Al nuevo Liceo le salen arrugas
Las incorporaciones de Edu Lamas y Franco Platero, de 35 y 34 años, suben la edad media de la plantilla

El Liceo 2026-27 no va a echar a rodar de forma oficial hasta finales de este mes y tendrán que pasar todavía más semanas, incluso meses, hasta que se puedan sacar las primeras conclusiones de cuáles serán los cambios en el sistema de Juan Copa, hacia dónde girará el equipo tras la marcha de algunas de sus piezas clave y cómo será el encaje de las incorporaciones. Pero precisamente mirando a estas sí que se puede hacer un primer análisis de la plantilla, que gana experiencia pero pierde frescura con un gran contraste entre las edades de las altas y las bajas. Las salidas de Nil Cervera y Tombita, de 22 y 21 años, dejan paso a las llegadas de Eduard Lamas y Franco Platero, de 35 y 34. Es cierto que también se marcharon Martín Rodríguez, de 31, y César Carballeira, de 30, y que sube desde el filial Eloi Martínez, de 22. Pero la edad media del equipo se dispara hacia la treintena, con solo tres jugadores nacidos en los 2000 y el resto, ya en el siglo pasado.
El Liceo se boomeraniza. Aunque oficialmente este término se utiliza para referirse a la generación baby boomer, la nacida tras la Segunda Guerra Mundial entre 1946 y 1964, se ha popularizado su uso de forma coloquial por parte de los jóvenes para señalar a aquello que consideran anticuado, lo que para quienes lo emplean, por otra parte, es prácticamente cualquiera que hubiese visto de pequeño la primera edición del Grand Prix del verano o que cuya fecha de nacimiento empiece por un uno. Siete de los diez jugadores de la plantilla entran en ese rango. Los más veteranos son Toni Pérez y Eduard Lamas, ambos de 1990. El benjamín, una vez más, será Jacobo Copa, de la generación de 2006. Entre ellos, dieciséis años de diferencia (ambos celebraron un ascenso conseguido con el filial del Liceo con el pequeño Jacobo en brazos). El jugador coruñés, el santiagués Bruno Saavedra (2005) y el portero Eloi Martínez (2003) son los únicos miembros de la plantilla que ya vinieron al mundo en este siglo XXI.
Después hay un salto hasta 1997, año de nacimiento tanto de Arnau Xaus como de Blai Roca. El primero cambiará de década en enero, pero al segundo no le tocará hacerlo durante la próxima temporada porque es del mes de septiembre, por lo que podrá entrar en el saco, por los pelos, de los menores de 30. Porque el resto, todos superan esta barrera. Están Nuno Paiva (que justo este jueves cumple 32) y Dava Torres, ambos de 1994. Después Franco Platero, de 1992. Y los ya mencionados Toni Pérez y Edu Lamas. El asturiano acabará la temporada con 37. El coruñés, como es de diciembre, aún tiene que cumplir los 36. La edad media del curso pasado estaba en torno a los 27 años y la de este ronda los 30, por lo que ese envejecimiento es evidente.
Futuro
Más allá de los datos, esta circunstancia evidencia que el Liceo ha tenido que cambiar de rumbo obligado en cierta manera por los vaivenes del mercado. En las últimas temporadas, la dirección deportiva había sentado unas bases apostando por la anticipación: detectar el talento, adelantarse a los trasatlánticos y fichar pensando en el presente, pero sobre todo en el futuro. Esta coincidieron en la plantilla cuatro jugadores que estaban llamados a ser esos cimientos para la próxima década con Nil Cervera (2003), Tombita (2004), Bruno Saavedra (2005) y Jacobo Copa (2006). Ahora solo quedarán dos de ellos.
La salida del catalán se precipitó por el interés del Sporting, que incluso pagó su cláusula para no tener que esperar más por él, que entraba en los planes del club verdiblanco para seguir creciendo progresivamente junto a sus compañeros de generación. La de Tombita, que ya es oficial que jugará en el Sanjoanense, responde a una cuestión de expectativas porque el club también pensaba en él a años vista. Pero empezó el curso lesionado, eso retrasó su entrada en el equipo y cuando estaba preparado el entrenador tampoco le dio muchos minutos, por lo que se marcha a Portugal a seguir creciendo como ya hizo en su año de cesión en Lleida, esta vez ya desvinculado del Liceo.
Por otro lado, que el Liceo vaya a tener una plantilla más veterana no es nada malo. La arruga es bella, que decía Adolfo Domínguez, aunque en realidad se refiriera a la tela y no a la edad. “Decían que íbamos viejos, decían que no jugábamos a nada...”, que reivindicó Gonçalo Alves tras ganar la Champions con el Porto. Porque en el campo deportivo la madurez significa experiencia, clave en los partidos importantes para manejarse en situaciones de estrés y saber cómo reaccionar en cada momento. Toda la plantilla verdiblanca, a excepción de Eloi Martínez, ha jugado finales. Y en ese sentido destaca especialmente Eduard Lamas, que no solo viene de ganar esa Champions sino que aterriza como uno de los jugares en activo con más títulos en su palmarés.
Tanto el curso pasado como el anterior, Juan Copa solía tirar de un quinteto más veterano para iniciar los partidos, en especial contra los rivales más fuertes. Y después salían desde el banquillo los adolescentes, que muchas veces servían de revulsivo aunque también cometieran los típicos errores de la juventud, sobre todo en precipitaciones. Aunque también combinó ambas opciones, sobre todo para el arranque de las segundas partes. Como en todo, la virtud suele estar en el término medio. Unas dosis de experiencia. Pero también otras de la rebeldía y ese hambre propios de los que quieren romper con lo establecido. El técnico liceísta tendrá en esta ocasión un poco más de lo primero que de lo otro.














