiva, es social.

El técnico está haciendo un curso de Dirección de Metodología en Madrid, pero ha vuelto unos días a su tierra para estar con la familia. Un buen momento para hacer balance de un periplo por China en el que primero trabajó de la mano de una academia catalana con niños de entre 6 y 14 años en Kunming, provincia de Yunnan. Después pasó, entre diciembre de 2021 y julio de este año, a echar una mano con toda la estructura y dirigir a un equipo sub-18 para el que previamente habían seleccionado a los mejores jugadores de Zhangjiagang, una ciudad de un millón de habitantes que pertenece a Suzhou, provincia de Jiangsu. Todo ello en el marco de un proyecto gubernamental que subvenciona urbes en crecimiento para desarrollar el fútbol.

“Me quedo con haber aprendido un idioma, que los últimos cuatro años ya fue todo en chino, con conocer a gente de todas las partes del mundo, con viajar cada vez que tenía vacaciones... No descarto volver, ni mucho menos”, explica el oleirense.

Brais Mahía da instrucciones a un jugador del Zhangjiagang BeiBei FC
Brais Mahía da instrucciones a un jugador del BeiBei Zhangjiagang FC
Jiangsu School Football

Su puerta abierta al regreso tiene que ver con que China está bien pagado y cuenta con unas instalaciones fantásticas: “Entrenaba con el sub-18 en un campo de hierba natural todos los días. Aquí muchas veces dicen que si el partido es el fin de semana, no se puede utilizar antes para que el campo no se estropee… Allí daba igual. Lloviera, hiciera calor o frío, el campo estaba siempre perfecto. Invierten muchísimo”.

Eso sí, también hay cosas que echa de menos del fútbol de aquí, donde le gustaría quedarse en caso de encontrar una oferta para poder dedicarse exclusivamente a su pasión, entrenar. “Lo que más eché de menos fue la competición. Allí todo funciona por torneos: igual tienes un torneo cada dos meses, dos semanas a tope… y después nada. No es ese ritmo de liga, de fin de semana, de nivel competitivo que tenemos aquí”, apunta.

Cuestión de enfoque

Como otros tantos entrenadores españoles o europeos, Mahía llegó a China con la tarea de ampliar las miras de un país en el que el fútbol es el deporte número uno, pero que no alcanza los resultados deseados. Lo hizo nadando entre lo que considera correcto y lo que está instaurado: “Yo aplico el modelo español, pero te tienes que adaptar al contexto. A mí me dicen: ‘entrena con el sub-18, seis días a la semana’. Ni Barça ni Madrid entrenan seis días, nadie. Incluso desde el sub-8 al sub-14 los niños entrenan una hora antes de ir al colegio y dos al salir, de lunes a sábado. Entonces un día haces todo lúdico, juegos, fútbol-tenis, dos contra dos… No les puedes meter información seis días seguidos porque es contraproducente. También deberían tener su espacio para jugar fuera”.

El entrenador coruñés explica la paradoja de que, pese a ser contratado para enseñar el modelo futbolístico español, les resulta chocante que algo así acerque a los objetivos. “No esperan que tu patrón de éxito sea el que es, porque es totalmente opuesto a su fórmula de éxito en todos los ámbitos que no son el fútbol. Ellos se basan sobre todo en el método de enseñanza por repetición. Repetir, repetir, repetir, porque así lo aprenden todo: el idioma, el lenguaje, escribir, leer, las matemáticas, los deportes olímpicos en los que son tan laureados… Entonces no creen que el fútbol pueda ser algo distinto y a lo mejor un niño se pasa dos horas regateando un cono o chutando al larguero, hasta que después de un año entero haciéndolo, lo clava. Entrenan de una forma muy descontextualizada de lo que es el juego”, enfatiza.

Su forma de entrenar, eso sí, les convierte en virtuosos de la técnica: “Una de las cosas que más me sorprendió es que en eso son perfectos. Yo tenía niños de doce años que te metían un gol olímpico con la izquierda y con la derecha. Te controlan el balón de maravilla, son ambidiestros casi todos. El problema es cuando tienen un rival delante. La bicicleta contra un cono la hacen genial; cuando hay un tío que espera y amaga, ya no”.

