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Liceo

Franco Platero: "Me fui con un título y he vuelto para ganar más"

El nuevo jugador verdiblanco casi se tiene que retirar por una lesión de espalda, pero tras una difícil operación salió con más fuerza: llamada de la selección argentina y el sueño de volver al Liceo

Franco Platero, en el Palacio de los Deportes de Riazor
Franco Platero, en el Palacio de los Deportes de Riazor
Carlota Blanco
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Termina un entrenamiento del Liceo de la semana pasada y Franco Platero (San Juan, 1992) se queda en pista, repasando las jugadas y las estrategias con Juan Copa, debatiendo e incluso sugiriendo variantes. Tenía que aprovechar el tiempo, porque desde el lunes se encuentra en Espinho (Portugal) en la concentración de la selección de Argentina intentando ganarse un puesto, a sus más de 30 años, para su primer Mundial, los World Skate Games de Paraguay.

¿Cómo ha sido el reencuentro con el Liceo y A Coruña?

Hermoso. Era algo que esperaba y quería, volver a esta ciudad, a este club, a la gente de la que me hice muy amigo, a la familia que tengo también acá. Me siento como en casa y estoy muy feliz de estar aquí.

¿Cuáles fueron los detonantes de su vuelta al Liceo?

Que te llame el Liceo siempre es un orgullo para cualquier jugador, sabemos lo que significa a nivel mundial, que es uno de los mejores clubes. Y también soy un enamorado de esta ciudad y eso ayudó a la decisión. En cuanto tuvimos esta oportunidad de volver, no la dudamos.

¿Ha notado algún cambio?

La ciudad está igual de bonita que siempre, pero ahora con esto del Dépor se nota un poco más de movimiento. Lamentablemente yo había estado en el momento de la pandemia que fue más difícil todo. El club sigue con su ADN de ganar y además está más estructurado. Eso también te da una tranquilidad. Podemos hacer nuestro trabajo, que es todo dentro de la pista, porque sabemos que fuera están haciendo las cosas bien.

De aquí se marchó con un título, la Copa del Rey de 2021.

Tuve esa suerte, fue algo muy bonito y espero que esta etapa sea igual o mejor. Sinceramente, he vuelto para ganar más y espero que así sea.

Justo se fue y al año siguiente el Liceo ganó la Liga. ¿Le dio un poco de envidia?

Me puse muy feliz. Aunque me fui, lo seguía y sabía que la probabilidad de ganar una Liga era muy alta porque era un equipo bastante trabajado, con pocas modificaciones y fichajes buenos. No la gané yo, pero feliz porque el club sí y lo necesitaba. Ahora espero que este año sea igual.

La del año pasado se escapó...

Fue un golpe bastante duro, sobre todo por cómo fue toda la serie Y perder en casa aún más. Pero también es una motivación y se la he visto a mis compañeros, como que se les ha quedado esa espina que duele, pero que también les da más motivación para entrenar y para sacársela esta temporada. Yo les acompañaré y sumaré lo mío a lo que ya vienen haciendo estos años.

“Perder la Liga fue un golpe, pero es una motivación para sacarnos la espina” 

¿Espera volver a ver ese ambiente en la grada? En su anterior etapa, con la pandemia, no pudo vivir un Palacio lleno.

Recuerdo mi debut, que fue contra el Barça en la primera jornada. El club hizo una buena campaña, vino mucha gente y teníamos esa presión por ganar. Y salió bien. Hay que motivar a la gente a que vuelva. Creo que tenemos un equipazo. Hay que ir a ajustando cosas, trabajando para que ese gran equipo a nivel de nombres se refleje también dentro de la pista.

Dicen que en ese partido se esforzó tanto que al descanso vomitó en el vestuario.

Vomitar no, pero sí que me mareé. Venía de una liga que tenía una intensidad mucho más baja. Y claro, primer partido contra el Barça, en casa, es una gran motivación.... Uno quiere darlo todo, da de más y como no estaba todavía al 100 % preparado, tuve ese bajón y necesité azúcar para recuperarme. Como era joven fue más fácil y salió bien.

¿Puede que eso sea lo que le define como jugador?

Sí, sí, una de mis características siempre fue darlo todo, darlo todo, ya desde chico. Nací en un club que tenía un ADN muy parecido al del Liceo, que era todo o nada y así se me fue construyendo el carácter. A veces salen las cosas, a veces no, pero la entrega tiene que ser total siempre.

¿Es también parte del carácter de los jugadores argentinos?

