Crónica | El final más cruel para la Liga más Igualada
Después de 260 minutos, todo se decidió en una tanda de penaltis en la que el Liceo, que se vació y empató hasta dos veces (2-2), no acertó ningún lanzamiento por los dos del nuevo campeón

Cuando una Liga se decide en los penaltis del quinto partido, hay un justo ganador y un injusto vencido al que no se le puede llamar perdedor. Si estuviéramos en los Juegos Olímpicos, quizás se podían repartir el oro como hicieron el italiano Tamberi y el catarí Barshim en la histórica final de altura de Tokio en la que por más que saltaran, no llegaba el desempate. Pero no se puede hacer. Tampoco querían. Los dos equipos deseaban ganar. Así lo habían demostrado no solo en los 60 minutos previos, sino en los 260 que duró la eliminatoria. Y los lanzamientos sonrieron al Igualada, con los aciertos de Joel Roma y Marc González, y le dieron al Liceo, que no marcó ninguno, el final más amargo y cruel que uno pueda vivir en el deporte.
Lo cierto es que el Liceo nunca fue por delante en el marcador del último partido. Lo cierto es que el Igualada supo jugar sus cartas, quizás con esa soltura del que ya no tiene nada que perder y mucho que ganar, apretando al principio de cada tiempo y formando una pantalla defensiva que los verdiblancos, por más que lo intentaron, no encontraron la manera de tirarla abajo. Apelaron a la épica. Empataron por dos veces. Lo intentaron más en la prórroga. Pero parecía que no estaba para ellos. El Igualada completó la machada. Y levantó la Liga en Riazor, a donde le siguieron unos cuarenta aficionados. Sin un solo incidente que lamentar. Mientras ellos celebraban, el público despidió a sus héroes, en especial a Martín Garaboa y César Carballeira, a los que el hockey les negó una última celebración.
El Liceo quiso marca una línea desde el saque inicial. Primera bola y primer acoso de Dava Torres a Biel Llanes. Fue falta. Pero no importaba. El mensaje quedaba mandado. Esto es el Palacio de los Deportes de Riazor, rugiendo como nunca. Este es el Liceo. En la siguiente posesión, el Igualada ni siquiera dio pasado del centro de la pista en el tiempo reglamentario. Pero ese arranque no tuvo continuidad y los arlequinados se sacudieron pronto la presión y mantuvieron la posesión de la bola mientras al Liceo no le duraba nada. El primer tiro ya fue suyo. Y después de varios avisos, una internada por el costado derecho de Biel Llanes acabó con un tiro cruzado perfecto ante el que Blai Roca no pudo dar una respuesta. Un golpe. Duro. Porque con ese gol el Igualada iba por primera vez por delante en el global de la eliminatoria.
Tocaba épica. Porque además romper la defensa catalana cuando estos se ponen por delante es el más difícil todavía. Y más cuando no te acompaña la suerte. Se empezaron a acumular los ¡uys! Disparo cruzado de Nuno Paiva. Tiro a la cruceta de Dava Torres (como 48 horas antes en Igualada). Internadas de Nil Cervera y Bruno Saavedra, remate en el área de César Carballeira. Era un ataque sin tregua, sin hacer prisioneros. Pero los verdiblancos no encontraban la manera de penetrar el muro defensivo y encontrarle las cosquillas a Arnau Martínez.
Pasaban los minutos. La tensión iba en aumento. Subían los decibelios. Y no cambiaba nada. Una ocasión tras otra, como si estuviesen en un frontón. Arnau Xaus intentó un levanta y pica que en el segundo partido le había valido para marcar. Le taponó el portero. Toni Pérez estuvo a punto de puntear varios disparos en el área. Carballeira empezaba a tirar bombas. Más no podían hacer. El Igualada intentaba responder a la contra, amenazando con sus hombres rápidos y grandes. Nil Cervera estuvo casi perfecto en el repliegue, dando seguridad para seguir el asedio hasta que llegó el empate.
El equipo coruñés estaba buscando mucho el disparo de Carballeira para cazar algún rebote. Un recurso sobre todo cuando no hay manera de encontrar el hueco. Y así fue como Dava Torres fue el más listo en el primer palo, vio adelantado al portero igualadino y solo tuvo que empujarla entre su espalda y la red. El Palacio estallaba. Pero era el momento de ponerle cabeza hasta el descanso, que no pasara como en Igualada, que cuando consiguió empatar le volvieron a marcar. Y hubo una pequeña tregua que solo rompió Bruno Saavedra, que no sabe de eso. Lo intentó dos veces. En una se fue a los suelos y pidió falta. Se fue enfadado al banquillo, desde donde vio amarilla justo antes del descanso con el 1-1.
