Mariana Romero, con el cuerpo en el campo y el corazón en La Guaira
La jugadora venezolana del CRAT, natural de la zona cero del terremoto, se enteró del fallecimiento de su primo en la tragedia cuando iba camino de Madrid para disputar el Nacional de seven

Físicamente Mariana Romero sigue en A Coruña. Incluso disputó el pasado fin de semana el Campeonato de España con el CRAT, colgándose la medalla de bronce. Pero hace días que su cabeza está a miles de kilómetros, en su La Guaira natal, golpeada en San Juan por dos terribles terremotos. “Mi primer instinto fue cogerme un avión y marcharme para allí. Pero después me di cuenta de que ese dinero estaría mejor invertido mandándoselo a los que lo necesitan más allí”, reflexiona. Sus familiares más directos están a salvo. Pero la tragedia sí se ha llevado muchas vidas, entre ellas las de su primo, amigos siguen desaparecidos, y los recuerdos de su infancia han quedado sepultados bajo los escombros.
“Da mucha impotencia no poder hacer nada, estar aquí de brazos cruzados y no poder ayudar a tu familia”, dice y cuenta las noticias que le llegan desde allí: “La situación es muy complicada. Es muy grave todo lo que está pasando. Es un desastre natural. Necesitamos la ayuda del Gobierno y somos un país que no está preparado para esto ahora mismo. Por suerte, la humanidad siempre responde y otros países están colaborando”. De hecho, entre sus amigas y su pareja, señala, se están movilizando para busca ayudas y dinero, incluso de su propio bolsillo, para mandar a su familia. “Es lo que tiene el rugby, que te da una pequeña familia que sigue a tu lado fuera del campo”, añade y hace una petición: “Animo a todo el mundo a colaborar porque ahora mismo hay mucha gente sin hogar, que se han quedado sin nada, y niños en situación de vulnerabilidad”.
En esta situación tan complicada, le tocó saltar al campo el sábado en Madrid para jugar la segunda jornada del Campeonato de España de seven, como si el rugby fuese también una vía de escape de lo que le toca afrontar. “Me enteré de que mi primo había fallecido de camino al campeonato y fue un golpe muy duro”, cuenta. “Le di el móvil a Maica (Martí, compañera de equipo y su gran apoyo a la que le tocó vivir de primera mano la DANA en Valencia) y ella fue la que estuvo en contacto con mis familiares. Intenté cambiar el chip para no tener otra cosa en la cabeza que no fuera mi equipo y estar para ellas”.













