Windsurf en Galicia, ayer y hoy
Jesús Ares, directivo y monitor del Club de Windsurf Ferrolvento, habla sobre la evolución de este deporte en la comunidad gallega

Cuando al común de los mortales se le habla del windsurf, en la mayoría de las ocasiones lo puede confundir con el surf o alguna de las variantes que salieron de él. En el mejor de los casos, la imaginación nos hace retrotraernos a una imagen bucólica de una gran tabla manejada por un apuesto joven, arrastrada por una brisa al atardecer. También puede ocurrir que la imagen estereotipada que se tiene sea de un deporte elitista al que, supuestamente, poca gente puede acceder, aunque en verdad esto último no sea estrictamente real.
Lo cierto es que desde que en los años 30 del siglo pasado a un joven estadounidense llamado Tom Blake, tras una larga temporada sin olas, se le ocurrió montar una vela a su enorme longboard de 14 pies, la evolución de este deporte ha sido continua. Inspirado en aligerar las tediosas remontadas braceando sobre una tabla de surf, Blake hizo que la fuerza del viento evitara ese esfuerzo y de esta manera ahorrar energía. Pese a todo, aquel ingenio nunca fue mucho más allá que una simple anécdota y prácticamente quedó en el olvido.
Años más tarde, a mediados de los años 60, el también estadounidense Newman Darby, después de un sinfín de inventos relacionados con la náutica, ideó una embarcación de unos diez pies que se desplazaba con una vela cuadrada que ni patentó ni siquiera tuvo algún éxito. Pese a ello, muchos lo consideran el padre del windsurf y el que inició un largo proceso de transformación que daría lugar mucho más tarde a un deporte que tendría difusión mundial. No va a ser hasta el 25 de febrero de 1969 cuando el ingeniero Jim Drake y el surfista Hoyt Schweitzer patentaron aquel invento que acabaría por verse en muchas playas del mundo dos décadas más tarde. Con la comercialización de la mítica marca windsurfer este deporte llegó a casi todos los rincones del mundo y la posterior evolución estaba servida. Ningún otro deporte ha tenido una expansión tan rápida como el windsurf.
¿Cómo llegó el windsurf a Galicia?
No se sabe a ciencia cierta el momento exacto de principios de los años ochenta del siglo pasado en el que ese nuevo artefacto llegó a nuestra comunidad, aunque seguro que fue algún tiempo posterior a la llegada del surf, que creció alrededor de una década antes. Posiblemente, los primeros pasos se hicieran a través de clubs relacionados con el mar, asociaciones deportivas o tiendas que tuvieran algo que ver con ese tipo de deportes. Principalmente ese proceso se dió en las ciudades gallegas con más tradición náutica como Ferrol, A Coruña y Vigo. Los primeros pasos fueron duros, difíciles, con falta de medios y nula información, pero la perseverancia y la tenacidad por parte de aquellos pioneros del windsurf acabarían por imponerse para implantarlo.
El club de windsurf Ferrolvento
No se puede empezar a hablar sobre este deporte en nuestra comunidad, sin la mención especial que merece la figura de Luis Taboada, que allá por el año 1985, desde su pequeña tienda de deportes en Ferrol, no solo dio a conocer aquella nueva especialidad deportiva, sino que también creó una de las primeras escuelas y clubes que existieron en Galicia. En la época en que llegó aquella novedad a su tienda no existían ni manuales ni había nadie que pudiera dar el más mínimo consejo para dominar aquel invento. Así que Luis, con infinita paciencia y no menos esfuerzo, fue capaz de aprender solo y más tarde transmitir lo que sabía a los nuevos practicantes que, curiosos, preguntaban por ese nuevo deporte tan atractivo como desconocido.
Al mismo tiempo, al otro lado de la Ensenada de A Malata, Luis Manso hacía lo propio desde la playa de A Cabana y más tarde ambos terminarían por crear el club y escuela de windsurf Taboada en la ya desaparecida playa de Copacabana de Ferrol. A los dos se les debe el haber, ya no solo difundido, sino también conservado durante tantos años el windsurf para cientos de practicantes que a lo largo del tiempo, en algún momento de su vida, quisieron aprender. Para algunos incluso llegó a ser una parte importantísima de su vida. De ese pequeño y modesto club salió una generación de windsurfistas que hasta el día de hoy seguimos practicando con pasión este deporte y algunas otras modalidades y que después de tanto tiempo, en el fondo, acabamos todos por considerarnos una gran familia.

