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Rivales

El análisis | La Cultural ya no solo juega bonito

Cuco Ziganda ha logrado dotar de más fiabilidad defensiva a un bloque que destaca en ataque posicional pero sufre en balón parado

Manu Justo, celebrando junto a Bicho un gol de la Cultural Leonesa en Zaragoza
Manu Justo, celebrando junto a Bicho un gol de la Cultural Leonesa en Zaragoza
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La Cultural y Deportiva Leonesa se adapta a la Liga Hypermotion y llegará a Riazor (sábado, 18.30 horas) como un colectivo que ya compite, como mínimo, al nivel medio del resto de equipos de la categoría. Lo hace de la mano de un José Ángel ‘Cuco’ Ziganda que, en sus primeras seis jornadas dirigiendo al equipo, ha multiplicado por 2,5 los puntos cosechados en la media docena de partidos iniciales que el club permitió dirigir a Raúl Llona.

No hubo paciencia con el técnico riojano, héroe desde el banquillo del regreso de la entidad culturalista a la categoría de plata. Su trayectoria de más a menos el pasado curso le acabó dejando sin crédito demasiado pronto. Y eso que logró que la Cultu regresase a una liga que no pisaba desde que Rubén de la Barrera le devolvió a ella en el 2017, 43 años después.

Llona había logrado dotar al equipo de un sello tan característico como tenue. Porque la Cultural era un equipo que sabía qué hacer con balón, pero al que le hacían demasiado daño con demasiado poco.

No está sucediendo lo mismo con el ‘Cuco’ al mando. El preparador navarro ha logrado dotar de más estabilidad defensiva a una escuadra que mantiene gran parte de esa querencia por el esférico, aunque sabe vivir sin él. De hecho, es uno de los conjuntos en esta Segunda División que menos dispone de la pelota. No busca recuperarla a toda costa, pero sí la juega de manera combinativa una vez la tiene en sus pies.

Al apoyo y por dentro

No ha dejado de arriesgar con balón la Cultural bajo la dirección de Ziganda. La Cultu es un equipo que quiere atraer a los contrarios desde su concatenación de pases cortos cerca del área de Edgar Badía para, una vez el rival va a presionar alto —y al contrario de lo que hace, por ejemplo, el Dépor— meter el balón en el carril central en busca de situaciones de tercer hombre.

El conjunto leonés explota una y otra vez este principio táctico ofensivo para encontrar al futbolista libre y progresar en el juego con balón desde abajo.

Los caminos son variados: buscando las recepciones interiores de los mediocentros para luego conectar con el futbolista que está en carril exterior, lateralizando a uno de los centrocampistas para volver a meter el balón en el carril central a un tercero o con envíos a los movimientos de apoyo de los hombres más avanzados para que estos la contacten con un futbolista que se incorpora por detrás y así poder atacar ya de cara.

De una u otra manera, la Cultural trata de salir desde atrás con el balón controlado. Y lo hace amparada en el pase de su central y capitán, el joven Rodri Suárez, la interpretación del completísimo Thiago Ojeda y Bicho, el doble pivote que venía siendo titular hasta la lesión del coruñés. También con el buen pie de sus laterales, con el joven Roger Hinojo, llegado del Espanyol, como indiscutible en la zurda y la dura pugna que mantienen Iván Calero y Víctor García en el carril diestro.

De este modo, si el encuentro de Riazor no es un monólogo deportivista en cuanto a la disposición de balón, el cuadro local tendrá oportunidades de recuperar arriba si es agresivo, aunque debe ajustar sus mecanismos de presión. Llegar tarde o no establecer buenas trayectorias puede equivaler, más que nunca, a ser superado.

No sería buena noticia eso, pues una vez progresa, al equipo culturalista no se le apaga la luz en último tercio. Clave para ello era contar con Luis Chacón, que no estará en Riazor. El eumés no tiene una participación constante en el juego, pero mejora todas las jugadas desde su notable capacidad para estar siempre en el espacio correcto y su adecuada toma de decisión con balón.

Poco poderío

Sin embargo, no todo brilla en el juego de ataque del cuadro de León. La Cultural es uno de los conjuntos que más dianas transforma a partir de ofensivas posicionales (10). Pero esa habilidad tiene un reverso: su poca amenaza en el juego directo tanto al espacio —no dispone de velocistas—, como aéreo —no tiene perfiles poderosos por alto—.

El pasado verano, la Cultu fichó a Daniel Paraschiv con el objetivo de ganar un perfil de ariete capaz de imponerse en las disputas. Pero el rumano, cedido por el Oviedo, está ofreciendo un bajísimo nivel: no alcanza los 300 minutos y ni siquiera ha logrado rematar una sola vez.

