No dejes para mañana...
El Liceo está a una victoria de ganar la Liga y firmar un doblete histórico y tiene tres oportunidades para ello: hoy (19.00 horas) o el domingo en Igualada o el martes en Riazor

Sin confianzas pero con ambición. Sin desatar la euforia antes de tiempo, pero dispuesto a no tener que esperar más. La virtud está en el término medio, que patentó Aristóteles. El Liceo afronta el tercer partido de la final del playoff de la OK Liga contra el Igualada (Les Comes, 19.00 horas) con esa doble personalidad. Por un lado sin dar nada por ganado por más de las dos victorias por 8-2 conseguidas en el Palacio de los Deportes de Riazor. Pero también con el convencimiento de que esta noche puede dormir (o no mucho) como campeón. Solo 50 minutos le separan de firmar el doblete con la Copa del Rey (del único hasta el momento hace 35 años), sumar su novena Liga y el título 45 de sus vitrinas. Si no, tendrá otra oportunidad el domingo.
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, que también acuña el refranero popular. Y aunque la ventaja verdiblanca es grande, perder ya le haría afrontar el partido del domingo un poco más entre la espada y la pared para intentar evitar el quinto, aunque este sería en un Palacio de los Deportes de Riazor que esta temporada es garantía de éxito para los coruñeses. El ejemplo más reciente que tienen estos es de hace solo cuatro años, cuando viajaron a Reus en una situación idéntica. Habían ganado los dos primeros partidos de la final (5-1 y 5-2) a los rojinegros, que venían de eliminar al Barça en las semifinales en cinco duelos (lo mismo que ahora el Igualada) e hicieron efectiva a la primera sus tres bolas de campeonato al imponerse en La Bombonera por 2-5.
Las sensaciones acompañan al Liceo porque no fueron simplemente dos victorias, fueron dos partidos en los que pasaron como un rodillo por encima del rival. Pero a domicilio cambia la cosa. Le espera al equipo coruñés un ambiente hostil en una pista en la que no gana desde el 20 de mayo de 2023, es decir, desde hace más de tres años, con un empate y dos derrotas como balance en sus tres últimas visitas. La más reciente, en la primera vuelta de la liga regular, cuando cayó por un contundente 4-0 en el que fue con probabilidad su peor partido de la temporada. Esto mismo se repitió el pasado curso, con un 5-1. Pero es paradójico que Les Comes fuera en ambos casos el escenario donde los verdiblancos tocaron fondo, pero también donde iniciaron sendas resurrecciones.
Un año antes, el Liceo empató a cinco goles en la pista de la comarca de Anoia, lo que puso fin a una racha de 19 victorias seguidas de los verdiblancos sobre el Igualada (desde 2016). Su última victoria allí también fue en playoff, en el de la 2022-23, cuando iniciaban la defensa del título conseguido el curso anterior y en el segundo partido de cuartos de final. Fue un 1-7 que tras el 5-4 en Riazor dio el pase al conjunto de Juan Copa para la siguiente ronda.
Las estadísticas y los precedentes, sin embargo, poco valen en partidos de este tipo que van más allá de lo puramente táctico. Hay más factores en cuenta, físicos y de experiencia, y otros que se escapan a la razón y en los que se apela a los sentimientos. Los dos entrenadores saben muy bien tocar las teclas de sus jugadores para que la cabeza llegue a donde los músculos no lo hacen. El Igualada, que la semana pasada llegaba a Riazor con poco más de 48 horas de descanso después de su quinto partido contra el Barça, tuvo ahora casi una semana en blanco para centrarse en cómo hacer lo que nadie ha hecho hasta ahora en un playoff, darle la vuelta a un 2-0, y tiene que hacerlo sin su capitán, Roger Bars, casi inédito en la eliminatoria, que finalmente no forzó más y pasó por el quirófano.
El Liceo, que ha aprovechado la semana para hacer recuperación y las últimas sesiones de entrenamiento, viaja al completo, con los dos porteros y los nueve jugadores (uno se tendrá que quedar en la grada y salvo en dos partidos le ha tocado a Tombita). También hubo despedidas en el colegio (no se podía esperar más que termina el curso escolar). Porque, ahora sí que sí, puede ser el último partido de los que el año que viene ya no formarán parte de la plantilla. El propio Tombita (Sanjoanense). Nil Cervera (Sporting). Martín Rodríguez (retirada). Y César Carballeira (Porto). Un último baile para un último brindis.
Quedada para ver el partido en A Coruña
Hace cuatro años, cuando el Liceo se jugó ser campeón de Liga en el tercer partido de la final del playoff en Reus, el Ayuntamiento abrió el Palacio de los Deportes de Riazor a la afición verdiblanca, que se pudo reunir allí para seguir en directo el encuentro a través de una pantalla gigante. Esta vez, el club cita a sus seguidores a una quedada en La Cueva (local situado en el bulevar del Papagayo), donde proyectarán el partido que se disputa en Igualada.
También habrá desplazamiento coruñés a la localidad catalana con algunas peñas que confirmaron su presencia, como la Barullo, una habitual en la grada de animación del Palacio de los Deportes de Riazor. En A Coruña, en los dos partidos previos, la afición que vino desde Cataluña fue ubicada en una de las esquinas del recinto para evitar incidentes. Los dos encuentros se desarrollaron con absoluta normalidad tanto en la pista como en la grada.
Últimos entrenos y viaje
Pase lo que pase, esta ha sido la última semana de entrenamientos de la temporada en el Liceo, que echó a rodar el pasado 11 de agosto, acumulando más de 500 horas de vuelo entre sesiones de pista y gimnasio. Y el de Igualada es también el último viaje del curso. La expedición verdiblanca partió ayer por la tarde, pero esta vez no sabe cuándo vuelve. Hay plan A y plan B. Si gana, regresará mañana vía Santiago para celebrar el título en casa. Si no, tendrá que esperar al lunes.
Los deberes con Kike Sanfiz ya están hechos en la plantilla verdiblanca, como se pudo comprobar con la excelente forma física de los jugadores en los dos primeros partidos de la final contra el Igualada, así que tocó una semana un poco más relajada con entrenamientos para fijar y repasar conceptos y sesiones de recuperación. Una de ellas coincidió el lunes con el primer día oficial de playa en la ciudad, lo que hizo que los bañistas coincidieran en el arenal de Riazor con miembros del equipo que a falta de sofisticados tanques de crioterapia acudieron, como durante el resto del año, a sumergirse en las gélidas aguas del Atlántico.

Las manos de Christian Costoya, el fisio, hicieron el resto para poner a punto los músculos para el último empujón, ya sea de uno, dos o tres partidos. Hay jugadores que a estas alturas ya arrastran algunas molestias físicas, como el caso de Nuno Paiva, que tuvo que quedarse en la grada en el último partido de las semifinales contra el Calafell, pero que eso no le ha impedido seguir aportando goles en los dos que van de final frente al Igualada.
El viaje siempre es un factor extra, aunque en este caso parezca solo una anécdota ya que es el vigésimo tercero de la temporada. Catorce han sido a Barcelona para desde allí desplazarse a las distintas localidades; cinco a Portugal; y uno a Alcoi (Alicante), Madrid e Italia. También se acabarán, al menos durante unos meses, antes de que vuelva a girar la rueda para una nueva temporada. Pero antes aún hay que rematar la faena.














