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Liceo

Fado de despedida del Liceo en la Champions

Los verdiblancos cayeron en cuartos de la Final a Ocho de la Champions ante un Porto más efectivo y que impuso el brillo de sus estrellas (6-2)

Nuno Paiva defiende a Gonçalo Alves en el partido de cuartos de la Champions entre el Liceo y el Porto
Nuno Paiva defiende a Gonçalo Alves en el partido de cuartos de la Champions entre el Liceo y el Porto
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Dicen que la primera vez es para intentarlo, la segunda, para ganarlo. Es un poco la filosofía de Juan Copa. Llamar a la puerta tantas veces como haga falta para que un día se abra. El Liceo volvía a una fase final de la Champions y se despidió a la primera, eliminado por un Porto que no solo fue más efectivo, sino que tuvo más temple en los momentos clave. El sueño de los verdiblancos duró media parte. Incluso fueron por delante. Pero en la segunda les costó aguantar el ritmo que impuso la constelación de estrellas del rival. Se sentaba una. Entraba otra. Y así todo el rato. Ante eso hay que rozar la perfección y en cuanto apretó, cedieron las costuras.

La batalla empezó de cuerpo a cuerpo. Un ataque aquí, uno allí, así consecutivamente, sin descanso. El Porto lanzaba desde cualquier distancia, aprovechándose de la histeria que pueden provocar los temidos disparos de Gonçalo Alves. El Liceo presionaba arriba y salía a la contra, con Bruno Saavedra reconciliándose con la competición europea. No jugaba desde el partido contra el Benfica. Después tuvo que cumplir cuatro partidos de sanción. Juan Copa tiró de las ganas acumuladas del santiagués, MVP de la Copa del Rey, para ponerle a trabajar. Blai Roca y Xavi Malián mostraban sus credenciales.

La primera vez que se detuvo el juego, a petición de portero exliceísta, en la megafonía sonaba un Iñigo Quintero maquinero. Quizás una metáfora de lo que se estaba viendo en la pista. Eran los coruñeses de siempre, pero una versión acelerada. Bien trabajado en defensa, con continuas ayudas y bloqueos de los tiros rivales. Y flechas en ataque. Incluso Malián se enfadó con sus compañeros y con el carácter que le caracteriza pegó un par de stickazos en el suelo para llamarles la atención. Le estaban llegando muchas, muchas bolas. Y no le estaba gustando.

Con las rotaciones cambió también el ritmo del partido. Se volvió un poco más estático, con el Liceo esperando más que yendo a buscar la bola. La velocidad de Pol Manrubia, subiendo como un avión por la banda derecha del ataque portista, empezó a hacer daño. Le cubrió Nil Cervera, le cubrió incluso Toni Pérez, lo intentó también Arnau Xaus. Pese a eso, los verdiblancos parecían tener controlado el partido desde la defensa. Tuvo un aviso, con Carlo di Benedetto fallando las que no suele en el segundo palo. Lo intentaba también Gonçalo Alves desde lejos, incluso Eduard Lamas, que tuvo algunos palabras con sus paisanos.

Parecía que el Liceo había dado un pequeño paso atrás, viéndose encerrado por el Porto. Pero cuando fueron volviendo poco a poco los titulares a pista, salió otra vez de su escondite. Entre Nuno Paiva y César Carballeira parecían tener controlado a Carlo di Benedetto en un ejercicio defensivo y de anticipación. Desde el banquillo gritaban sus nombres una y otra vez sus compañeros, animándoles y reconociéndoles el esfuerzo. Y el portugués se vino arriba. Condujo la bola con su elegancia natural, dribló hacia dentro y chutó a gol. Marcaba no solo el primer gol del Liceo, sino de toda la Final a Ocho. Y ponía por delante al Liceo, que veía así premiado su esfuerzo. En la acción, Paiva quedó en el suelo por un choque con Torres. Pero pudo seguir el partido.

Quedaban cuatro minutos para el descanso y el Porto reaccionó. Blai Roca sacó con el hombro un potente disparo de Gonçalo Alves y después otro con el casco de Rafa Costa. Y consiguió algo que no había podido hacer en todo el partido, correr. Prácticamente en su primera acción a la contra, en la que al Liceo no le dio tiempo a bascular y ordenar la defensa, Gonçalo Alves asistió al segundo palo a Carlo di Benedetto. que llegaba a toda velocidad. Forman una conexión letal e dieron la enésima demostración de cómo jugar de primeras. El empate llegaba también justo antes del descanso. El Liceo quedó tocado y terminó el primer tiempo sacándose bolas de encima.