De este modo, sin su gran esperanza para mirar lejos y ganar oxígeno a través de la fricción y el remate en el área, el cuadro culturalista está teniendo que improvisar. El gallego Manu Justo, un delantero móvil pero de corta estatura, está consolidándose como máxima referencia. Y si él no está, los técnicos han ido probando en el puesto de ariete con Rubén Sobrino y Diego Collado, dos futbolistas más cómodos acompañando a una referencia o partiendo desde la banda.

Precisamente esas dificultades que presenta el cuadro leonés dejan entrever todavía más un posible plan de partido blanquiazul muy enfocado en la presión alta. No solo por el riesgo que toma la Cultural, sino porque elevar el bloque no es tan peligroso ante este equipo como podría serlo frente a otros.

Con Jordi Mboula sin estar todavía en dinámica, apenas Collado es la única verdadera amenaza a la carrera. Aunque el Deportivo dispone de defensas capaces de competir de sobra con el canterano del Villarreal en esas lides.

Pese a ello, si logra asentarse en campo rival, la Cultural sí sabe cómo hacer daño por fuera a través de su juego colectivo, lleno de movilidad y con la suficiente agresividad en campo contrario. De hecho, 8 de sus dianas han llegado por el carril derecho, donde Pibe, cambadés de origen argentino, ha vuelto a consolidarse. Zurdo de gran golpeo, tiene en el amague su principal método para superar rivales y sabe asociarse.

Los centros, su debe

Si la Cultural dispone de recursos ofensivos variados, algo más corto está yendo en defensa. Parte de esta circunstancia radica en el mismo problema que le acucia en su vanguardia: no tiene grandes ganadores de duelos.

En este sentido sí destaca el central croata Matia Barzic, que impone sus 1,90 metros no solo por aire, sino también por tierra. Sin embargo, hay pocos recursos más allá del zaguero cedido por el Elche, que no ha logrado frenar la sangría que el colectivo leonés está sufriendo en los balones enviados al área por el contrario. Bien sea en juego abierto, bien sea a través del balón parado, la Cultural está dejando a deber.

Por un lado, en las acciones de pizarra, nadie está encajando tanto como la Cultu. A la baja estatura de un equipo en el que tan solo se salen de la media el citado Barzic y el mediocentro Thiago Ojeda, no ayudan las condiciones de Edgar Badía. El cancerbero catalán, muy solvente en acciones de velocidad de reacción bajo palos, es uno de los metas menos contundentes por alto.

De esta forma, no es de extrañar que la Cultural sea el equipo que más goles ha encajado a balón parado. Sin contar los cuatro que ya ha recibido de penalti, el Mirandés la pasada semana, el Córdoba hace tres jornadas y el Castellón —en el último partido de Llona— le han marcado de córner o falta lateral con remate directo. Además, el Racing fue capaz de hacerle daño también en una acción de rechace tras un despeje poco contundente en un saque de esquina.

Para tratar de mejorar en este aspecto, Ziganda ha apostado por devolver al equipo a Selu Diallo. El centrocampista guineano acumula tres encuentros seguidos como titular. Los dos primeros, como hombre con recorrido situado en muchas ocasiones por delante del doble pivote. En el último, como mediocentro más defensivo aprovechando la ausencia de Bicho, que podría no estar para jugar en Riazor por unas molestias musculares.

Distancias a atacar

La entrada del centrocampista cedido por el Alavés el pasado fin de semana en esa posición más próxima a su zaga permitió que la Cultural fuese un equipo que manejase mejor sus distancias entre líneas e interlíneas. El guineano ejerció en ocasiones prácticamente de tercer central, lo que permitió que Rodri Suárez pudiese ‘saltar’ sin generar un boquete en la defensa.

Y es que la poca percepción de los laterales a la hora de cerrar ese intervalo con su central generó situaciones para que sus rivales atacasen en profundidad. El peligro es todavía mayor si se tiene en cuenta que la Cultu es un equipo que, de una manera muy parecida al Deportivo, suele ir arriba sin balón, pero no con la tendencia de pretender recuperar ni demasiado en bloque. De hecho, en muchas ocasiones se convierte en un equipo largo, al que es fácil encontrarle la espalda de sus dos puntas o de su doble pivote.

Sin el balón presionado y con distancias entre sus líneas, al Deportivo se le abre otra vía si logra ser un equipo no solo ágil a la hora de circular, sino sobre todo agresivo en las rupturas.

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