Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?
Manolete y Best en el partido Irlanda del Norte-España el 16 de febrero de 1972
Historia

Cuando George Best le quiso dar el balón a Manolete

El último jugador nacido en la ciudad de A Coruña que fue internacional mientras jugaba en el Dépor protagonizó en su debut una imagen icónica

“Era muy buen chico, pero aquel día se puso nervioso por el marcaje”, le recuerda Manuel Ríos Quintanilla “Manolete”, uno de los siete jugadores nacidos en la ciudad de A Coruña que se pusieron la camiseta de la selección absoluta de España. Ocurrió el 16 de febrero de 1972. El chaval de la calle de la Torre debutó con la selección en la localidad inglesa de Hull contra Irlanda del Norte y se vio las caras con el gran mito futbolístico de la época, George Best. El seleccionador Ladislao Kubala le ordenó un marcaje estricto. Manolete, robusto y vigoroso, obedeció. Tras una falta en mediocampo Best se revolvió. “Le perseguía por todo el campo y en una acción, tras una falta, se dio la vuelta y me ofreció la pelota”. El astro irlandés fue taxativo. “Toma, llévala a casa. Me tienes hasta los huevos”. Manolete mantuvo el tipo y le replicó. “Carallo... Sabes hablar español”. La imagen se plasmó en una fotografía que recorrió medio mundo y se convirtió en icónica.

Manolete es el último jugador coruñés que llegó a la selección mientras jugaba en el Deportivo. Luego, en octubre de 1998, Marcos Vales se alineó un minuto en un Israel-España valedero para la clasificación de la Eurocopa. Salió a jugar en el 89 en sustitución de Raúl. Vales jugaba entonces en el Zaragoza. Manolete también salió del banquillo en su estreno de rojo, pero jugó 62 minutos. Mediada la primera parte de aquel partido ante los norirlandeses, Quini recibió un codazo que le partió el pómulo izquierdo y le ocasionó una fuerte conmoción cerebral. Kubala llamó al jugador del Deportivo y le pidió que siguiese a Best. Y ahí se forjó un recuerdo eterno. “La foto es buenísima. La tengo en mi casa enmarcada en el recibidor. Todo el mundo que viene a visitarme es lo primero que ve. Le tengo mucho cariño”, revela Manolete antes de ofrecer más detalles. “Me dieron 100.000 pesetas de prima por jugar aquel partido, que era de la fase de clasificación para la Eurocopa. En el Deportivo ganaba 700.000 al año.

Best era entonces una celebridad, la estrella del Manchester United. Pero daba síntomas de iniciar una caída a los infiernos. Menos de un mes antes de aquel partido su club le perdió la pista durante una semana. Luego se supo que la había pasado en un hotel de Londres en compañía de Carolyn Moore, la vigente Miss Gran Bretaña. Best era guapo y tenía un pico de oro para definirse a sí mismo: “Gasté mi fortuna en mujeres, alcohol y coches; pero el resto lo desperdicié”, reza su sentencia más celebrada. No fue la única: “Mucha gente dice que me he acostado con siete Miss Mundo, pero solo han sido tres”, aclaró a los más taimados. “En 1969 dejé las mujeres y la bebida, pero fueron los peores veinte minutos de mi vida”, describió. Así que en aquella cita en Hull iba cuesta abajo. “Tenía una casa al borde del mar, pero para ir a la playa había que pasar por delante de un bar. Nunca me bañé”, aseguraba el Balón de Oro de 1968. Pero sobre el césped todavía tenía un aura mítica cuando se cruzó con Manolete

La foto no relata los dos contrastes. Para Manolete el partido era un premio a su labor en el Deportivo, donde con 22 años destacaba por delante de la zaga. “En aquella época ser internacional jugando en el Deportivo era algo así como un milagro”, apunta. Para Best el partido era un engorro. España tenía alguna opción de clasificarse en un grupo que lideraba la Unión Soviética. Para Irlanda del Norte no había nada en juego. Y Best se lo tomó con calma, con tanta que olvidó lo que le había prometido a Sammy McIlroy un joven compañero del United al que la selección había convocado por primera vez. “Teníamos que jugar el miércoles y le vi el sábado por la noche, horas antes de ir a al concentración. Me dijo que estuviese a las nueve de la mañana del día siguiente en la estación y que comprase dos billetes, que se iba a venir conmigo”. Pero Best no apareció ni para coger el tren a Hull con McIlroy ni en la concentración de la selección. No llegó el domingo, tampoco el lunes. “Llegó el martes por la tarde con Carolyn Moore y con un amigo”. Y jugó, por supuesto. También McIlroy, que con el tiempo se convirtió en uno de los referentes del equipo que llevó a Irlanda del Norte por primera vez a un Mundial, en 1982. Demasiado tarde para Best, que deambuló por todo tipo de escenarios impropios de su talento hasta que colgó las botas en 1984. En 2005 falleció en una cama de hospital con el hígado y los riñones destrozados por el alcohol y las pastillas. Tenía 59 años y antes de su último aliento pidió que le fotografiasen en su lecho con un mensaje que se publicó en un tabloide: “No mueran como yo”. Sus restos reposan en un cementerio a las afueras de Belfast, su ciudad natal.

Manuel Ríos Quintanilla, Manolete.
Manolete en la Redacción de DXT el pasado mes de mayo
QUINTANA

Manolete trazó un camino bien diferente. En abril de 1972 jugó como titular con la selección ante Grecia. Un amistoso en el que se alineó en la medular con Luis Suárez, de tal manera que España jugó con dos futbolistas de Monte Alto. En el descanso fue sustituido y no regresó a la selección a pesar de que ese verano protagonizó un sonoro y costoso traspaso al Valencia, al que había marcado un golazo en Mestalla y que no se recató en pagar 15 millones de pesetas por él, una cantidad entonces sideral. El jugador iba a recibir una ficha de 1,2 millones de pesetas en su nuevo club, algo totalmente fuera del alcance del Deportivo. El pase se definió tras un largo tira y afloja, pero en su primer entrenamiento en el nuevo destino se lesionó. Llegó al primer partido de Liga, ganado por el Valencia al Atlético en el Vicente Calderón. Y en la segunda jornada ante el Barcelona se dañó el hombro tras recibir una dura entrada y ya apenas entró en juego el resto de la temporada porque encadenó una lesión de menisco y otra de ligamentos. 

Hasta ocho veces se operó Manolete de una de sus rodillas. Dejó el fútbol antes de tiempo, pero se reiventó como trabajador de banca, donde desde la oficina del Banco de Bilbao que pilotaba en la Plaza de Pontevedra jugó un papel clave para aliviar la carga económica del Deportivo en varios pasajes de su historia. Acaba de cumplir 81 años, es el presidente de la agrupación de jugadores veteranos del club y cada día que entra en casa recuerda contempla a George Best y aquel balón que le quiso regalar.