Vallecas, donde el Dépor dio su primer salto
El primer ascenso a Primera, en 1941, se produjo en el recinto ahora clausurado por la Comunidad de Madrid, donde el Deportivo venció al Murcia tras prórroga (2-1)

El deportivismo tiene infinidad de localizaciones fetiche. De lugares de peregrinaje en los que algún momento el equipo blanquiazul hizo historia. Uno de ellos es, o al menos debería serlo, un estadio que pasa por su peor momento. Vallecas, tomado por la Comunidad de Madrid tras clausurar la cesión del recinto al Rayo por motivos de insalubridad e inseguridad, es el estadio en el que el Deportivo celebró su primer ascenso a Primera División.
El 4 de mayo de 1941 queda escrito con letras de oro en los libros de historia del Deportivo. El cuadro blanquiazul bate al Murcia en un encuentro de promoción a partido único en campo neutral que se resuelve en el tiempo extra. Ese campo neutral es Vallecas.
Aunque su estructura actual se levanta a mediados de los años 70 del siglo pasado y se reabre en 1976, el estadio de Vallecas se inaugura en el mismo emplazamiento el 23 de enero de 1930. Su nombre inicial, estadio Puente de Vallecas, se acorta dos años después para dar lugar a su actual denominación: estadio de Vallecas. Solo entre 1999 y 2011 el nombre es modificado para añadirle el de la presidenta Teresa Rivero, después de la compra del club, en 1992, por parte de su marido, el empresario José María Ruiz-Mateos.
Y es allí, en Madrid, donde el Deportivo da el ansiado salto que no alcanza ni en las ocho temporadas ligueras previas a la Guerra Civil ni en la primera tras el conflicto. En aquella campaña 1939-40, el ascenso se escapa también en Madrid, pero en el campo de Chamartín, en una idéntica eliminatoria de promoción ante el Celta resuelta a favor del cuadro vigués con un solitario gol de Nolete. Durante muchos años, la capital es sede de partidos similares, al igual que de partidos de desempate en eliminatorias de Copa del Rey hasta la aparición de las tandas de penaltis. De hecho, el Deportivo salva su plaza en Primera en 1944 en otro choque similar, también en Chamartín, frente al Constancia de Inca. Los jugadores blanquiazules se imponen al cuadro balear por un claro 4-0.
A la décima
En la temporada 1940-41, la décima de la existencia del Campeonato Nacional de Liga, el Deportivo acaba jugándose la temporada en 90 minutos, que finalmente son 120. Es al cabo de un curso en el que el equipo dirigido por el legendario Hilario Marrero logra la segunda plaza del grupo 1 de la categoría de plata. Ese subcampeonato le abre las puertas de una liguilla de ascenso contra la Real Sociedad –el conjunto que le supera en su grupo–, el Granada y el Castellón, los dos primeros del grupo 2.
El Deportivo comienza la liguilla arrollando al Castellón (6-0), antes de caer en Atocha (2-0) y volver a vencer en casa al Granada (3-1). Las derrotas consecutivas en El Sequiol castellonense (3-0) y en el Parque de Riazor frente a los donostiarras (3-4) dejan el ascenso directo en manos de una carambola en la última jornada que no se produce. El Deportivo cumple con su parte venciendo en Los Cármenes (1-3), pero el contundente triunfo de la Real Sociedad sobre el Castellón (7-1) lleva a Primera al cuadro txuri-urdin, junto al campeón Granada.
Deportivo y Castellón, al menos, disponen de una última bala en sendas eliminatorias de promoción frente a los dos últimos clasificados de la división de honor. Es una temporada sin descensos directos porque la máxima categoría se amplía de doce a catorce equipos. El Deportivo, tercero de la liguilla, se mide al colista Murcia, mientras que el Castellón se enfrenta al Zaragoza, penúltimo. Y ambas formaciones de plata salen triunfadoras para convertirse en equipos de la categoría de oro.
Ascensos gemelos
El equipo blanquinegro también logra su primer ascenso a Primera División en Madrid. Lo hace en otro campo, Chamartín, y dos días antes, el 2 de mayo. El equipo de La Plana se impone a los maños por 3-2, en un partido que el cuadro aragonés llega a empatar en el minuto 80 pese a comenzar perdiendo por 2-0. Vicente Hernández, que tres años después marca con la camiseta del Valencia el primer gol de la historia del estadio de Riazor, es el héroe orellut al firmar el definitivo 3-2.
Vallecas se llena el 4 de mayo de 1941. Y lo hace con amplia representación coruñesa y gallega, en su mayoría compuesta por emigrantes en la capital de España. Hilario Marrero puede contar prácticamente con su once de gala. Acuña en la portería; Novo y Pedrito en defensa; Muntaner, Molaza y Reboredo en la media y Breijo, Guimeráns, Elícegui, Chacho y Chao en la delantera. El canario, que todavía ejerce de entrenador-jugador, disputa más partidos a lo largo de la temporada que Muntaner, pero en el día D apuesta por el futbolista nacido en Cuba para quedarse a dirigir a los suyos desde fuera del terreno de juego. También deja fuera a Monserrat, el zaguero barcelonés que disputa casi toda la temporada, en favor del coruñés Pedrito, titular solamente en las siete primeras jornadas y en tres de los seis partidos de la liguilla de ascenso.
Fiel a su día a día desde hace casi 120 años, el Deportivo vive al límite esa misma cantidad de minutos. El pimentonero Tito adelanta a su equipo, dominador durante la primera hora de encuentro, en el minuto 33. Los blanquiazules dan un paso adelante mediada la segunda mitad, hasta que Chacho iguala la contienda a poco más de diez minutos del pitido final, con un certero disparo al ángulo derecho a la salida de un córner botado por Breijo. El partido y la plaza en Primera División están en juego en la media hora de añadido. Allí, al poco de comenzar, Guimeráns plasma el dominio coruñés en el 2-1, con un sutil pase a la red. La segunda mitad de la prórroga es un ejercicio de resistencia de un Deportivo replegado en defensa de su ventaja. Juanito Acuña evita el empate en dos claras oportunidades. Xanetas siempre aparece en las grandes ocasiones. Y el Deportivo, y los miles de gallegos, lo celebran.
La crónica del árbitro
El legendario Pedro Escartín, árbitro de la contienda además de entrenador y periodista, curiosamente firma la crónica de El Ideal Gallego en su edición del 6 de mayo de 1941, critica la existencia de eliminatorias de este tipo, con tanto en juego en un solo partido, y alaba a los zagueros blanquiazules. “Por orden de méritos, Acuña, siempre formidable y, a ratos, extraordinario; detrás, Novo, defensa incansable, con el defecto de extremar la dureza; Pedrito muy hábil pero en línea más baja que su compañero de zaga”, analiza. Escartín también avisa sobre el futuro: “Ya está el club de Riazor en Primera. Pero de ella es fácil bajar y muy difícil subir”.
El conjunto blanquiazul debuta en la élite con un cuarto puesto que a día de hoy ningún equipo ha superado, para descender por primera vez tras cuatro años en una cúspide que se alcanzó una tarde de mayo de 1941 en el hoy abandonado estadio de Vallecas.













