La doble cara de Guille Simón
Destaca en piscina y en aguas abiertas pero todavía no se decide por solo una especialidad

Cuando a Guille Simón (A Coruña, 2012) se le pregunta por su nadador favorito, no consigue decidirse entre el francés Leon Marchand, el gran protagonista de los Juegos de París con cuatro oros individuales (y al que vio en directo colgarse dos de ellos) para convertirse en el sucesor de Michael Phelps, y el italiano Gregorio Paltrinieri, el gran señor de las aguas abiertas y en general de las pruebas de fondo, sobre todo si implican estrategia. Puede que sea porque son los que reúnen esas dos facetas que a él mismo le definen. Del primero, la mariposa y los estilos, pero también los subacuáticos. Del segundo, esa capacidad para no perder nunca el ritmo y el carácter competitivo. Dos caras de la misma moneda que le llevaron a ser en protagonista en apenas dos semanas. En una se colgó cuatro medallas en el Campeonato de España infantil. En la siguiente, debutó con la selección española en el Campeonato de Europa júnior de aguas abiertas siendo el nadador más joven de los participantes. Un nadador de presente y mucho futuro.
Porque sigue teniendo hambre. Aunque ahora, bromea, el cuerpo le pide vacaciones después de todo el tute acumulado. Pero puede que la próxima semana ya esté harto de ellas y vuelva a la carga para empezar a preparar un nueva temporada en la que no le faltarán retos y quiere repetir internacionalidad clasificándose para la FOJE (Festival Olímpico de la Juventud Europea) e incluso doblar en las aguas abiertas. “Me gusta más la piscina, pero aún me tengo que decidir”, asegura. De momento puede ir compaginando, por más que lo tuviera complicado porque regresó de Las Palmas, donde había sido el Nacional, un domingo a la noche y el lunes por la mañana se estaba marchando a Hungría para competir en el Europeo de aguas abiertas.
Esta última modalidad suelen exigir un punto de veteranía para saber moverse bien en carrera. “Lo peor es saber por dónde ir”, comenta. Y después están los golpes. “La primera vez que competí me dieron por todos lados. Pero a mí no me parece lo peor, salvo que te den en la nariz o así. Además, yo también doy”, bromea. Y en el agua se suele ver de todo, como árboles en el fondo e incluso "una serpiente". Por eso ser pequeño suele ser una desventaja. “Eran muy grandes, me imponían un poco”, reconoce sobre la última experiencia en el Europeo, aunque solo un tirón le impidió quedar más arriba. “Los 3 kilómetros knockout me podían haber salido un poco mejor porque me vi un poco encerrado en el embudo final. Pero en los 5.000 metros, hasta la última vuelta iba con los de arriba”, recuerda. Finalmente quedó de 16 y primer español de su grupo de edad. “Fue un poco la revancha porque en el Nacional el otro me ganó por una décima...”. Y esa es otra de sus características: competitivo cien por cien. “Cualquier cosa menos perder”, se ríe.
Le había pasado un poco la semana previa en el Nacional. Iba a por las cuatro pruebas (200 mariposa, 400 estilos, 800 libres y 1.500 libres) así que aunque el botín sea más que notable, con un oro y tres platas, le quedan algunas espinas. La primera, un proceso vírico que pasó unas semanas antes de la competición que no le dejó tocar la piscina en unos días y que además le provocó la pérdida de tres kilos. “Creo que aún no recuperé, que solo gané uno”, dice. También aquí sus opciones son múltiples porque nada un poco de todo y con éxito. Uno de sus amores son los 400 estilos, que fue la prueba que le catapultó, la primera en la que se proclamó, el año pasado, campeón de España. “Pero tiene que ser en larga, en corta es horrible”, explica y recuerda ese debut de oro: “Iba a la final con el último tiempo. Mi entrenador estuvo media hora convenciéndome de que podía ganar... Y tenía razón”. Este año revalidó título, pero se le escaparon los de 1.500, por solo ocho décimas, 200 mariposa, en el que valora que le falló la estrategia porque confió demasiado en sus subactuáticos, y 800.
Y eso que su historia con la natación no fue demasiado temprana e incluso probó con otros deportes como la orientación, el balonmano, el judo y el patinaje artístico “por error”, matiza, porque cuando era pequeño sufría de otitis con mucha frecuencia y los médicos le prohibieron la piscina. “Le operaron de vegetaciones y le pusieron unos tubitos de drenaje de los oídos. No podía nadar”, cuenta Estefanía Garrido, su madre. Cuando con 7 años tuvo el consentimiento, se apuntó a los cursos de aprendizaje de su cole, el Liceo. “Me gustaba, pero me aburría un poco y veía a los del equipo y decía: ‘Yo quiero ir con ellos’. Pero al principio era muy malo”, comenta. ¿Y ahora? “Ni tan mal”, se ríe. Fue en esa misma piscina en la que tuvo sus primeros referentes. “Primero un compañero de club, Hugo. Después María de Valdés, que la veíamos entrenar y llegar a los Juegos Olímpicos”. Pueden ser también su destino. Mejor Brisbane 2032 que Los Ángeles 2028. Pero aún quedan seis años y lo más difícil: llegar y mantenerse en la élite.














