Deportivo-Granada, cuando 9.007 días después Riazor cantó “Lendoiro dimisión”
La visita nazarí en 2013 marcó el principio del fin del reinado del presidente más longevo y exitoso

Nada dura eternamente. Ni siquiera la devoción por el más longevo y exitoso presidente de los 120 años de historia del Deportivo. Una noche de hace poco más de trece años con el Granada como invitado, la parroquia blanquiazul, desde Maratón hasta Pabellón, pasando por Preferencia y Tribuna, sin excepción alguna, pidió la cabeza de Augusto Joaquín César Lendoiro por unanimidad.
9 de febrero de 2013. Es Carnaval, pero el deportivismo –que acude al estadio en un número de 18.289– está para pocas fiestas. El equipo recibe al conjunto nazarí desde el último puesto de la tabla de Primera División después de 22 jornadas. Los blanquiazules suman 16 puntos y ven la zona de permanencia a dos victorias. El conjunto andaluz está siete puntos por encima, en la decimosexta posición. “O noso respecto non se esixe, gáñase”, sentencia una pancarta colgada en la grada de Maratón Inferior.
No es nada nueva la preocupante situación económica del club. Tras el descenso de 2011, Lendoiro hace una apuesta a todo o nada. Invierte el dinero de los derechos televisivos de las siguientes temporadas en retener a Guardado, Aranzubia, Colotto, Lassad o Riki, entre otros, para volver de inmediato a Primera. Solo el delantero madrileño se queda para el regreso al baile de los grandes. El Deportivo forma un equipo para competir gracias a la ayuda del representante Jorge Mendes, al que acude, presa de la desesperación, el presidente blanquiazul. El vestuario se abarrota de portugueses y brasileños, algunos de dudosa calidad futbolística. Pizzi y Sílvio dan la talla. No así Nélson Oliveira –pese a un esperanzador comienzo–, André Santos, Evaldo, Kaká, Tiago Pinto y Roderick Miranda. Ni siquiera un veterano con bagaje y galones como Paulo Assunçao.
También un portugués se sienta en el banquillo. Domingos Paciencia es el elegido –o más bien impuesto– tras la destitución de José Luis Oltra después del último partido de 2012, una derrota en campo del Espanyol (2-0). El Dépor bate al Málaga (1-0) en su estreno. Un espejismo. A un empate en Anoeta (1-1) le siguen tres derrotas en campo del Osasuna (2-1), ante el Valencia en Riazor (2-3) y frente al Getafe en feudo madrileño (3-1)
Dice el refrán que “a perro flaco todo son pulgas”. Si bien el Deportivo tampoco hace grandes méritos para adelantarse en el marcador, acaricia el gol por medio de Riki en el minuto 43. Un puñado de segundos después, Aranda cuelga al segundo palo sin mucha fe un balón botando. Nolito lo cabecea y el cuero golpea primero el larguero y después el palo izquierdo. Marchena corre hacia él y, en su intento de despejarlo, lo introduce en su propia portería.
Los nervios se apoderan de todos. Futbolistas y aficionados. Un error en cadena de Manuel Pablo y Marchena lo aprovecha Odion Ighalo para triangular con Siqueira y anotar a placer el 0-2. Riazor es un clamor. “Jugadores mercenarios”. “Este escudo no lo merecéis”. “Que juegue el Fabril”. Suenan cánticos en cierto modo habituales en momentos de zozobra. Pero también lo hacen otros que jamás retumban en Riazor, salvo aquella noche. “Lendoiro dimisión” y “Lendoiro vete ya”. Riazor pide la cabeza del presidente después de 9.007 días en el cargo.
Durante... y después
Lo hace después del 0-3, de inexistente penalti con el que es premiado un piscinazo de Ighalo ante Manuel Pablo, transformado por Siqueira en el tiempo de prolongación. Pitos, pañuelos y más cánticos. Y lo hace fuera del estadio, donde se arma la marimorena. Al tiempo que Domingos pone su cargo a disposición del club y Lendoiro anuncia a los medios que el consejo de administración le pide que siga, porque “cuenta con todo el apoyo de los jugadores y todo el apoyo de la junta directiva”, Manuel Murguía es un polvorín. Puertas aporreadas, lanzamiento de botellas y más cánticos que piden la dimisión del presidente. Los agentes del orden establecen un cordón policial ante varios centenares de deportivistas exaltados. El jefe de seguridad del club no permite que nadie salga por la puerta 0 de Riazor hasta las 2 de la madrugada, más de dos horas después de la conclusión del encuentro.

La decisión de Domingos es inamovible. El portugués se echó a un lado y el club llamó a Fernando Vázquez. El técnico de Castrofeito está a punto de obrar un milagro que, de haberse producido, no habría sido más que otro dedo taponando una de las numerosas vías de agua que sufre el transatlántico blanquiazul.
Tras el segundo descenso en tres temporadas y un 31 de julio de 2013 al límite de la desaparición, un año después de aquella noche de cánticos sentenciadores, Lendoiro cierra algo más de un cuarto de siglo a los mandos de la nave blanquiazul. Una retirada que empieza a fraguarse en una noche frente al Granada.









