Cuatro décadas de montaña a través de dos generaciones
Los pioneros Félix Criado y Fausto Blanco y dos de su herederos, Jaime Larriet y Adrián Álvarez, analizan la evolución de AMI en su 40 aniversario

Para la foto, Félix Criado y Fausto Blanco se ponen abajo, haciendo de base, mientras Jaime Larriet y Adrián Álvarez escalan y parece como si estuvieran encima de los hombros de sus compañeros. En cierta manera, representan los 40 años de la Agrupación de Montañeros Independientes, AMI, que celebra su aniversario convertido en un pilar fundamental del tejido deportivo de la ciudad. En los cimientos, los pioneros, aquellos locos que en los años 80 iban a la montaña, incluso a grandes expediciones, con materiales y medios más modestos, rudimentarios, dos veteranos que tuvieron que abrir camino. Arriba, los representantes de la nueva oleada, que beben de su ejemplo y que a la par se benefician del avance de la tecnología en el entorno de un nuevo mundo. La evolución de la montaña vista a través de cuatro décadas y dos generaciones.
“Cuando Félix y yo empezamos a salir a escalar, por ejemplo, no había estructuras artificiales, no teníamos dónde entrenar”, empieza explicando Fausto Blanco. “Empezábamos a escalar en el Dique y nuestro enfoque era básicamente ir los fines de semana a escalar algo en roca”, continúa. Y ya eso era una odisea: “Solíamos ir al Xalo y para eso tenías que ir a la estación de autobuses, coger un bus a Tabeaio, allí otro a Castelo, pero solo pasaba un día, con lo cual incluso tenías que ir andando, y ya desde allí subías al Xalo. Pero significa salir un viernes, dormir allí, escalar el sábado y el domingo volver a casa. Era como una mini salida de fin de semana, en el que había una logística de ropa, dormir, comida, que parecía que te ibas a hacer una gran expedición, y en realidad ibas a hacer lo que se hace ahora un sábado cualquiera”.
"Antes la logística para ir al Xalo era de todo un fin de semana"
Larriet y Álvarez le miran impresionados por más que ya hayan escuchado estas historias más de una vez. Este último, de hecho, estuvo escalando el año pasado en Marruecos y en Kazajistán y este cumplió el sueño de escalar en hielo en Argentina. También hace décadas había esas grandes expediciones, pero la planificación llevaba meses. “Eran muy costosas y para irte fuera de Europa tenías que contar con una subvención”, comenta Félix Criado, presidente del club y que ha estado en las principales cimas del mundo. “Creo que tanto Fausto como yo las primeras veces que cogimos un avión fue para ir escalar por ahí”, dice sobre su compañero, que con 16 años, en 1983 (tres años antes de asistiese al nacimiento de AMI) escaló el Yosemite junto al también coruñés Finuco Martínez.
“Y otra cosa que cambia mucho es la comunicación”, continua Criado, que recuerda su primer viaje a Nepal en 1991: “No había ni teléfonos. Te marchabas un día y hasta luego, hasta que volvías. Incluso si mandabas una postal desde allí, llegabas tú antes a casa que la postal”. Contrasta completamente con lo de ahora. “Personalmente, lo que más veo es esa facilidad de hoy en día de gestionarlo todo de otra manera. Antes era sobre todo de ir resolviendo sobre la marcha. Ahora, puedes planificarlo, hasta cierto punto, más”, valora Adrián Álvarez.
"La primera vez que fui a Nepal, en 1991, no había ni teléfonos y si mandabas una postal desde allí, llegabas tú antes que ella"
El santiagués, de 26 años, también pone el foco en el material. “A veces vemos vías que ellos abrieron con un material incluso de ferretería. El que tenemos ahora es buenísimo y mucho más seguro. Ellos hicieron barbaridades a base de conocimientos, son gente que iba muy adelantada a su época”, señala a los precursores. Aunque cree que los avances también le restan un punto de aventura a las expediciones: “Al final nos gusta esa comodidad de tener un GPS satelital que nos permita comunicarnos en cualquier sitio del mundo o algo tan simple como un traductor en el móvil que nos puede salvar un viaje”.
"Ahora llevamos un GPS Satelital y estamos conectados desde cualquier parte del mundo"
“Lo que sí que yo creo que coincide en el tiempo es la motivación, las ganas y el compromiso”, reflexiona Criado. “Estás en entornos en los que tienes que ser autosuficiente y tienes que funcionar con una responsabilidad importante por el equipo, porque no eres tú solo”, añade y reconoce que cada vez hay menos jóvenes con ese espíritu, cada vez más acomodados y regidos por una sociedad consumo basado en la rapidez y la fugacidad.
Por eso es una gran alivio que en el club haya jóvenes que quieran seguir sus pasos. “Creo que en Galicia se pueden contar con los dedos los alpinistas de menos de 30 años”, cuenta Álvarez. “Yo realmente entré en el mundo de la escalada gracias a ellos y en el club. Heredamos esos valores del montañismo y esa manera de vivir la montaña que, como dicen ellos, en las nuevas épocas se está empezando a perder un poco. En ese sentido, somos más de la vieja escuela que de la nueva” opina Jaime Larriet, monitor de las escuelas. “Ese legado hay que respetarlo, conocerlo y seguir inculcándolo a los niños que vienen por detrás. Y como entrenadores es nuestra responsabilidad”, apunta.
"Heredamos esos valores del montañismo y esa manera de vivir la montaña que se está perdiendo"
“No era consciente de abrir ningún camino”, reflexiona Blanco, “simplemente encontramos algo que nos apasionaba”. Ahora la escalada es un deporte olímpico que vive un boom en todas las salas y el montañismo, también a raíz del COVID que hizo que la gente buscase actividades al aire libre, corre peligro de masificación. Aun así, los jóvenes también tienen cosas que enseñarles. “Mal asunto si miras para atrás”, contesta Blanco, “siempre tienes que mirar para adelante y ellos realmente nos superan en preparación”. Criado le pone un extra: “A nosotros escalar con ellos nos rejuvenece”. Dos generaciones y una misma pasión.













