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Liceo

José Ares, más fiable que un cuatro latas

El mítico entrenador de base sigue al pie del cañón a sus 74 años, igual que su Renault 4 en el que las jugadoras del Liceo se pelean por ir

José Ares, junto a su cuatro latas
José Ares, junto a su cuatro latas
Dani Patiño
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Cuando se fue hasta Serra de Outes a comprar el cuatro latas con el que se desplaza por la ciudad (nombre popular con el que se conoce al Renault 4), el vendedor se sorprendió al ver su nombre cuando estaban cubriendo los papeles. “¿Eres José Ares, el José Ares entrenador de hockey?”, le preguntó. “El mismo”, contestó. Resulta que había sido alumno suyo cuando estuvo interno en el Liceo. “Pero no me hizo ni un pequeño descuento”, se ríe Ares, que vive escenas parecidas casi a diario. Es probable, de hecho, que si estás leyendo esto, tienes menos de 60 años y has jugado alguna vez a hockey, tú también hayas pasado por sus manos. Porque lleva cinco décadas y, a punto de cumplir 75, sigue al pie del cañón. “Bueno, cada vez me cuesta más ir a los entrenamientos”, dice. Pero es más fiable que su cuatro latas. Siempre arranca. Modelo clásico, garantía segura. Una pareja legendaria. 

Empieza la temporada de Campeonatos de España y hablar de hockey base es hablar de José Ares. De ayer y de hoy. Cincuenta años viendo pasar una generación tras otra. “Hubo temporadas en las que llevé equipos y escuelas... así que echa cuentas”, intenta poner una cifra de todos a los que enseñó a patinar. Él, que paradójicamente se subió a los patines en contadas ocasiones. “En los torneos sociales que hacíamos en el Club del Mar. Yo hacía halterofilia y en verano cruzábamos deportes. Los de halterofilia nos poníamos los patines, los de hockey jugaban al bádminton y así”, recuerda. “Yo me aguantaba encima de ellos. Pero patinar es otra cosa”, reconoce. 

“Un profesor de Universidad no es nada sin el de Primaria, igual con la base” 

Lo cierto es que siempre le habían ido las ruedas, pero más bien las de las motos y los coches, de las que es un apasionado. “Las bicis no, que había que hacer mucho esfuerzo”, bromea. El flechazo ocurrió en el Campeonato del Mundo que se celebró en el recién inaugurado Palacio de los Deportes de Riazor en 1972. “Descubrí el hockey y ya no me perdí ningún partido del Mundial”, echa la vista atrás. Cinco años después empezó a colaborar en el Club del Mar, donde practicaba otros deportes. “Veían que me gustaba y que iba con los chavales y me llamaron”. Primero como delegado, pero parecía que se le quedaba corto. Quería dar un salto. “Hice el curso y saqué el título de entrenador profesional. Y desde ahí, hasta ahora”, señala. 

Llegó al Liceo a principios de los años 80, donde por un lado, bebió de la sabiduría de los grandes, como Carlos Gil, su mayor maestro; convivió con sus principales estrellas, siendo íntimo amigo del recientemente fallecido Mario Agüero, que siempre le ofrecía su casa para viajar a Argentina, e incluso fue socio de Carlos Figueroa en una tienda de deportes en la ciudad (“hablábamos más de hockey que de cómo nos iba el negocio y así nos fue”); y se fue especializando en el trabajo con la base. “Me lo propuso Augusto (Lendoiro). Yo en aquel momento lo que quería es como todos, coger a un equipo desde benjamines y llevarles hasta campeones del mundo”, admite. Pero el expresidente le hizo cambiar de opinión: “Me explicó que el profesor de Universidad no podría hacer de nada sin el de Primaria, y que de este depende cómo van a llegar los alumnos hasta allí arriba”. 