Y no empezó mucho mejor el segundo. El VAR que tanto le había dado en la Copa del Rey le salvó de la primera. Marcó Helder Nunes, pero Blai Roca se comió al árbitro en las protestas. El sistema de revisión no funcionaba con en Sant Sandurní d'Anoia, que los equipos disponían de una tarjeta por tiempo para solicitar la visión de las imágenes, al estilo del Ojo de Halcón en el tenis. En esta Champions tenía que entrar de oficio, si los árbitros eran avisados por los responsables del SRV si era necesario verificar algo. Los jugadores del Liceo les insistían. Estaban segurísimos. Finalmente desde la mesa llamaron a la pareja italiana, que comprobó cómo Eduard Lamas empujaba al portero liceísta en la jugada.

Dio igual. Era solo el principio del fin, más que un aviso, un síntoma de que el Porto le había tomado el pulso mejor a la segunda parte y que solo iba a ser cuestión de tiempo. Tenían mucho por delante, pero los portugueses salieron con prisa, con hambre de dejar cuanto antes sentenciado su presencia en las semifinales. Cualquier error penaliza cuando delante tienes un gigante. El Porto exige la perfección. Y le costó al Liceo mantener esa concentración en defensa que le había dado alas en el primer tiempo. Sin ella, el Porto sacó petróleo de cada pérdida, de cada hueco, de cada despiste y de cada segundo en el que un jugador verdiblanco llegó tarde a una ayuda o a cubrir un disparo. Carlo di Benedetto se aprovechó primero. Ahora sí. El Porto se ponía por delante. Y Rafa Costa le acompañó con un potente disparo por la escuadra de Blai Roca. En dos minutos los portugueses machaban las ilusiones coruñesas. Remontar un gol podía ser. Dos ya difícilmente. 

Frenó la sangría el Liceo, que aún se veía con posibilidades. Nunca tira la toalla. Aunque parezca una misión imposible más propia de Tom Cruise. Sobre todo porque no encontraba la manera de sorprender a Xavi Malián. No parecía que desde lejos pudiera ser. Y todo se complicó más aún cuando en otro despiste Ezequiel Mena marcó el quinto. Si no era la sentencia, se le parecía. Porque el lenguaje corporal de los verdiblancos ya no era el mismo que el del primer acto. Y porque se acababa de entrar en los últimos diez minutos. 

La resiliencia del Liceo es bien conocida. Y cuando los árbitros señalaron penalti a su favor, Toni Pérez lo celebraba como si fuera la victoria intentando también contagiar a los suyos de ese ánimo de que todavía era posible. Más cuando César Carballeira transformó el lanzamiento. Había vida. O la hubo durante un minuto, lo que tardó el Porto en dejar claro que ese era su día. Otra vez que Mena se quedó solo. Y otro gol con una definición perfecta en el mano a mano. El Liceo no quería irse con mal sabor de boca e incluso lo intentó sacando al portero para atacar en superioridad en el último minuto. Solo le costó el sexto, de Rafa Costa a puerta vacía, que puso la nota final a un fado de despedida.

Porto 6 - 2 Liceo

Porto: Xavi Malián, Gonçalo Alves, Rafa Costa, Helder Nunes y Carlo di Benedetto -cinco inicial-. Edu Lamas, Ezequiel Mena, Pol Manrubia y Telmo Pinto.

Liceo: Blai Roca, César Carballeira, Nuno Paiva, David Torres y Bruno Saavedra -cinco inicial-. Nil Cervera, Jacobo Copa, Toni Pérez y Arnau Xaus.

Goles: 0-1, m.21: Nuno Paiva. 1-1, m.23: Carlo di Benedetto. 2-1, m.31: Carlo di Benedetto. 3-1, m.32: Rafa Costa. 4-1, m.41: Ezequiel Mena. 4-2, m.44: César Carballeira, de penalti. 5-2, m.45: Ezequiel Mena. 6-2, m.49: Rafa Costa.

Árbitros: Joseph Silecchia y Francesco Stallone (Italia). Sin tarjetas.

Incidencias: Partido de cuartos de final de la Final a Ocho WSE Champions League disputado en el Pavilhão Mário Mexia de Coimbra (Portugal).

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