Lo viví en el torneo de Montreaux con la selección y fue algo que me encantó. Había ido cuando era más pequeño y volver y ver a veteranos como Lucas Ordóñez, que se está por retirar, las ganas que le ponía... Me quedé sorprendido de la energía positiva, de las ganas y de que cada bola era la última. Eso sí, cada cinco o diez minutos era cambio. Es nuestro ADN de raza, en general, en todos los ámbitos.

¿Por eso encajan tan bien los argentinos en el Liceo?

Yo creo que sí. El Liceo también demanda eso, también es un equipo que te da esas ganas de ir a luchar cada bola, un equipo con garra, con intensidad... La entrega tiene que ser total todo siempre. Por eso desde el primer día que llegué me sentí identificado.

Precisamente la selección es su próximo reto. ¿El objetivo es ganarse un puesto en la lista definitiva para el Mundial?

Ahora nos vamos a Espinho y estamos allí nueve días concentrados los doce jugadores, de los que solo viajan nueve, y tres porteros. Tengo nueve días para ganarme el puesto y tengo mucha competencia. Todos sabemos la calidad que hay en Argentina. Por eso es un honor siempre que te llaman y más con esta edad. Yo estuve muchos años trabajando para llegar a la selección y hay que intentar aprovechar la ocasión.

Otro que vuelve es Matías Pascual y ambos, además del Liceo, tienen una historia en común, que es volver a jugar después de una grave lesión.

Yo estuve muy al límite de tener que dejar de jugar por la espalda. Dos médicos, de hecho, me dijeron que tenía que retirarme. El tercero fue el que me dijo que sí, pero después de la operación y rehabilitación me confesó que en realidad lo veía complicado porque era una lesión jodida y tenía muy comprometida la pierna. Raúl Marín se tuvo que retirar por algo parecido. A mí por fortuna me respondió el cuerpo y hoy no tengo ninguna secuela.

“Una de mis características es darlo todo, la entrega siempre tiene que ser total” 

¿Cuánto estuvo fuera?

Siete meses. Fue un año muy duro. Psicológicamente estaba bastante mal porque el hockey es mi vida, mi trabajo, mi pasión, mi todo. A todo el mundo le llega el momento final, pero tiene que ser por una decisión propia. Que una lesión sea la que tome la decisión por ti es muy duro para el deportista.

¿Le cambió la perspectiva?

Son momentos en los que hay que sacar fuerza de donde uno no tiene y que también te sirven para madurar, aprender, para valorar muchas cosas que uno no valoró en su momento y para cuidarse de cierta forma que quizás tampoco lo hacía. Hoy en día también soy otro tipo de persona y vivo todo de otra manera, lo disfruto más. Cuando era joven había días que no quería entrenar porque estaba cansado o había dormido mal y era como un sacrificio estar en la pista. No sabía lo bonito que era hasta que me pasó lo de la espalda. Y ahora no siempre llego con la mejor energía, pero cuando estoy dentro de la pista me motivo con eso: hace un par de años estuve a punto de dejar de jugar y ahora tengo la suerte de estar en el Liceo jugando y pudiendo entrenar junto a los jóvenes. Como todo en la vida, cuando uno pasa por cosas complicadas es cuando empieza a valorar más las cosas que tiene alrededor.

¿Influyó en cómo valora su etapa en Portugal?

Fue un mix. Fue bonita en muchos sentidos, en otros no tanto. La Lesión influye mucho. Y el año pasado fue muy complicado. El club (el Oliveirense) sufrió muchos cambios, no hubo acuerdos con la nueva directiva y fue difícil, aunque fue una situación que me agarró con mucha experiencia y lo supe llevar sin que me influyera en el rendimiento deportivo, siendo un profesional hasta el último día.

¿Son tan diferentes la liga española y portuguesa?

Son totalmente diferentes. La portuguesa un poco más dinámica, de ida y de vuelta y un poco menos de táctica. Y en cambio, la española es más táctica, más posicionamiento, más defensa. Las dos ligas tienen sus cosas bonitas y por eso me ha gustado aprender de las dos y entender cuándo hay que jugar a la portuguesa y cuándo hay que parar el juego y ser más táctico.

¿Por sus características le viene mejor la española?

Puede ser que sí. Yo me adapté a la portuguesa, aunque intenté implementar esa parte táctica que tanto faltaba allí, que fuera un poco menos de ida y vuelta. La española me viene mejor, pero yo fui muy feliz en las tres, en España, Portugal e Italia. 

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