Brais Mahía celebra uno de sus éxitos en su aventura china
Brais Mahía celebra uno de los éxitos que cosechó en China
CEDIDA

Problemas estructurales

Otros problemas están en la gestión de la presión, la estructura de ‘cantera’ o la competitividad. El jugador chino está acostumbrado a entrenadores duros que penalizan el error, a que solo jueguen los mejores y a un respeto casi reverencial a la autoridad.

“Una de las cosas que más me llamó la atención es el miedo al error que tienen. Es brutal. Aquí en España hay un penalti y todos los niños se pelean por tirarlo; allí nadie lo quiere hacer, ni en un entrenamiento. Porque si fallan, el entrenador se los come. Eso se ve en todo: nadie quiere ser capitán, nadie quiere destacar, porque ser el foco significa tener más presión”, argumenta Mahía, que durante sus años en China intentó premiar el acierto y vio como eso ejercía un efecto muy positivo en el jugador.

Pese a la pasión por el fútbol y al número de habitantes, a la hora de la verdad no hay tantos que lo practiquen por la forma que tienen de entender el deporte: “Desde los ocho años seleccionan a los 16 mejores de la ciudad. Yo decía: ¿por qué 16? ¿Por qué no 18, 20 o 30? Y ellos me contestaban: ‘Porque si es el número treinta ya no va a llegar a nada. Y de los 16, como mucho llegará uno”. Y claro, ¿cómo diferencias con ocho años al 16 del 18? A veces te dicen: ‘porque corrió una centésima más rápido’ o ‘porque dio un tiro al larguero más’. En España, de un colegio a lo mejor 40 juegan al fútbol en algún equipo. En China, solo juegan los dos mejores. Entonces la bolsa de jugadores es infinitamente más pequeña”.

Esto da pie a la manida comparación con países infinitamente más pequeños, donde también entra en juego la variable del carácter. “El respeto absoluto a la autoridad también influye. José Antonio Camacho, exseleccionador chino, lo explicaba con una metáfora muy buena: ‘en Uruguay, que con menos de cuatro millones de habitantes ha tenido grandes éxitos, pones a dos niños con un balón y antes de que toque el suelo ya se están peleando por él. En China, el balón da diez botes y hasta que no les digas ‘coge el balón’, no lo cogen. Si hay un saque de banda, esperan para sacar por si el árbitro se equivocó, no hay esa picaresca de sacar rápido”, indica.

Brais Mahía visita con su equipo el Templo de Fenghuang
Brais Mahía visita con su equipo el Templo de Fenghuang
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Más allá de todos estos problemas y de que en vez de ligas haya torneos, lo cierto es que muchos entrenadores tratan de dar un impulso sin demasiado éxito. “Somos muchos entrenadores extranjeros en China y todos vemos lo mismo: es como intentar llenar una piscina olímpica con gotitas diminutas. Uno pone una gotita en una punta del país, otro en la otra… pero no se conectan. Y al final somos pocos: unos 900.000 extranjeros en un país de 1.400 millones. Entrenadores, igual 5.000. La mentalidad de cómo se debe enseñar el fútbol va cambiando, pero todavía queda en muchos sitios”, concluye.

Comparación con Japón

La cultura no es muy diferente a la de otros países asiáticos como Japón, donde con muchos menos habitantes sí han tenido cierto éxito en el fútbol. “La principal diferencia, según compañeros que trabajaron allí, es la estructura. En Japón todo está más concentrado y mejor organizado: ligas, competiciones regulares. China funciona por torneos, por eventos, no por proceso. Hay muchos más extranjeros y muchos más hijos de extranjeros. Y eso influye mucho: traen otras culturas, otras formas de competir”, apunta.

Sea como sea, Mahía asegura que recomendaría ir a China: “Si alguien me pregunta si debería ir, le digo que sí, sin duda. Es una experiencia brutal a todos los niveles”.

¿Conseguirán ir al Mundial algún día? “Sí, porque con tanta inversión la piscina acabará llenándose. Pero es que hacen cosas que en el fútbol no funcionan. Cuando rozaban la clasificación para el Mundial de Qatar pararon la liga, concentraron a 35 jugadores dos meses y medio sin competir y solo entrenando. En gimnasia artística o en natación te puede valer; en fútbol, no”.

El tiempo dirá. También para este oleirense que tiene claro su sueño: entrenar. Donde sea. Y de paso conocer culturas y otras formas de vivir el fútbol.