Aquellos pioneros de Ferrol siguen dirigiendo el ahora renombrado Club Ferrolvento, cuyo objetivo principal es que todo el mundo, al margen de su poder adquisitivo, tenga acceso a practicar este deporte y de esta manera intentar eliminar la fama de elitista que le persigue desde sus comienzos. De entre sus primeros socios destaca Luis Taboada (hijo), que llegó a participar en innumerables eventos nacionales e internacionales, o a Juan Portela, que ahora es el responsable por parte de la Federación Galega de Vela de la sección de windsurf, seleccionador gallego y entrenador con destacadas actuaciones a nivel nacional. Además, gestiona el club de windsurf Zona Norte, en Ares. Este club ha tenido a lo largo de su larga trayectoria muchísimos contratiempos, como cambios de localización, algún que otro robo y sobre todo falta de apoyo por parte de la Administración. Todo ello estuvo lejos de amedrentar a sus directivos o hacer que tirasen la toalla: siguieron adelante sin desfallecer. Pese a todo, se ha sabido crear ya no solo una comunidad de deportistas locales, sino también una auténtica familia que trasciende en muchos casos el ámbito puramente deportivo. Entre sus logros están los de haber organizado hace ya algunos años pruebas como campeonatos de España e incluso del mundo en aguas de la playa de San Xurxo.
Asociación Deportiva Rias Altas ADRA
En la ría de A Coruña, alrededor del año 1984, surgió justo enfrente de la playa de Santa Cristina la asociación ADRA (Asociación Deportiva Rías Altas) con la clara vocación de facilitar el acceso al mundo del windsurf a todo aquel que tuviera ganas de aprender. Con su lema “navegar es querer”, hizo una labor encomiable a lo largo de estos más de cuarenta años de vida. Este club no solo difundió el windsurf, sino que en la actualidad también amplía su oferta con material de otras disciplinas que surgieron más tarde, como el wingfoil o el paddlesurf.
Marea Surf School
Sin salir de la misma playa en el ayuntamiento de Oleiros, allí está Juan Latorre y Marea Surf School, con más de 20 años de experiencia en los que se ocupa no solo de la modalidad de windsurf, sino también de otras como el surf, kite o wingfoil. Latorre lleva desde principios de los años noventa comercializando material de windsurf y es un referente ya no solo en A Coruña, sino también en su villa natal, Padrón. Su modelo se le podría denominar como itinerante, ya que se desplaza a las playas en donde se supone que están las mejores condiciones para cada modalidad deportiva o dependiendo de la meteorología.

Club de Vela Playa de Oza
En la misma ría y justo enfrente nació el Punto Pasión Playa en Oza como germen de lo que más tarde sería el Club de Vela Playa de Oza y que no está solo supeditado al windsurf, sino también a la práctica de otras modalidades de vela ligera. Impulsado por el Ayuntamiento de A Coruña, este club tuvo una importancia capital y es aquí donde habría que destacar a la figura de Jorge Maciel como máximo responsable. Considerado como alma máter del club, centrado en clase olímpica y raceboard, llegó a ser dos veces olímpico, subcampeón del mundo (veteranos), campeón del mundo Gran Máster o medalla europea (previa a Sídney 2000). Su labor es considerada hoy en día como vital para la difusión del windsurf en A Coruña y su figura es reconocida a nivel nacional e internacional. Pero también podemos destacar su personalidad cercana y entrañable, que propicia ya no solo valorarlo como windsurfista, sino también a nivel humano.
Abel Lago
El veterano competidor de kitesurf y campeón del mundo Abel Lago, después de una larga trayectoria en la alta competición, un buen día decidió instalar una escuela de windsurf, surf, kite o wingfoil en su ría natal de Muros. A caballo entre la playa de San Francisco y Area Maior, promociona todos estos deportes y da una alternativa ya no solo a turistas amantes de los deportes de deslizamiento, sino que también difunde estos deportes a las generaciones jóvenes de la zona de (Carnota).

El Club de Windsurf Limens
También desde finales de los 80 o principios de los 90, en la provincia de Pontevedra, y más concretamente en Cangas, se crea el club Praia de Limens para la difusión y práctica de windsurf. En aquella época, el windsurf se encontraba en su punto más álgido y la llegada de este colectivo dio respuesta a la inmensa expectación que existía. El club de Limens se ha centrado principalmente en la enseñanza y organización de regatas, principalmente de las modalidades reconocidas por la Federación Galega de Vela, como el raceboard o la clase olímpica. Hoy en día siguen difundiendo y promocionando el windsurf, además de otras especialidades náuticas. Estos tan solo son algunos de los ejemplos de asociaciones y clubs históricos que tenemos en Galicia y que, por su filosofía altruista y carente de ánimo de lucro, contrastan con los “negocios” que se fueron desarrollando en otras zonas de España, principalmente en el Mediterráneo, y en donde los beneficios económicos eran lo que primaba. A todas esas personas nombradas, y seguro que también a una multitud no nombrada, se les debe reconocer el logro que fue desarrollar y hacer progresar el windsurf en Galicia, pero también el de crear ese sentido de comunidad que se tiene tan arraigado en este deporte.
El futuro del windsurf
El futuro de este deporte es incierto, la llegada de variantes novedosas como el kite o el wingfoil ha mermado la cantidad de practicantes, aunque sigue teniendo una legión de aficionados que han sabido mantenerse fieles a esta modalidad deportiva, que en algunos casos llevan alrededor de cuarenta años practicándola y se ha convertido en una forma de vida o una filosofía personal. Los objetivos principales de todos estos responsables de clubs y asociaciones, con personas que dejan en ellos su esfuerzo y el poco tiempo libre que les queda en sus ajetreadas vidas, son el de difundir este deporte a todo aquel que se sienta atraído por él. La idea principal es crear una nueva generación de windsurfistas con ganas de disfrutar de momentos extraordinarios que solo da este deporte. Propiciar que más gente sienta ese estado de excitación cuando hay viento y sabes que puede ser un gran día para volar por encima de las olas, para sentir la adrenalina que provoca deslizarse por encima del mar con ayuda del viento. Se trata de una pasión que hace llenar sus vidas con breves instantes de felicidad en los que solo existe ese momento.








