Patas amigas detrás de los éxitos
En el Día Internacional de los Animales, los deportistas coruñeses presentan a sus mascotas: perros, gatos e incluso ovejas

Son el mejor amigo del hombre. De la mujer. Y, por supuesto, de los deportistas. El 4 de octubre se celebra el Día Internacional de los Animales y el DXT Campeón presenta a algunas de sus mascotas. La mayoría perros. Pero también hay gatos e incluso, ovejas. Patas amigas detrás de los éxitos y de los fracasos. A ellas no les importa. Porque cuando estos meten la llave en la cerradura y ya les están esperando nada más abrir la puerta, su reacción es la misma hayan ganado el partido y salido campeones o perdido y acabado fuera del podio. Nunca les van a juzgar. Y para un deportista, que vive siempre bajo la lupa de los aficionados, del marcador, del cronómetro y del metro, ese amor incondicional vale más que el oro.

Ximo Navarro, del Dépor, y Río y Kai
“¡Suerte el sábado!”. “¡Ánimo, que nos tenéis a tope!”. “¡A ganar!”. Ximo Navarro baja al parque a pasear a sus perros y se siente en el ambiente el gran momento del Deportivo. Un aficionado se acerca a pedirle una foto, en la que incluso quedan inmortalizados Río y Kai. También ellos son importantes, parte de sus rutinas diarias y compañeros en las buenas y, sobre todo, en las malas. "El pincher tiene seis años, se llama Río y es de mi pareja. El caniche se llama Kai, tiene cuatro meses y lleva muy poco tiempo con nosotros", cuenta el futbolista. "Ahora que se conocen más juegan bastante en casa y Kai es una compañía para Río, para que no estuviera tanto tiempo solo por las mañanas que estamos fuera. Se portan muy bien. Ahora al pequeño hay que ir enseñándole poco a poco. Pero estoy muy contento con ellos", añade.
Los dos están incluidos en sus rutinas diarias. "Tengo que madrugar un poco más, me levanto bastante pronto para pasearles antes de marcharme a entrenar. Cuando vuelvo, los saco otra vez. Y a media tarde o a la noche, otra", dice. De momento aún no se los ha llevado a los viajes. Cree que con Río es más complicado, porque no estaría cómodo, pero que con Kai, al ser más pequeño podría empezar a pensárselo. Porque son muy importantes para él: "Siempre me gustaron los animales y creo que te dan mucha alegría cuando llegas a casa. Siempre están a tu lado, puedes tener un mal día y ellos siempre van a venir a jugar contigo. A veces tienes días malos o te levantas un poco peor, pero vienen a estar contigo, con su alegría, que te cambian el humor y te hacen sentir mejor. Yo se lo recomiendo a todo el mundo".
El Deportivo tiene su propia mascota, un Oito al que los jugadores ven cada mañana en Abegondo. "Están enseñándole poco a poco a comportarse, que es muy cachorro todavía", dice, "pero yo creo que Río y Kai se llevarían bien con él, serían buenos amigos". Y si tuvieran que jugar con él, no duda los puestos que ocuparían en el equipo. "Río sería como yo, defensa, sobre todo ahora que está el pequeño, que siempre le defiende cuando se le acerca algún otro perro", responde. "El pequeño, que es todo energía, me recuerda más a Mella, sería un extremo como él. Se llevarían bien, seguro", se ríe.

Damián Ramos y Sura
Hay mascotas que llegan en momentos complicados para sus dueños. Es el caso de Sura, la border collie de 10 años de Damián Ramos, medallista paralímpico en la contrarreloj de los Juegos de París 2024. “El año después del accidente me lo regalaron mis padres”, recuerda. Apenas salía de casa y fue un revulsivo en su recuperación, obligándole a dar paseos. “Aún estaba con muletas y como siempre me habían gustado, me la trajeron y desde entonces estoy encantado con ella, me hace una compañía bárbara”, explica. “Vivió los peores momentos conmigo, pero también los mejores. Y se merece tanto la medalla como yo”, la mira orgulloso mientras ella sigue su instinto de "mantener el rebaño unido" y mira a los padres de Damián, que se alejan por el paseo de la playa de Santa Cristina.
Damián llega en bicicleta y Sura corriendo a su lado. Es algo habitual ya que le suele acompañar cuando va a dos ruedas. "Aunque en la bici de carretera no me aguanta, en mis largos paseos en la bici de ciudad sí que me viene conmigo". Hay esa conexión especial entre ellos. “Capta muy bien las emociones, cómo me siento, con una mirada prácticamente parece que me entiende… He tenido otros animales, otros perros de compañía, pero como ella ninguna”. Se trata de un amor incondicional. "Es la grandeza de los perros y de los animales, que ella no te va a querer más o no cree que seas mejor o peor por el hecho de lo que ganes o dejes de ganar y en cambio valora lo bien que la tratas, lo bien que la cuidas. Eso es lo que es lo más importante de la vida. Ganar o perder es efímero, pero el cariño que le tengas dura para siempre".