“Ahora los niños están demasiado protegidos y no sacan tanto el carácter” 

Se puso en serio con la formación. Sobre todo para intentar suplir sus carencias a nivel de patín. “Siempre es más difícil explicar cómo se hace un ejercicio si tú mismo no lo sabes hacer. Y alguien que sí lo tendrá más fácil. Pero igual no es tan constante y trabajador como yo”, se defiende. Cuando alguno de sus jugadores se iba por estudios a Estados Unidos, les pedía material sobre hockey hielo, utilizando muchos de sus ejercicios. También se infló a vídeos de baloncesto. “Ahora es más fácil, pero entonces tenía que ir haciendo así”, comenta. Cogiendo cosas de aquí y de allá para ir haciendo su propio estilo y marcando época. Pasó en varias etapas por Compañía de María. Estuvo en Argentina y en Colombia, también en el País Vasco. Pero solo tuvo una experiencia en la élite de la que todavía hoy se arrepiente. “Cuando ascendió el filial, el Liceo La Paz, me pidió Carlos Gil si me podía hacer cargo. Sigo pensando que les fallé, que no estaba preparado”, se lamenta por el descenso de aquel año (1999). 

Todo este tiempo dedicado a la enseñanza le permite hacer un análisis de cómo han cambiado los niños. “Fundamentalmente yo creo que es algo que viene de casa. Porque ahora están demasiado protegidos. Y así es muy difícil sacar el carácter que tenían, no todos, pero sí muchos niños de antes, ese carácter competitivo, de no darse nunca por vencidos, que aún encima, si tú se lo avivabas un poquito, sacabas buenos resultados. Ahora son como más conformistas. Si sale, sale”, reflexiona. “Y luego está el tema de los padres”, continúa. Pone de ejemplo a Juan Copa, a quien entrenó en el Club del Mar (“y era el ojo derecho de mi mujer”). “Me preguntó un día si su padre venía a hablar conmigo y le dije que sí, pero que de todo menos de hockey”, se ríe. “Pero ahora te vienen y por qué jugó cinco minutos en vez de siete o por qué no salió o por qué jugó todo el partido si estaba cansado”, critica. 

Una mirada al femenino

Hace unos años, en su enésimo regreso al Liceo (siempre vuelve), Ares se dio cuenta de que el futuro estaba en el hockey femenino. “Una licencia femenina vale lo mismo que la masculina. Y nadie miraba para ellas”, se queja y apunta que es por ahí por donde cree que se puede seguir creciendo como deporte porque los márgenes de mejora son enormes. En los últimos cinco años, el cambio ya ha sido brutal. La Liga autonómica benjamín en categoría femenina contó esta temporada con 12 equipos. Antes sería impensable. La alevín, con 10 (en infantil ya baja a 8 y en juvenil, a 4). Uno de ellos, el Liceo que él entrena, campeón de la competición regular, de la Final a Cuatro gallega y del sector norte de clasificación para el Campeonato de España junto a los mejores equipos de Asturias. 

"Una licencia femenina vale lo mismo que una masculina y nadie les hacía caso" 

“Yo lo veo con posibilidades de hacer algo, pero los partidos hay que jugarlos. Ya lo decía Andrés Caramés, los partidos cambian minuto a minuto. Yo incluso diría que cada quince segundos”, analiza. “Hay que ver cómo lo toman. Pero yo después de estar viendo el Campeonato de Cataluña y el sector de Madrid, yo creo que podemos tener posibilidades. Tenemos un equipo muy completo”, valora. Da las gracias a Dominicos y Escola Lubiáns, que ceden a una jugadora cada uno a través de las licencias vinculadas que permiten que si no hay un equipo femenino en el club de procedencia, puedan jugar con otro. La mayoría son del colegio y las que conoció casi en pañales, cuando Noe Uzal, su mano derecha, lo “lió” para hacerse cargo del grupo. A las que son de fuera, las va a buscar para ir a entrenar y las lleva a casa después en su cuatro latas. Casi hay peleas por un asiento. Subidas en la Joseneta a toda velocidad a por el Campeonato de España. 

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