La última innovación de Antonio Hidalgo
El entrenador del Deportivo encuentra, con la inclusión de Riki como cuarto centrocampista, una nueva fórmula para evolucionar al equipo

Renovarse o morir. La máxima vale para cualquier ámbito de la vida, pero aplica especialmente para el deporte de alta y competición en general y el fútbol en particular. Porque en una era en la que todo se estudia al milímetro, quedarse parado es sinónimo de derrota. Una palabra que no casa con el período exitoso que, hasta la fecha, ha vivido Antonio Hidalgo como entrenador del Deportivo desde que llegó en el verano del 2025.
El preparador catalán y su cuerpo técnico llegaron con las bases claras sobre cómo asentar la personalidad de su equipo. Pero han ido encontrando diferentes soluciones para alcanzar un rendimiento óptimo.
Del inicio de aquella una etapa con tres centrales claros, un doble pivote y un futbolista en el tercer escalón en fase ofensiva, el titular del banquillo blanquiazul fue evolucionando para encontrar soluciones a las preguntas que le iba planteando la competición. El pasado curso, pareció encontrar el equipo con la entrada de Ximo, la ubicación de Mella como carrilero y de Luismi Cruz por dentro.
Pero las bajas le obligaron a ir dando vueltas y entrar en un período de indefinición que acabó con el regreso del ‘23’ a la zaga, el asentamiento de Alti en banda derecha y la irrupción de Bil Nsongo en punta. La intención ha ido siendo siempre similar, pero los perfiles aportaban matices diferentes. Hasta que tras dos partidos pobres en Primera, el pasado domingo Hidalgo y su staff apostaron por la última innovación: un centro del campo claramente de cuatro y la amplitud otorgada por los laterales.
Estos han sido los grandes pasos del Deportivo hasta llegar a esta evolución que, quizá, pueda sostenerse también en el tiempo.
1. Gragera de ancla
Antonio Hidalgo le dio las llaves de su centro del campo a José Gragera prácticamente cuando el asturiano ni había cruzado la puerta de Abegondo. Entendía el de Granollers que el futbolista del Espanyol debía ser el encargado de dar equilibrio al equipo. De aclarar los primeros pases pero, sobre todo, de gestionar por ubicación y poderío en los duelos los momentos sin balón.
Junto al canterano del Sporting, Hidalgo comenzó ubicando a un Villares con más recorrido y, con más libertad, a Mario Soriano. Con un punta acompañando a Yeremay arriba, las bandas eran para los carrileros, un contexto que obligaba a Mella y a Luismi a pelear por un puesto en la derecha y trabajar hundiéndose en defensa.

2. Los ‘Cuatro Fantásticos’
Después de cuatro jornadas con resultados positivos pero ciertas dificultades ofensivas, Antonio Hidalgo aprovechó la lesión de Gragera y la visita al Mirandés para juntar por primera vez en el campo a Mella, Luismi, Soriano y Yeremay. Para ello, ubicó al teense de carrilero y dio el hueco libre en el carril central al andaluz a costa de retrasar a Villares. Mientras, en defensa, Ximo pudo regresar y eso permitió ubicar a Loureiro en el núcleo. Arriba, Mulattieri daba al equipo todo lo que necesitaba de su ariete.
El experimento salió a la perfección, pues el equipo salió de Vitoria y del duelo contra el Huesca con brillo y dos goleadas a su favor. Los 'Cuatro Fantásticos' por fin encajaban.

3. Las idas y venidas
Entonces, tras la sexta jornada, llegaron los problemas. El Mundial sub-20 provocó que Mella volase, mientras que en un abrir y cerrar de ojos, Ximo Navarro sufrió una grave lesión en el tendón del bíceps femoral que estuvo a punto de mandarle al quirófano.
Empezó entonces una constante búsqueda por encontrar un once reconocible que mantuviese las señas de identidad que el equipo había mostrado, pero no se logró. Hidalgo lo intentó dando entrada a José Ángel, probando con Patiño, introduciendo a Stoichkov como tercer elemento del ataque y también como ‘9’ puro, cambiando de arietes... Ninguna fórmula llegó a asentarse.
4. Bil, Alti y el regreso de Ximo
El Deportivo iba subsistiendo para mantenerse en la zona noble de la clasificación, pero no terminaba de encontrar una identidad marcada y una continuidad en su juego. Hasta que en Ceuta (jornada 30), tras la lesión de David Mella, el cuerpo técnico improvisó ubicando de carrilero largo a Alti, con Ximo Navarro ya de nuevo por detrás y Luismi Cruz en el centro del campo junto a Villares y Mario Soriano.
Arriba, Bil Nsongo consiguió su primera titularidad y estuvo acompañado por Stoichkov en un rol de segundo punta que facilitaba la fluidez ofensiva del equipo. Llegó el triunfo en el tiempo añadido y ese gol in extremis de Alti fue clave para otorgar la confianza al equipo, que acabó culminando con el ascenso directo a falta de una jornada una racha de 12 encuentros sin perder en la que Yeremay acabó siendo, junto a la consolidación de Noubi por Comas, el único cambio en un once que se podía de carrerilla.

5. Cuatro por dentro
Llegó el salto de categoría y con él, Hidalgo trabajó en mantener la estructura que le había llevado al éxito, aunque introduciendo otros nombres. Ede por Loureiro, Amatucci por Villares, Asp Jensen por Luismi Cruz y Aubameyang a la espera de Yeremay, principalmente. Así fue en el duelo ante el Elche, al que continuó la apuesta en Málaga por Luismi en vez de Bil Nsongo.
El experimento de retirar un delantero para meter a un centrocampista no salió del todo bien, así que de cara al partido ante el Valencia, Hidalgo incluyó a ambos... renunciando a Alti.

Así, Hidalgo y su staff renunciaron a esa doble presencia en la banda derecha en fase ofensiva que daba el binomio Ximo-Alti para juntar a más piezas por dentro sin renunciar a la doble punta. El plan salió a la perfección, con Amatucci en la base, Mario Soriano orbitando a su antojo y atrayendo las miradas para que fuesen Riki y Luismi los interiores que castigaron al Valencia entre líneas. Fue la última innovación de un Deportivo que solo subsistirá en Primera si sigue evolucionando.