Bárbara Latorre, del Dépor Abanca, y Teo
La jugadora del Dépor Abanca Barbara Latorre sufrió una las lesiones más temidas por las futbolistas, la rotura del ligamento cruzado anterior. Y Teo, su caniche toy de 3 años, llegó en ese momento para convertirse en uno de sus principales apoyos. “Hizo que un momento complicado de mi vida lo llevase mucho mejor”, apunta. “En realidad, ayuda siempre a desconectar de la presión. Si tengo un día complicado, es llegar a casa y alegrarme. Siempre me recibe como si hubiese pasado muchísimo tiempo y me da la vida”, añade.
Teo es un perro “listo, cariñoso y muy sociable”, al que no le gusta cuando su dueña se marcha a los partidos, a los que no le puede acompañar. A ella le encanta "achucharlo" y jugar con él y todavía sonríe cuando recuerda la primera vez que se subió a la cama. "Se puso a dormir con la cabeza en el cojín, como si fuese una persona, me hizo mucha gracia".

Juanka Ortiz, del OAR, y Tuberías y Guana
Unas mascotas rescatan, otras son rescatadas. Los gatos de Juanka Ortiz, jugador del OAR, tienen ambos un origen peculiar. Primero llegó, hace seis años, Tuberías, un nombre elegido porque fue precisamente el lugar donde se lo encontró cuando apenas tenía unos meses. Un año después apareció Guana. “Me la encontré de noche, cuando me iba a trabajar, debajo de un coche en una carretera general”. Y formaron una familia. “Tuberías es un gato muy apegado y cariñoso, desde el momento que entras en casa no se separa de ti. Guana es más independiente, también tiene sus momentos… Pero cuando ella quiere”, les describe.
Lo que ninguno perdona es la siesta. “En el momento en el que me tumbo en el sofá y cojo una manta, ya saben lo que toca. Cogen rápido sus sitios y ahí nos quedamos hasta que suena la alarma”, se ríe. Aunque a veces también toca ejercicio. "En la pandemia, hacíamos trabajo físico por videollamada varios días a la semana. Ellos eran pequeños, todo energía, y en el momento que hacía flexiones o cualquier trabajo en el suelo, salían por la videollamada encima de mí, saltando por todos lados... eran como uno más del equipo".
Que sean gatos, explica, le permite mayor flexibilidad a la hora de irse a entrenar o viajar a los partidos. "Siempre tuve y sigo teniendo perros en la familia pero desde que me independicé no porque no puedo darles todo el tiempo que necesitan. Con los gatos si me tengo que ir a jugar un día entero o incluso dos, dejándoles comida, agua y arena suficiente sé que están bien". Y después le reciben como si nunca se hubiese ido. "Abres la puerta y te vienen a recibir, están contigo siempre, es algo difícil de explicar y que hasta que tienes mascotas no sabes lo que es".

Dava Torres, del Liceo, y Fede
David Torres, capitán del Liceo, se desplazó hasta Verín, casi en el límite con Portugal, para adoptar a Fede, un border collie de 6 años, “muy activo, juguetón y mimoso”, e incorporarlo en su vida, a la que aportó una nueva perspectiva. “Paso más tiempo en la naturaleza y me ha ayudado a disfrutar de cosas que antes no valoraba, como los paseos por la playa al amanecer, que me ayudan a desconectar y bajar revoluciones”, confiesa.
Aunque a veces eso signifique volver perdido para casa. “Es muy acuático y hay veces que se moja incluso en un desierto. Es capaz de encontrar el charco. Y una vez en Sabón se puso perdido y fue bastante liada”, sonríe. Podría hacer natación, pero el hockey sobre patines no sería lo suyo: “Los patines le ponen muy nervioso, intenté patinar con él pero es imposible”, lamenta su dueño, que cree que su perro opina de él que es “un excelente rascador de orejas”.

