La historia de vida Lorenzo Envo Edjang
Con pocos meses contrajo la polio y sus padres lo enviaron en busca de un tratamiento a España, donde es jugador de baloncesto y balonmano adaptados

Lorenzo Envo Edjang Nsa nació en Guinea Ecuatorial a principios de septiembre del año 1978. Sin embargo, casi no llegó a vivir allí. A los pocos meses de su nacimiento contrajo poliomielitis en una pierna. Sus padres carecían de los medios necesarios para su tratamiento y tomaron una difícil decisión: enviar a su bebé en un barco rumbo al orfanato San Juan de Dios de Las Palmas de Gran Canaria. Se trata de un centro especializado en este tipo de casos, ya que ‘trae’ a menores de África que no pueden acceder a tratamientos médicos y hace por rehabilitarlos con sus propios medios para después devolverlos a sus hogares.
Allí creció hasta que a los doce años fue adoptado por una familia de Sevilla, con la que no se marchó a vivir de manera definitiva hasta que terminó los estudios de EGB, aunque sí los veía durante las vacaciones. “De Guinea no conozco nada, solo he ido alguna vez allí de vacaciones. Conozco a mis padres biológicos, pero tampoco he tenido contacto con ellos. Realmente mi familia es la de acogida de Sevilla, que es con los que me he criado y con los que tengo contacto”, explica.
Cuando estaba en el orfanato, algunos veranos los curas organizaban una especie de ‘tours’ por África para ayudar a los internos a localizar a sus familias biológicas. Pasaban por Senegal, Guinea Ecuatorial o Guinea Conakry tratando de reunir a niños y padres. Si ese reencuentro se daba y los pequeños estaban ya recuperados, se les daba la opción de quedarse. En el caso de Lorenzo consiguieron localizarlos, pero decidió regresar a España: “El problema que tenían conmigo es que yo ya llevaba mucho tiempo en España y no los había llegado a conocer antes de venir”.
Deporte por bandera
Los primeros contactos de Lorenzo con el deporte adaptado fueron todavía en Canarias siendo menor de edad. En “mi época” tan solo existía el baloncesto adaptado, por lo que empezó por ahí. Cuando se mudó a Sevilla, el equipo local se puso en contacto con él y poco después tuvo su primer contacto con Galicia al irse a vivir a Vigo en 2002 para jugar en las filas del Amfiv. “Ellos habían apostado mucho por que me incorporara y quise probar suerte. Pero yo realmente veía Vigo como un trampolín para irme a jugar a Italia. Al final, estuve muy cómodo en Vigo, conocí a mi mujer y nos vinimos para A Coruña, así que no hubo aventura italiana. Estaba tan cómodo aquí que ¿para qué iba a seguir dando vueltas?”, afirma sobre el club y la ciudad que le acogieron durante 17 años de su vida.
Cuando empezó la pandemia del Covid, la pareja, ya con una hija, tuvo que tomar la decisión de si quedarse en Vigo o mudarse a A Coruña de manera definitiva. “Mis padres están en el Sur y en Coruña por lo menos teníamos a los de ella por si había cualquier problema”. Esto implicó que Lorenzo dejara el Amfiv y tuviera que buscar nuevas opciones deportivas en la ciudad herculina, reto que no fue fácil: “Quería hacer algo, intentamos hacer deporte, pero fue imposible porque no había clubes”, reconoce. Fue entonces cuando decidió coger al toro por los cuernos y ser él el precursor de un club, el ICB Coruña, para el que ahora juega a balonmano, deporte más barato que el baloncesto a nivel de gastos.
A pesar de su corta vida, el club ya ha conseguido quedar tres veces entre los tres mejores de España, pero siempre se ha quedado con la miel en los labios de conseguir su primer título, al menos hasta el momento. A título individual, Lorenzo continúa con el baloncesto, actualmente en las filas del Joventut de Badalona. Dos clubes y situaciones difíciles de compaginar, pero que desde el catalán le ponen todo tipo de facilidades: “He intentado hablar con ellos para que sean comprensivos. Que yo juego a balonmano y es lo que me gusta, es el proyecto que estoy sacando y que me hace ilusión. Y lo han respetado. Cuando tengo partido de balonmano me liberan”, explica.

Lorenzo ha sido internacional español tanto en baloncesto como en balonmano. En baloncesto fue convocado por la selección júnior, así como por la absoluta, pero en su época existía un problema: la escasez de recursos económicos para la sección adaptada. “No había tanto poder económico como para andar moviendo jugadores de arriba a abajo, así que la selección siempre se concentró más en los jugadores de la zona de Madrid. Ahora, gracias a Dios, pueden tener más capacidad económica y ya no es así”, explica. Es por ello que se quedó con la espinita de no haber podido participar en unos Juegos Paralímpicos. Al menos de momento, ya que el balonmano adaptado apunta a ser deporte de exhibición en Los Ángeles 2028 y ya oficial en Brisbane 2032. “Me gustaría, ya es lo único que me queda, ver unas paralimpiadas, experimentarlas”, reconoce.
Con el balonmano también ha tenido éxitos ya no solo a nivel de clubes, sino también internacional. Con la selección española compitió en el campeonato de Europa, en el que pese a no lograr pasar de la Main Round, fue escogido como mejor jugador del torneo. “Caímos en un grupo con los dos equipos más fuertes, Portugal y Francia, que tienen muchísimos equipos y unas ligas tremendas”.
Muchos jugadores hacen el mismo viaje que Lorenzo, del baloncesto adaptado al balonmano, pero no todos son capaces de llevar ambos a la excelencia como él. Todos vienen con el manejo de la silla dominado, solo les falta adaptarlo a las nuevas normas, pero las dificultades llegan a la hora de lanzar a portería. Ahí, Lorenzo tuvo en Richi Alonso a su mejor aliado, que le metió el gusanillo del balonmano adaptado cuando todavía estaba en Vigo. Aprovechando un torneo, probó y le gustó, pero no fue hasta que llegó a A Coruña y fundó el ICB que se dedicó a ello a tiempo completo. Ahora, Lorenzo busca seguir ampliando sus miras, pero sobre todo las de un club que busca por encima de todo que cualquier persona pueda hacer deporte en la ciudad.












