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Liceo

El corazón dividido de Joan Carles, el jugador que ganó la Liga con Igualada, Liceo y Barça

“Me alegraré si el Igualada fuerza el cuarto y también si el Liceo es campeón”, asegura el igualadino, que militó de verdiblanco entre 1989 y 1993

Joan Carles, en un partido con el Liceo contra el Igualada en la temporada 1991
Joan Carles, en un partido con el Liceo contra el Igualada en la temporada 1991
Archivo DXT
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Cuando Joan Carles (Igualada, 1966) decidió cambiar el arlequinado por el verdiblanco, se montón un buen lío en su pueblo y en su club. “¡Uf! No quiero ni acordarme”, exclama el exjugador, uno de los protagonistas del hasta ahora único doblete de Copa y Liga del Liceo en 1991, de lo que hace 35 años. Porque además marcó dos goles que sirvieron para ganar el segundo y definitivo partido de la final del playoff precisamente en Les Comes y al Igualada, lo que podría repetirse mañana. Pero ahora, como espectador de una nueva final que enfrenta a dos de los equipos de su vida (el tercero es el Barcelona), está mucho más tranquilo porque pase lo que pase, tendrá motivos para sonreír: “Me alegraré si el Igualada fuerza el cuarto porque es una proeza a nivel de club y ciudad, sobre todo a nivel de presupuesto; y también si el Liceo es campeón por los grandes recuerdos que tengo de mis años ahí”. 

Carles (que es su apellido y no forma parte de un nombre compuesto, como muchos pensaban) confirma que será uno de los espectadores en el partido de mañana a las 19.00 horas en Les Comes, como también fue a Blanes a ver el quinto duelo de las semifinales entre el Barça, el tercero de sus exequipos, al que se fue tras cerrar su etapa en A Coruña, y el Igualada. “Tengo muchas ganas de ver a Juan Copa y decirle que me encanta el trabajo que está haciendo”, se rinde al entrenador coruñés, con el que se midió alguna vez en pista cuando los dos eran jugadores. “Es de esas personas con las que no sabes por qué, pero que conectas”, recuerda. 

Porque además solo tiene cosas buenas que decir del equipo al que dirige tras los dos primeros partidos de la final que terminaron ambos con un resultado de 8-2: “He visto a un Liceo muy bien posicionado, arrollador, el mejor de la temporada. Me ha gustado su ritmo, su liderazgo, los recursos que tiene por las características de cada jugador, que son muy distintas... Es un equipo muy compensado. Y Copa me gusta por cómo mentaliza a los jugadores según los tempos del partido, si están por delante o por detrás. Y tiene más magia. Da gusto verlos jugar”. 

Aun así, recomienda al Liceo que no viaje a Igualada confiado. “Ha sido superior en los dos partidos. Pero hay que tener respeto. Lo digo por experiencia. Juegas dos partidos, te parece que has ganado los dos primeros y es muy difícil que el contrario te pueda ganar tres. Pero esto es engañoso. Hay que ir partido a partido y lo pasado, pasado está. Es lo mismo que como con las jugadas durante un partido. Cuando cometes un error, tiene que olvidarte de él y estar concentrado en las próximas decisiones. Esto es lo mismo”, opina sobre lo que le espera al Liceo en el tercer partido. 

Porque a él también le gusta lo que ha visto esta temporada del Igualada, al que entrenó entre 2007 y 2010. “Vi las semifinales contra el Barça, que tengo que decir que no me gustó nada, ninguno de los partidos. Y el Igualada sí. Es un equipo muy defensivo, con jugadores con envergadura y el portero contra el Barça estuvo muy bien. Son gente trabajadora, humilde, constante. Yo creo que vamos a ver otro Igualada aquí en Les Comes y que volverán a recuperar ese nivel. No creo que se den por vencidos”, afirma, aunque reconoce que los dos 8-2 han tenido que ser un golpe moral. “Si pierdes el primero 1-0 y el segundo en los penaltis, irías 2-0 igual, pero la visión sería distinta”. Por eso entiende que lo mejor para los dos equipos es olvidar los resultados. “Les dará la humildad suficiente para afrontar el partido, a uno sin pensar que todo está perdido y al otro para no darlo todo por hecho”. 

Joan Carles valora lo que ha tenido que hacer el Igualada para recuperarse como club y volver a estar entre los grandes de España y de Europa después de su gran eclosión de los años 90. “El entrenador (Marc Muntané) ha tenido una gran visión y ha trabajado duro, lo sé, porque me lo han comentado. Y es un buen entrenador. Sabe utilizar las piezas que tiene. Porque es muy distinto los jugadores que tiene el Liceo con los del Igualada”, comenta, “y poco a poco ha ido complementando con piezas, con gente joven que está demostrando una buena calidad y un buen futuro y está teniendo una gran progresión, aunque a ver qué pasa el año que viene, que habrá cambios”. 

Una salida polémica

De la plantilla del Igualada se marchan varios jugadores. De la del Liceo también. Es ley de vida. A él le pasó, que cambio primero el Igualada por el Liceo y después el Liceo por el Barça. “Yo tenía hablado con la directiva que aunque tuviera contrato, si venía a por mí un equipo de los grandes, que en ese momento eran el Barcelona y el Liceo, había que hablar las cosas. Pero claro, las cosas habladas al final se las lleva el viento y lo que vale es el papel”, comenta sobre la polémica de su fichaje en la temporada 1989-90, supliendo en la plantilla liceísta a Kiko Alabart y para compartir equipo con jugadores como José Luis Huelves, Daniel Martinazzo, Fernando Pujalte, Roberto Roldán, Toni Rovira y Willy Duarte

Era mi ilusión desde pequeño, jugar en uno de esos dos equipos. Y el Liceo se adelantó al Barcelona. Y me hacía mucha ilusión jugar con las estrellas que había aquí, que todos eran buenísimos. Y esa ilusión que llevaba dentro es la que me hizo decidirme por salir. Nada más”, vuelve al pasado revisando lo sucedido. “Además yo era un pueblerino de una familia humilde. Era una oportunidad para vivir la experiencia de irme de casa, como una aventura. Y me hizo ilusión”, continúa, todavía con algo de dolor en el corazón por el hecho que esta decisión no sentara nada bien en algunos sectores de su ciudad natal. “No lo digirieron muy bien, pero profesionalmente lo aguanté porque era un tío con carácter y en la pista no me debilitaba nada lo más mínimo. Pero no me gustó tener que pasar por todo eso”, reconoce. 

Pero se queda con los recuerdos positivos. “Con toda esa gente que me ha transmitido cariño. Y en Coruña me dieron mucho amor y me lo pasé realmente bien los cuatro años que estuve allí. En Barcelona también (fueron cinco). Entonces me llevo eso, los grandes amigos que tengo en todas partes". De hecho, no hace mucho que estuvo en A Coruña, y que Fran Tato, delegado y utillero del Liceo, que lo vio rondando por los exteriores del Palacio de los Deportes de Riazor, le abrió las puertas del vestuario. “Estuve con mi hijo pequeño sacándome fotos allí. Muy guay. Soy un tío sensible y esto me llegó mucho”. 

Da la casualidad que en ese vestuario el dos, que era su número, lo lleva otro igualadino, Nil Cervera, que puede repetir su destino. “Viendo al Barça me dio la sensación de que faltaban líderes. Viendo al Liceo ves que van sobrados, que están impregnados con el ADN de la garra. Están Toni, César, Dava. Está Nil aunque sea más joven. Está Bruno. Está Arnau... Para mí han sido los mejores durante todo el año”, concluye. 

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