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Tenis

Un Alcaraz épico gana un partido dramático a Zverev y jugará ante Djokovic su primera final en Australia

El número 1 mundial se sobrepone a unos problemas físicos y buscará el grande que le falta contra un rival heroico contra Sinner

Carlos Alcaraz se dejó caer en la pista tras el último punto contra Zverev
Carlos Alcaraz se dejó caer en la pista tras el último punto contra Zverev
James Ross
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Un Carlos Alcaraz épico que se sobrepuso al hundimiento físico que sufrió en el segundo set, logró doblegar al alemán Alexander Zverev por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5 para alcanzar, por primera vez en su carrera, la final del Abierto de Australia que disputará contra un épico  Novak Djokovic, que doblegó en cinco sets al italiano Jannik Sinner.

De pronto resucitó Carlos Alcaraz, en caída libre después de tener el partido ganado primero, pero en manos de su rival después, sometido por el malestar corporal y los calambres, y aferrado a la pista terminó por ganar un partido épico, con un final milagroso. 

Sobrevivió el número 1 del mundo a una montaña rusa en un maratón de cinco horas y 26 minutos (la semifinal más larga de la historia del torneo) para alargar su leyenda. Estuvo primero a dos puntos de ganar. Pero después se hundió y estuvo a merced de Zverev, que vio el cielo abierto. Pero de pronto, emergió de nuevo el murciano, en el set definitivo, para volver a dar la vuelta a la situación y abrazarse al triunfo ansiado. 

Zverev sacó para ganar. Lo que tuvo Alcaraz en el tercer set lo tuvo el alemán en el quinto, con 5-4 y el saque. El español estuvo a solo dos puntos de ganar al germano y de la final que tanto ansiaba. Estaba ya condicionado, mermado, pero aun así tenía cerca el objetivo. Vencía por 6-4, 7-6(5) y 5-4. Entonces la situación ya era angustiosa: no se podía mover con soltura, arrastraba los pies, cojeaba y respondía y mantenía el tipo gracias a su inmenso talento. 

A pesar de ser asistido dos veces por los fisios, para tratar su muslo derecho, no había una mejoría suficiente. “Tengo calambres hasta el dedo meñique, hasta el último pelo de la cabeza”, decía Alcaraz a su box. Samu López, su nuevo entrenador, le alentaba: “Estarás bien en un ratito”. 

Alcaraz, iba disparado hacia la final, tras mostrar su gran momento en los dos primeros sets. El inicial, que ganó con autoridad; el segundo, con inteligencia y madurez; después de estar 2-5 en el marcador dio la vuelta a la situación y ganó el desempate. Y entonces las alarmas se encendieron. “He vomitado un poco ahí, no sé si tengo que tomar algo; estoy tieso”, se le escuchó. 

De diez a cero

Su juego bajó de diez a cero en un momento. Aun así, el talento le mantenía el el partido. La supervivencia se convirtió en algo épico porque Zverev no daba síntomas de flaqueza. El alemán ganó el desempate del tercero. El murciano se mantuvo en pie a la espera de una remontada física que no llegaba. Y cayó en otro desempate. 

Llegó el quinto set. De entrada, perdió su servicio Alcaraz. Y apareció el milagro. El español volvió a correr. Se vio derrotado y resucitó. Tuvo fe. La de un gran campeón, que en la final de enfrentará a otro, al que más veces lo ha hecho, diez, en Melbourne Park. 

Djokovic mantuvo el tipo ante las embestidas de Sinner, tiró de repertorio y después de cinco sets (3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4), y cuatro horas y nueve minutos de partido se clasificó, por undécima vez, para el partido por el título. 

El ganador de 24 majors se aferró a sus posibilidades y dio un giro a las estadísticas con el italiano con el que había perdido los últimos cinco partidos. Se convierte así en el segundo jugador de la Era Open (desde 1968) en alcanzar una final individual con 38 años o más después de Ken Rosewall, subcampeón en Wimbledon 1974 con 39 años. 

Se la jugará ante un Carlos Alcaraz que, con 22 años y 272 días, será el más joven de la historia en disputar las finales de los cuatro grandes. 

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