El uno por uno de la temporada sin guinda del Liceo
Estos son los doce artífices en la victoria y en la derrota de que la afición verdiblanca soñara en grande durante diez meses

Tendrán que pasar días, posiblemente semanas y meses, para que el Liceo pueda sanar la herida que ha supuesto perder la Liga en los penaltis del quinto partido de la final. La temporada iba para histórica y tres partidos finales no pueden borrar de un plumazo todo el trabajo previo que finalmente solo tuvo como recompensa la Copa del Rey. En la victoria, y en la derrota, estos han sido los doce artífices de que durante diez meses la afición verdiblanca pudiera soñar en grande.

1. Martín Rodríguez (A Coruña, 1994). Capitán sin brazalete y un líder en el vestuario, sus funciones fueron más allá de las meramente deportivas en las que no disfrutó de muchos minutos, pero sí que estuvo preparado para aprovechar la oportunidad cuando salió a la pista. Deja el Liceo y el hockey en lo más alto. Y con el respeto unánime de la comunidad.

2. Nil Cervera (Igualada, 2003). Brilló por momentos, se apagó en otros, pero dejó muestras del jugador total que está llamado a ser: rápido, con disparo, buena visión, capacidad defensiva y potencia física, además de seriedad y compromiso con el trabajo diario. Sus dos temporadas en el Liceo dejan huella. Subió el nivel. Se va al Sporting.

3. Arnau Xaus (Pla del Penedés, 1997). La elegancia de lo sencillo. La clase personificada en un tío normal, que no va de nada ni se cree más que el resto. Menos goleador que en su primera temporada, la pasada, pero todavía en números por encima de los veinte. Le fallaron las últimas faltas directas que hubiesen supuesto la guinda al espectáculo. El año que viene , más y mejor.

5. César Carballeira (A Coruña, 1996). Imposible condensar en estas líneas lo que es, significa y el vacío que deja. Al escudo le podrían poner su cara que no habría ni una objeción en una consulta popular como la del Deportivo. De casa, o Neno do Cole, pasó por todas las categorías y siente esa camiseta como si la llevara tatuada. Y además, el mejor jugador del mundo en lo suyo.

7. Jacobo Copa (A Coruña, 2006). No escatima ni un solo esfuerzo. Si hay que ir contra la valla con el más grande del equipo contrario, se va. Parece que lleva toda la vida jugando en el Liceo pero solo acaba de cumplir 20 años. Se dice que es el futuro. No olvidemos que es presente. Otra temporada de aprendizaje por las buenas y por las malas.

8. Dava Torres (A Coruña, 1994). Defendió. Asistió. Lideró. Marcó. Incluso cuando más se le necesitaba, pero el hundimiento del equipo en los tres partidos finales también se lo llevó a él por delante, candidato al MVP si se hubiese ganado la Liga. Para el curso que viene pierde a sus dos escuderos pero ya está empezando a ganar otros. Por muchos años, capitán.

11. Nuno Paiva (Póvoa de Varzim, 1994). Primer año en el que demostró toda su calidad. Y aún puede dar algo más con u físico privilegiado, un patín rapidísimo y una potencia determinantes. Terminó el curso tocado y se notó en los partidos finales. Adoptó diferentes roles, adaptándose a las necesidades del equipo: versatilidad. Un comodín. Un as.

13. Bruno Saavedra (Santiago, 2005). La explosión de un jugador que puede marcar una época y que seguirá haciendo disfrutar dos años más a la afición verdiblanca. Alcanzó el grado de maduración en el final de la temporada con goles y asistencias y evitando errores que en el pasado le habían costado ser más regular. Acumulando aprendizajes.

20. Blai Roca (Arenys de Munt, 1997). Serra había dejado el listón muy alto y no ha necesitado más que una temporada para situarse a la altura de los grandes porteros de la historia liceísta. Sin ser el menor goleado, está cuando tiene que estar, se crece en lo momentos importantes y cuando el equipo más lo necesita. Reflejos de lince y personalidad, la bola parada se le resiste.

44. Tombita (Mendoza, 2004). Volvió a casa después de una exitosa cesión en el Lleida. Pero tuvo la mala suerte de empezar el año lesionado, lo que fue un lastre a la hora de reengancharse a un equipo que ya iba lanzado. Pese a ello, ni una sola mala cara, ni un solo reproche y trabajando día a día como el que más. Se marcha a buscar esa oportunidad que se merece.

57. Toni Pérez (Oviedo, 1990). Volvió después de ocho temporadas en el Sporting y ya con 35 años. Cuando estaba en su mejor momento se lesionó, lo que le obligó a parar dos meses y perderse la Copa. Fue un lastre para él para el final de la temporada, en el que ha tenido un rol menos importante en la pista, pero fundamental de liderazgo. Conecta con la grada por su entrega.

Entrenador. Juan Copa (A Coruña, 1970). Es el cerebro que todo lo mueve. Pone el alma en dirigir al equipo y exige al mismo nivel que da, exprimiendo al máximo a cada jugador. Seguramente le ha tocado vivir el día más duro de su carrera y habrá repasado mil veces en su cabeza dónde se empezó a torcer todo. Pero de esto también se aprende y se vuelve más fuerte.












