Yulenmis Aguilar: “Me he vuelto a sentir viva”
La jabalinista, diploma olímpico en París, regresó a la competición después de un año recuperándose de una operación de codo

Ponerse la ropa de competición. Coger entre sus manos su instrumento de trabajo, casi una extremidad más de su cuerpo, una prolongación de ellas. Hacer todos sus rituales. Enfilar el pasillo de lanzamientos. Dar los pasos, que tiene contados, hasta llegar a la línea que señala el límite que no se puede traspasar. Y soltar el brazo para que la jabalina llegue lo más lejos posible. Yulenmis Aguilar llevaba un año sin poder hacer todo eso. “Llegué a casa y le dije a mi pareja: ‘Me he vuelto a sentir viva’”. Porque desde que sus problemas de codo le obligaron a pasar por quirófano en junio del año pasado pasaron doce meses de dolor, dudas, de muchas lágrimas, pero también de nunca rendirse, con esa resiliencia que siempre le ha caracterizado, hasta estar de vuelta. Todavía no al nivel que le gustaría, con los 57 metros y 56 centímetros conseguidos el pasado fin de semana en la Copa de Europa de clubes que conquistó con el Valencia. Pero ya con objetivos grandes, ambiciosa, a corto plazo: “Quiero clasificarme para el Europeo”.
Aguilar, nacida en Bayamo, Cuba, en 1996 pero asentada en Oleiros desde finales de 2020, se siente coruñesa y gallega e hizo suyo el refrán de que nunca choveu que non escampara. Porque sabía que la recuperación iba a ser lenta, los médicos ya le advertían que no volvería a ser la misma y que le llevaría más de un año recuperar su mejor estado, aquel que le llevó a alcanzar el diploma olímpico en los Juegos Olímpicos de París en 2024 gracias a su sexta posición final. Pero una cosa es escucharlo y asumirlo y otra vivirlo en el día a día.
“Lo peor ha sido la espera”, reconoce la atleta. “Porque había momentos en los que no sabía si iba para adelante o para atrás. Unos días estaba bien, otros mal... Tuve que tener mucha paciencia, no me quedó otra. Tener paciencia, paciencia y paciencia, día tras día, entreno tras entreno, y cada cosita que fuera mejorando, pues para mí era un éxito, por muy poco que fuera”, añade. Ya la tenía entrenada de cuando estuvo casi cuatro años esperando por la nacionalización y poder competir con España, a donde llegó en 2020 y no consiguió su objetivo, vía carta de naturaleza, hasta abril de 2024, unos meses antes de los Juegos Olímpicos. “Yo creo que esa vez tuve que tener incluso más, porque era algo que no dependía de mí”.
La recuperación sí. El 26 de junio pasó por el quirófano y estuvo tres meses con el brazo totalmente inmovilizado. A partir de ahí pudo empezar a moverlo, poco a poco, durante las siguientes tres semanas, “para hacer que el brazo volviera a funcionar” en lo cotidiano. En noviembre ya pudo volver al gimnasio a hacer trabajo de fortalecimiento de la articulación. Y en enero, a hacer ejercicios específicos con jabalinas ligeras y pelotas. “Ahí el médico ya me dio el visto bueno para volver a lanzar. Pero me dijo que mi rendimiento no lo podría alcanzar hasta pasado el año de la operación”, aclara. “Y para eso todavía queda un mes, pero creo que vamos por el buen camino”, señala.
Recuerda el día que pudo volver a coger una jabalina. “Rai (Raimundo Fernández, su entrenador) me preguntó si me compraba unos pañales”, se ríe. Estaba tan acostumbrada al dolor, que ahora lo más raro es no sentir nada. En los Juegos, de hecho, la propia Yulenmis llegó a bromear con que parecía una momia porque tuvo que competir envuelta en vendajes por todas las lesiones que tenía encima. De eso, de momento, ya no queda nada. “No hay dolor y si lo hay, es producto de la propia intensidad”, dice.
Por eso era tan importante la primera competición. “Ya rompí con ese nerviosismo. Ahora toca esperar a ver cómo me va respondiendo el cuerpo y el codo. De momento ha ido perfectamente, dolor cero”, admite en cuanto a los problemas solucionados. En cuanto a resultado, la sensación fue más agridulce. “Fue un poco raro. No creo que fuera mal del todo, 57 metros no es una marca horrible, pero tampoco es una a mi nivel. Tengo que pensar de dónde vengo y ya está, sin darle muchas más vueltas. Ver los errores que se cometieron, que fueron muchos, normal, y ya está”, valora.
Objetivo, el Europeo
Porque eso sí, ya tiene un objetivo en mente. “Es que los deportistas de élite no podemos vivir sin ellos, necesitamos un motivo de por qué entrenamos, tanto a corto plazo como a largo, que ya tenemos ahí a la vista a Los Ángeles 2028. Yo soy una atleta que me manejo bajo presión. No me gusta ir por la vida a ver qué sale”, apunta. Y este año la meta está en el Campeonato de Europa del mes de agosto. “Falta todavía bastante y espero mejorar la forma. Intentaré no hacer muchas competiciones, entonces tendré que hacer por la mínima, que es de 60,80, que no creo que sea una marca que esté demasiado lejos, por lo menos cuando estaba bien. Ahora quizás sí que se me haga un poco más difícil”, continúa.
En el tiempo lejos de las pistas, reconoce, quiso tirar la toalla “muchas veces”. “Fueron muchas noches de lágrimas, de no comer, de ansiedad, de presión en el pecho, de que se me echaba el tiempo encima... Han sido unos meses muy oscuros”, admite. Pero también que por muy mal que estuviera, era una idea que como mucho le duraba un par de horas. En realidad, nunca quiso dejarlo. Y por eso está aquí. Volviendo. Como ya había hecho otras veces. Conocía el camino de vuelta. “Creo que he aprendido a pasarlo mal y que es algo que nadie debería pasar. Pero a mí es lo que me ha traído hasta aquí en la vida”.













