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Liceo

A cincuenta minutos de la gloria

El Liceo se clasifica para la final de la Copa del Rey con otro ejercicio defensivo descomunal con el que superó al Igualada por 2-1 y ahora se cita por el título con el Calafell

Nil Cervera presionado por Matías Pascual en el partido de semifinales de la Copa del Rey entre el Liceo y el igualada
Nil Cervera presionado por Matías Pascual en el partido de semifinales de la Copa del Rey entre el Liceo y el igualada
David Valiente / RFEP
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María Varela. Sant Sadurní d'Anoia

El Liceo jugará la final de la Copa del Rey contra el Calafell este domingo a las 11.45 horas. El equipo verdiblanco volvió a ser una roca defensiva, con Blai Roca de muro definitivo, para frustrar al Igualada en un partido de máxima intensidad. Un gol a los 13 segundos de Dava Torres y otro de Nil Cervera a falta de cinco sirvieron para que el equipo coruñés luche por su primer título de un curso mágico. Ahora solo queda el Calafell, que eliminó al Barcelona. Los de Juan Copa dominaron los dos duelos de la temporada. Pero aquí será una nueva batalla con un pronóstico incierto.

No había tenido el Liceo su mejor partido el día anterior en los cuartos de final frente al Alcoi. En realidad, no hacía ni 24 horas. Porque los verdiblancos se fueron del Ateneu pasada la medianoche. Las sensaciones no habían sido buenas, pero se ganaron otra oportunidad. Salieron dispuestos a no desaprovecharla. Y tardaron solo 13 segundos en ponerse por delante en el marcador. Saque de centro, pase atrás del capitán a Nil Cervera, que lanzó un misil directo a puerta. Arnau Martínez despejó, Bruno Saavedra metió como pudo el stick hacia atrás para dar una asistencia a Dava Torres, que con un toque sutil batió al portero igualadino.

El plan de partido cambiaba. La bola ya estaba en el tejado del Igualada Y el Liceo se siente cómodo en esa tesitura, a la que ya está acostumbrado, juntándose atrás. Puede que el conjunto arlequinado se esperase un escenario más abierto, pero quedó a merced de las transiciones de los verdiblancos. Los de Juan Copa estaban muy atentos a los pases al área, bien blindada por Blai Roca. Lo intentaba con disparos lejanos, pero también tenían sus peligros en su contra porque en cuanto los coruñeses recuperaban, salían corriendo y no se lo pensaban, chutando a puerta desde cualquier parte de la pista, sobre todo un especialmente motivado Nil Cervera o con un tiro al palo de Nuno Paiva.

El Igualada achuchó en la recta final. Blai Roca salvó dos goles prácticamente cantados, dos auténticos milagros. Otros dos los anularon los árbitros, ambos por altura. En el primero, en el que Marc Carol cazó en el aire un rechace de un tiro de Matías Pascual que se había ido a las nubes, el Igualada hizo uso del SRV, pero los colegiados no cambiaron su opinión y se quedaron sin más opciones. El segundo, de Joel Roma, ya no lo protestaron. Muy claro que levantó el stick en una acción muy parecida.

El Liceo ni usó su opción de revisión. Estaba muy centrado en lo suyo, buen trabajo defensivo e intentar salir cuando tuviera la oportunidad. Así pasó justo antes del descanso. Arrancó Nil Cervera, se plantó frente a un Arnau Martínez que se jugó el físico para frenar la entrada del igualadino. Nuno Paiva, que lo había visto en primera línea, se lamentaba de la ocasión perdida. Había quedado muy poco. 

Protagonismo del VAR

La dinámica cambió en el segundo tiempo. Más que nada porque al Liceo le tocó afrontar cuatro de los siete primeros minutos en inferioridad. No tuvo mucha opción a intentar algo más. Nada más salir, azul a Nil Cervera. primer esfuerzo extra y saldados sin más consecuencias que el cansancio físico que se iba acumulando, con Dava Torres saliendo periódicamente para ser atendido de las molestias físicas que arrastró las semanas previas y con las que llegó a la Copa.

Justo nada más recuperar al quinto hombre, Nuno Paiva forzó la décima falta del Igualada. Entró desde el banquillo el especialista Arnau Xaus para tirar la directa. Lo tenía todo hecho, pero quiso ajustar tanto al palo que se le fue fuera. 

La bola parada es de esos detalles que marcan la diferencia y de los que siempre hablan los entrenadores. Sobre todo si uno falla y el rival acierta. Se había visto en la semifinal previa, cómo el Calafell se había agarrado a ella, recordando al Liceo que ganó la Copa en A Coruña en 2021 y la Supercopa solo unos meses después. 

Volvió a entrar en juego el SRV. Lo vio muy claro el entrenado del Igualada que se fue como un cohete tarjeta en mano a la mesa. Los árbitros le dieron la razón. Azul a César Carballeira y penalti. Y ahí Roger Bars es muy difícil que falle. Es un auténtico toro. El único que físicamente puede poner en aprietos a César Carballeira. 

1-1 y con el castigo de jugar dos minutos con uno menos. Otro esfuerzo extra del que lograron salir indemnes de nuevo, aunque con el partido empatado. Y aún tuvo que superar una prueba más al cometer la décima. Roger Bars, que solo un minuto antes había transformado el penalti, hizo uno de su potente chut. Las guardar de Blai Roca escupieron su disparo.

Juan Copa también sabía usar el SRV. En esta ocasión el que lo tenía claro era Toni Pérez, en la grada pero lo más cerca que podía del banquillo. Llenas se había tirado a bloquear una bola. La tocó en el suelo. Los árbitros pitaron falta. Pero el asturiano se dio cuenta de que era el último defensor. Y así fue. Directa en la que Dava Torres se encontró en el último momento con Arnau Martínez.

De bola parada a bola parada se entró en unos últimos diez minutos frenéticos. Con los dos equipos volcados en marcar. En una portería se lucía Arnau Martínez. En la otra, Blai Roca volviendo a ser salvador y decisivo con otras dos paradas de museo. A los verdiblancos les quedó otra oportunidad a bola parada. Tercer lanzador diferente. Pero el mismo resultado. Esta vez Nuno Paiva se estrelló contra el palo.

Se bajó de los cinco minutos y Nil Cervera cogió la bola a media pista. Lo había intentado unas cuantas veces durante el partido. Casi nunca había estado demasiado acertado ante su exequipo. Pero en este salió con más convicción que nunca. El premio fue el misil que enchufó que se se quedó sin más oposición de Arnau Martínez. 

El Liceo entró en modo supervivencia. Juan Copa no dejaba de hacer el gesto a sus jugadores que se juntaran. Porque así era la manera de llegar a la final. Juntos. Todos a una. El Igualada quitó al portero en el último minuto y medio. Una situación que el Liceo tiene más que estudiada. Incluso pudo sentenciar a puerta vacía. Dava Torres retuvo la bola hasta que sonó la bocina y entonces, sí, hubo celebración.

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