Alba Quirós, del Zalaeta, y Paquito
Alba Quirós, jugadora del Zalaeta, cruzó la frontera autonómica para ir a Asturias a adoptar a su bulldog francés de 4 años, llamado Paquito en honor a un jugador profesional de pádel, que es su otra pasión deportiva más allá del voleibol. Es casi uno más del equipo y no porque le dejen entrenar a los pabellones. “Desgraciadamente no puede”, se queja. Sino porque es al primero al que ven al salir del aeropuerto cuando vuelven a casa. “Y le da igual si jugué bien o mal. si ganamos o perdemos, no juzga, solo me da ese amor que hace que me olvide de cualquier presión”, señala.
“Creo que soy su persona favorita y él es mi debilidad, le consiento en todo, no me escondo”, confiesa. Porque Paquito es "extremadamente cariñoso y nada supera dormir una siesta con él". "Siempre tiene que estar cerca de mí, me protege a toda costa de peligros inexistentes, se piensa que es un mastín", bromea, "y a veces peca un poco de ser algo tozudo". Tanto que estresa a las gallinas. "La primera vez que lo vieron estuvieron una semana sin poner huevos".

Divi Leis, del CRAT, y Zola
Desde una protectora de Madrid llegó Zola, la “sobrina” de Divi Leis, jugadora del CRAT. “Ella también es deportista porque hacía agility y tiene varios premios”. Aunque ahora con 9 años, ya está retirada. “Tengo perros desde los seis años y son unos seres maravillosos, es que no hay más”, intenta resumir. “Hubo una época que tuve cuatro seguidos y lo pasé muy mal cuando se murieron. Vale la pena por todo el amor que te dan. Son un apoyo fundamental para la vida y para el deporte, fieles a morir y con un beso siempre preparado para cuando lo necesitas”, indica.
Con Zola, por lo menos, puede consentirle. “Que no lo lea mi hermana pero le doy el pollito y el quesito”, se ríe. Pero como Dava Torres, tampoco se la podría llevar a un partido de rugby. “No le gusta demasiado la gente. Yo digo que es como la tía, de simpatía selectiva”. Lo que le gusta es "ir a la playa" y "correr", aunque se pone perdida. Ella está de acuerda. Chocan manos con patas. Una tía y una sobrina bien avenidas.

Román Gómez, del Leyma, con Brump
Es un tópico, que las mascotas se acaban asemejando a sus dueños, o viceversa. Pero cuando Román Gómez, entrenador asistente del Leyma, posa con Brump, un weimaraner de un año y medio al que adoptó en Sitges a través de una protectora, es complicado no sacarle los parecidos. “Es un perro increíble, sociable y muy bueno, aunque se va con cualquiera que le da dos caricias”, le describe.
De momento se organiza para los paseos con su pareja, que también es entrenadora en el club, aunque cuando en verano se fue al Afrobasket fue ella la que asumió todas las responsabilidades. “Nos ayuda mucho a tener una rutina diferente. Nos da otra realidad que es increíble. Disfrutamos mucho con él”, dice y bromea con que si Brump pudiera hablar pediría que no le cambiaran el nombre “cada cinco minutos”.

Yulenmis Aguilar y Queen
Para distancia la que le separaba a Yulenmis Aguilar de Queen, una huski de 8 años con la vitalidad de un cachorro. "Es la perra más revoltosa del mundo, corre dos horas ya ya quiere volver a salir", cuenta de ella. Ahora ya están juntas, pero cuando la lanzadora de jabalina se marchó de Cuba, también tuvo que dejarla atrás. “Es parte de mi familia, una hija más". Así que a los dos años la echaba tanto de menos que volvió a por ella. "Puse todos los papeles en regla y me la traje".
Su vida cambió, para bien. “Me ocupa tiempo, me da esas ganas de regresar a casa, de pasearla… y cuando emocionalmente estás mal, es como si te escuchara. Y nunca te va a juzgar. Es el amor más incondicional que se puede sentir a parte del de una madre”, comenta. Y una acompañante fiel, sobre todo durante la recuperación de su reciente operación. “No se separaba ni un segundo. Me iba a la cocina y se sentaba allí conmigo, todo el día pegada a mí”, indica.
Aunque cuando más juntas están es en las siestas. “Me encanta dormir con ella. Mi pareja no la deja subir a la cama… y me voy yo con ella a tirarme al sofá o a cualquier sitio”. Solo hay un sitio a donde no se la llevaría, a las competiciones. "No, nunca. Ni he podido llevármela porque compito la gran mayoría fuera de España. Ni lo haría porque creo que interferiría un poco en mi concentración. Tendría que estar muy pendiente de ella. Lleva muchos cuidados, sacarla, pasearla, su alimentación... Entonces es preferible que se quede en casa, quedo tranquila yo y que tranquila ella".

