Así lo vivió el Palacio de los Deportes | Noche festiva con un cierre dramático para el Liceo
Más de cuatro mil personas arroparon a un Liceo que no pudo vivir el desenlace deseado

Una cosa estaba clara ayer en A Coruña: el del Liceo no era un partido más. Quedaba más de una hora para el encuentro cuando Juan Copa salió a dar la vuelta de reconocimiento, como hacen los pilotos de la Fórmula Uno antes de las carreras, andando por las pistas multicolor de atletismo, y el público que ya empezaba a poblar la grada le recibía con una ovación.
Y de ahí al final, sin parar. Más alto o más bajo, pero una garganta gigante formada por 4.200 personas convirtió el feudo liceísta en un hervidero. En un Palacio de los Deportes hasta los topes, el Liceo estuvo arropado por una afición que no dejó de animar en ningún momento. Ni siquiera se tomaron un respiro en las fases más complicadas de la contienda, como cuando el Igualada se adelantó en el marcador; o cuando el gol liceísta no acababa de llegar a pesar del asedio de los hombres de Juan Copa sobre la portería catalana. Todos trataban de empujar la bola desde sus asientos.
Los goles de Dava Torres antes de la prórroga hicieron enloquecer a la parroquia coruñesa, que optó por retrasar su celebración de San Juan para poder disfrutar en directo de un partido del que dependía el trabajo de toda una temporada. Justo al final del partido, antes de la prórroga, sonó por megafonía el ‘Vivir na Coruña’, un clásico que acabó de encender a la afición.
En el tiempo extra se vivieron momentos de máxima tensión, ya que cualquier error podía resultar decisivo. Y la afición lo sabía. Precisamente por ello, fue cuando más apretaron. Cuando se confirmó que el campeón se decidiría por penaltis, más de uno no quería mirar. Era un momento para valientes, tanto en la cancha como en la grada.
No se podía fallar. Y justo en ese punto, el Igualada se impuso en los lanzamientos desde el punto fatídico. El Liceo se quedaba sin el título, pero nadie iba a borrar la gran temporada realizada por los coruñeses. Tampoco se podía borrar ya la conexión que se ha creado entre público y jugadores. El Liceo no fue ayer campeón, pero ha salido ganando.
La derrota, eso sí, dolía. Las caras de los jugadores y de los trabajadores del club eran un auténtico poema. Lágrimas y rostros de tristeza en una plantilla que compitió hasta el último segundo y que se vació en busca de una Liga que al final se va a tierras catalanas.
La afición lo comprendió y trató de consolar a unos jugadores que se quedaron sin el premio final en una temporada histórica. Riazor se quedó sin fiesta, pero cerró el curso con todo el orgullo del mundo.












