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Liceo

Penalti, superioridad y directa, el Liceo tira de efectividad para ganar en Noia (1-3)

Los verdiblancos aprobaron la asignatura pendiente de la bola parada con dos de sus alumnos más aplicados: Nil Cervera y Arnau Xaus

Los jugadores del Liceo celebran un gol en Noia
Los jugadores del Liceo celebran un gol en Noia
Eva Pedrola
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Los jueves son días voluntarios de entrenamiento en el Liceo. Y en el Palacio de los Deportes de Riazor no fallan Nil Cervera y Arnau Xaus. El pasado incluso se quedaron un tiempo extra ensayando la bola parada. Juan Copa había dicho que había que mejorar. El equipo no había metido ninguno de sus siete intentos, seis faltas directas y un penalti. "Blai, unos tiros más", le pedía incluso Cervera a su compañero mientras buscaba una bola en concreto entre las dos docenas que descansaban un pequeño cesto. No valía una cualquiera. Así que cuando en el partido contra el Noia los árbitros señalaron penalti sobre Tombita y el entrenador liceísta le dio los galones al dos para tirarlo, el destino estaba escrito desde mucho antes. Porque la suerte hay que buscarla. Y cuando Cervera se plantó ante el meta local con su seriedad habitual y chutó, mandó la bola perfecta a la escuadra. Fue el empate y el inicio de una remontada con sello de rentabilidad. Cuando todo se atasca, como el partido tosco, duro y físico en el Ateneu, es importante primero sellar la portería propia y segundo tener otro tipo de recursos arriba. Y el Liceo los aprovechó todos. El penalti. Un gol de Dava Torres en superioridad. Y una falta directa de Arnau Xaus, otro de los estudiantes aplicados, para ganar por 1-3.

Victoria a domicilio para mantener el ritmo del Igualada, que se impuso al Reus y sigue primero con dos puntos de ventaja sobre los verdiblancos, tres con el Barça que juega esta tarde en Lleida y ya con seis de margen sobre el Reus (a cuatro del Liceo), que va dejando la cabeza de la OK Liga en un triunvirato. El próximo fin de semana hay descanso liguero, con jornada entre semana, el jueves, de Champions, en Barcelos. El Liceo retomará la competición doméstica a finales de mes, el sábado 29, recibiendo en el Palacio de los Deportes de Riazor, donde se ha hecho fuerte, al Voltregà.

Los verdiblancos habían sufrido la dificultad de jugar fuera de casa en sus últimas salidas, un empate en Sant Just, una derrota en Igualada, dos pistas que se le están atragantando en los últimos tiempos. Y no es que el Ateneu se le dé históricamente mucho mejor, pero sí que sacó resultados positivos en sus últimas visitas. Juan Copa volvió a tirar del cinco del año pasado, más compensado, para unos intensos primeros minutos, muy físicos, en los que los dos equipos intentaron marcar terreno más que llegar a la portería contraria.

Nadie daba un paso atrás y eso provocaba algún rifirrafe. Aleix Esteller, capitán local, empujó por detrás a César Carballeira, que impidió el saque rápido de una falta. El coruñés se giró y se encaró verbalmente con él. Le señaló con el dedo. Los árbitros tiraron por el camino del medio. Azul para los dos, por lo que se dio a paso a dos minutos de tres para tres. La intensidad seguía siendo muy alta. Era como si el Liceo se hubiese encontrado con la horma de su propio zapato. Un equipo que le aguantaba a nivel físico. Manos, bloqueos, sticks y patines. Muy duro. Así que a los verdiblancos les costaba correr y desplegar su juego.

Y más incómodos se quedaron tras recibir el 1-0 en una jugada muy protestada por el equipo coruñés, de hecho Blai Roca vio tarjeta amarilla, que pedían altura en el remate de Xavier Aragonés, que levantó el stick para rematar de arriba a abajo. El partido era trabado, accidentado, sin ritmo, con continuas interrupciones. Los árbitros no contentaban a nadie. Pero al Liceo lo tenían desquiciado. Porque poco después estimaron que un bloqueo de Tombita a Esteller para hacerse sitio en el área eran suficiente para sacarle una azul al argentino, que acababa de salir a pista desde el banquillo y tenía que volver a sentarse mientras que sus compañeros se veían obligados a resistir dos minutos con uno menos.

Redención de Tombita

Blai Roca, que volvía a la que fue su casa las últimas cuatro temporadas, sostuvo al Liceo, bien en defensa, pero al que le estaba costando encontrar la portería contraria. Tombita volvía a pista después de su azul y se resarció provocando el penalti perfectamente ejecutado por Nil Cervera. Quedaban cinco minutos para el descanso y el Liceo volvió a tener ocasión cuando los árbitros enseñaron la tarjeta azul a Pablo Nájera. Con uno más, los verdiblancos dispusieron dos tipos de armas sobre la pista. O el disparo de sus cañoneros. O la conexión con un Toni Pérez peleón en el interior. Prácticamente iban alternando intentos y fue desde fuera del área, con un disparo del capitán Dava Torres, la forma que encontraron para abrir hueco.

El conjunto liceísta se fue al descanso con ventaja en el marcador de goles, pero también en el de faltas, con tres para los locales y seis para los visitantes. La tendencia cambió en el inicio del segundo tiempo con cuatro seguidas del Noia, aunque otra vez los árbitros se llevaron la mano al bolsillo para sacar una tarjeta, esta vez una azul a Toni Pérez, que llevaba un par de jugadas teniendo de todo con Xavi Costa en el área. Otra vez le tocaba aguantar al Liceo en inferioridad y otra vez en la que doblegaba esfuerzos defensivos y surgía Blai Roca, por lo que los de Sant Sadurní no podían aprovechar los dos minutos con uno más. Los detalles estaban marcando la diferencia.

Y más cuando el Noia cometió la décima antes que el Liceo. Arnau Xaus, de Pla del Penedés, un pueblo a solo diez minutos en coche de Sant Sadurní d'Anoia, rompió con el maleficio. Había fallado cuatro directas esta temporada. A la quinta fue la vencida. Un par de ganchos y para dentro. Rápido y letal. Y también muestra de su tenacidad. No se vino abajo por un inicio de curso dubitativo. Siguió trabajando, pasó de ser el último en las rotaciones del entrenador al quinteto inicial y a volver a marcar con asiduidad.

Quedaban catorce minutos y el Liceo tenía que administrar su renta. Es algo que se le da bastante bien, se suele manejar bien en esas aguas. También era muy importante no entrar en provocaciones. Jugadores tan duros en defensa como para tirar al suelo a César Carballeira, caían en cambio al soplo de una brisa cuando eran los que atacaban. Los verdiblancos aguantaron e incluso estiraron al máximo el momento de cometer la décima falta. Llegó a cinco para el final. Roca puso el candado ante el tiro de jugada de Xavier Aragonés. No tiró la toalla el Noia, pero casi. Ni siquiera lo intentó sin portero en los últimos dos minutos. Y el Liceo pudo celebrar su segunda victoria seguida, las dos por 1-3, en Noia.

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