Eugenia Gil y Nala y Bimba
La vida en el campo facilita la posibilidad de tener mascotas. Eugenia Gil, árbitro internacional de fútbol, aprovechó que vive en una casa para acoger a dos cachorros, la labrador Nala, ya hace tres años y medio, y hace dos y medio a la border collie Bimba, que ya tiene incluso su propia camada, seis cachorros en breve listos para ir a hacer felices a otras familias.
Tanto como lo es ahora Eugenia con ellas. Son dos perras "muy inteligentes y cariñosas a las que les encanta la naturaleza y el ejercicio". Así que se convirtieron en sus mejores acompañantes cuando tiene que entrenar. “Vamos al Río Mero. Bimba es muy rápida y resistente y tira de mí. Nala va siempre a mi lado. Muchos días han sido mi motivación para entrenar, sacan mi mejor versión”.
Es el mejor momento del día. "Las veo felices bañándose en el río y olisqueando. En el fondo a mí también me ayudan, me hacen desconectar de todo lo que me rodea y estar presente en el momento. También me gusta mucho llevarlas a la playa, disfrutan mucho corriendo y bañándose, sobre todo Nala". Aunque a veces su locura por el agua le lleve a recorrer cuatro kilómetros detrás de un pato. "Ahora me río, pero qué mal lo pasé", recuerda.
Las echa de menos en sus viajes, a los que no se plantea llevárselas por su tamaño "tendrían que ir en la bodega y ni se me pasa por la cabeza, es muy peligroso". Pero también eso tiene su parte positiva, que es llegar a casa. "Verlas a ellas le da sentido a todo. Da igual si tuve un mal día, siempre están con esa sonrisa esperándome en el porche de casa a que llegue. Nunca te exigen nada, pero te lo dan todo".

Alejandra Martín, del Marineda, y Goku
También en una casa está Goku, el perro de 7 años de Alejandra Martín, jugadora del Marineda, que es un mestizo de labrador y golden retriever. “Me encanta llegar a casa tarde, después de los entrenamientos y que él me esté esperando”, señala. "En mi familia siempre hemos tenido perros, nos encantan, pero Goku es muy especial porque está las 24 horas del día pegado a nosotros, como un hijo más", apunta..
La foto no engaña, es casi el reflejo de su alma de peluche. "Es un perro súper cariñoso, obediente y muy, muy glotón. Le encanta estar con la gente y que le hagan mimos". Pero es que es imposible no hacérselos. "Me relaja mucho estar con él jugando y acariciándole, es un peluche, transmite mucha tranquilidad. Además, es capaz de detectar cuando estás triste o enfadado e intenta acercarse a ti y jugar contigo", indica. "Espero que si pudiese hablar dijese que sabe que le quiero mucho y que le gusta estar en nuestra familia".

Las Raqueles
"Te vas a reír", responde Raquel Botana, jugadora del Maristas. La contestación promete y cumple con las expectativas. "Mis ovejas se llaman todas Raquel". Carcajada. "Mi hermana decidió que fuera así porque Raquel en hebreo significa 'oveja de Dios'". Magnífico. Raquel y las Raqueles.
Se ha pasado el juego. Porque creció rodeada de animales. "Mi familia tenía una casa de campo. Al principio solo estábamos en verano, pero hace unos años decidimos instalarnos de manera definitiva así que mi relación se volvió mucho más directa y me tengo que encargar de darles de comer de vez en cuando", explica.
Tienen gallinas, ovejas, que son sus particulares cortacéspedes naturales, y gatos "que aparecen por la finca y terminan quedándose". Y tenían una perra, Tammy, a la que todavía echa de menos. "Era una labradora blanca, prácticamente crecimos juntas y vivió 16 años. Marcó una etapa muy importante de mi vida y siempre la voy a recordar con mucho cariño. Quizás por eso no hemos dado el paso de tener otra todavía".











