Cuando ‘Mincha’ creció para ser campeón de España
“De pequeño iba a ver el freestyle en el Coliseum y pensaba que eran unos locos. Ahora ya sé que es todo lo contrario”, dice el coruñés

José Canosa (A Coruña, 2003) hace tiempo que dejó de ser un mincha. El pequeño niño del barrio de As Conchiñas mide ahora 180 centímetros, pero ya todo el mundo le conoce con ese sobrenombre que siempre tiene que explicar. Sobre todo fuera de Galicia, donde no conocen ni el molusco ni la expresión y donde ahora reside mientras persigue un sueño en el mundo del freestyle con visos de convertirse en realidad. Más después de proclamarse campeón de España. Ya toca con los dedos su primera participación en una Copa del Mundo. Será en Pamplona en diciembre, pero antes tendrá la oportunidad de celebrar su título nacional con el público gallego. No en A Coruña, como le gustaría, en un Coliseum donde tuvo sus primeros contactos con la disciplina. Pero sí en Santiago, el próximo 15 de noviembre en el Soloflow Freestyle en el Multiusos Fontes do Sar. “Es la oportunidad perfecta, porque este año es la única vez que vamos a Galicia y es el mejor show de España y Europa. Para toda la familia y con un nivel de los pilotos increíble”, publicita.
Su historia es la del niño que en vez de pegarle patadas a un balón, como la mayoría, a los cuatro años ya estaba sobre las dos ruedas. Siempre le gustaron los deportes, como la bici, correr y el surf. Pero las motos estaban por encima de todo. También practicó acrobacias sobre el patinete. Nunca se imaginaría que iba a acabar combinando esto con su afición por el motor. Porque hasta hace tres años todavía tenía esperanzas de que le surgiera una oportunidad en un mundo tan duro como el del motocross. Pero no. Tenía solo 19 años cuando decidió resignarse. “Ya sabía que ahí se me habían acabado las balas, las había agotado y tenía que cambiar”, recuerda.
Pasó un par de meses “decaído”, sin saber qué hacer. Pero ya dice el refrán que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana. Y, en su caso, fueron varias las manos que agarraron el pomo y giraron la manilla. Una llamada de Edgar Torronteras, la leyenda del freestyle, fue la primera. La rampa en la casa de su entrenador Román Pérez, donde hizo sus primeros saltos, la segunda. Y la tercera y definitiva fue la invitación de Maikel Melero, cinco veces campeón del mundo, para ir a probar sus instalaciones en La Resinera, en Albacete. “Una vez que fui, ya le dije a mis padres que tenía que irme, que creía que podía hacerlo bien en esto. Y al mes ya estaba viviendo allí”.

Sus primeros contactos con el freestyle habían sido en el Coliseum, cuando era pequeño. Él iba a competir en motocross y después se quedaba a ver los saltos y piruetas casi imposibles. “Pensaba que estaban un poco locos, pero me gustaba mucho verlos y los admiraba un montón”, señala. Nunca se hubiese imaginado que ahí iba a estar su futuro. Y ahora viéndolo desde la otra perspectiva se da cuenta de que es todo lo contrario a lo que pensaba. “Realmente no hay que estar loco sino bastante consciente de lo que haces, ya que en cada salto te estás jugando la vida”, admite. “Lo tengo clarísimo, si eres un loco, no vas a durar mucho”, insiste.
Los pilotos suben a toda velocidad por una rampa para coger impulso, vuelan y en el aire, realizan todo tipo de acrobacias con la moto, incluso perdiendo el contacto con ella, se vuelven a sentar sobre el vehículo y aterrizan en tierra. El peligro es algo que está ahí. “Cada día que entrenamos sabemos que el riesgo es parte del juego, así que somos conscientes de ello”, apunta. “Mi madre lo pasa un poco peor”, reconoce, “a veces intentar no mirar, pero siempre que pueden viene a verme y como sabe que es lo que me gusta, no se opone a que lo haga”.
Próximo reto: el Mundial
Aunque lo tenga que tener a cientos de kilómetros, instalado en La Resinera, donde Maikel Melero montó “las mejores instalaciones de Europa o del mundo, con todo lo necesario para entrenar” en un grupo en el que además de Melero y el coruñés está Mario Lucas, otra joven promesa. “Nosotros tenemos 22 y Melero, 37. Es como nuestro padre allí, nos enseña, nos dice que no repitamos sus errores... Y sobre todo nos inculca que en esto no hay más truco que trabajar, trabajar y trabajar. Y así los resultados van saliendo poco a poco”.
Cumplido haces unas semanas el sueño de proclamarse campeón de España, ahora se prepara para su debut mundialista para “disfrutar y a aprender de los bestias” e intentar estrenar algún salto. “Estoy practicando, espero que cuando llegue la fecha los tenga bien controlados para hacerlos allí”, señala. Es una montaña rusa de emociones. La concentración y respeto previos. El salto. Y la euforia al aterrizar. “Es lo que más me gusta del freestyle. Los saltos son infinitos y sacar uno nuevo siempre te van a dar algo ahí en la barriga diferente”.





