El inicio del segundo tiempo ya fue a degüello por parte de los dos equipos, que se pusieron con nueve faltas. El Igualada, que parecía que había estado dormido, solo estaba esperando su momento. Otra vez aceleró en el arranque. Marc Carol remató solo en el área y solo se encontró la oposición de Blai Roca, después llegó una triple ocasión en la que el Liceo tuvo que achicar el agua como pudo. Y a la tercera, Miguel Cañadillas ya no falló. Otro golpe. Y pudo ser peor, porque los verdiblancos cometieron la décima. A Biel Llanes se le escapó la directa por centímetros. Una bola salvada. Pero después Arnau Xaus tampoco acertó la suya. Detalles y más detalles.
No era un día para los que padecieran del corazón. De sangre fría no parece que tengan problemas los veteranos. Toni Pérez forzó un penalti de listo y en el momento más delicado asumió la responsabilidad Dava Torres para mandar la bola a la escuadra. Otro empate. Pero el Liceo seguía sin conseguir ponerse por delante cuando se entraba en los últimos diez minutos, en los que se puso a apretar en defensa mientras los dos se ponían con quince faltas, al borde de otra ronda de directas. Dava Torres acudió primero a la cita. Falló. Y ya solo quedaban cinco. Y ahora era el Liceo el que tenía la soga al cuello, sin poder hacer faltas. Aguantó e incluso tuvo fuerzas para intentar evitar la prórroga.
Pero era como si estuviese escrito. Imposible un guión más agónico. Ahora el Liceo tenía dos tiempos de cinco minutos para ese difícil equilibrio de defender sin falta y buscar el gol. El primer tiempo fue suyo y lo rozó Bruno Saavedra, aunque Biel Llanes también creó sensación de peligro, de que cada vez que cogía la bola se inventaba algo diferente. Entre ellos estaba el juego y los dos equipos parecía que se aferraban a alguna de sus genialidades aunque el que lo tuvo más cerca fue Dava Torres. Su tiro lo desvió Arnau Martínez. Se fue hacia atrás y se fue llorando.
Así que todo se decidió en los penaltis. El Igualada había sobrevivido a los cuartos de final contra el Voltregà. Y así ganó la Liga. Se puso por delante con el tiro de Joel Roma, que había empezado la final en la grada, sin ser convocado siquiera. Falló César Carballeira el suyo. Dio esperanzas que Matías Pascual hiciera lo mismo. Pero Dava Torres no pudo repetir en la tanda el acierto durante el partido. No solo no había llegado el empate, sino que Marc González ponía tierra de por medio al marcar el tercero. Nil Cervera, a continuación, mandó la bola al palo. Cuando un destino parece escrito, hasta con la suerte se alía. Si Miguel Cañadillas marcaba, se acababa. No lo hizo y la decisión final estuvo en el stick de Nuno Paiva, obligado a marcar en un último hilo de vida que se rompió.
Liceo 2 (0) - 2 (2) Igualada
Liceo: Blai Roca, César Carballeira, Nuno Paiva, David Torres y Toni Pérez -cinco inicial-. Nil Cervera, Bruno Saavedra, Arnau Xaus y Jacobo Copa.
Igualada: Arnau Martínez, Matías Pascual, Marc Carol, Joan Ruano y Biel Llanes -cinco inicial-. Miguel Cañadillas, Marc González, Álex Cardil y Joel Roma.
Goles: 0-1, m.5: Biel Llanes. 1-1, m.21: David Torres. 1-2, m.30: Miguel Cañadillas. 2-2, m.37: David Torres, de penalti.
Penaltis: marcaron Joel Roma y Marc González por el Igualada y fallaron César Carballeira, Dava Torres, Nil Cervera y Nuno Oaiva por el Liceo y Matías Pascual y Miguel Cañadillas por el Igualada.
Árbitros: Miguel Díaz y Jonathan Sánchez. Mostraron cartulina amarilla a Bruno Saavedra, César Carballeira y Joan Ruano.
Incidencias: Quinto partido de la final del playoff de la OK Liga disputado en el Palacio de los Deportes de Riazor ante 4.200 espectadores.















