
Giménez, un caudillo para el Deportivo
El central charrúa llega a A Coruña tras trece temporadas en el Atlético marcadas por un sinfín de leves lesiones
Quedaban cinco minutos para el final del partido, Uruguay perdía por dos goles contra Francia y las cámaras de televisión enfocaron a Josema Giménez, uno de los bastiones de la defensa charrúa que esperaba como integrante de la barrera defensiva el lanzamiento de una falta. A José María Giménez (Toledo, Uruguay, 1995) se le caían las lágrimas a borbotones, impotente y orgulloso ante la derrota. En la televisión inglesa Gary Neville, exjugador del Manchester United y nefasto entrenador en el Valencia, le criticó. “Vergonzoso”, clamó. Le llovieron las críticas porque la gente empatizó con el desgarro de Giménez, apasionado y dolido. No era la primera vez que lloraba sobre un campo. Lo hizo en Riazor y hasta dos veces, la primera en octubre de 2015 cuando Lucas Pérez le robó la cartera e hizo funambulismo sobre la línea de fondo de Pabellón para marcar un gol de bandera, la segunda fue en marzo de 2017, asustado cuando Fernando Torres cayó desvanecido tras un choque con Álex Bergantiños. Giménez es todo pasión, exuberante por el sentimiento con el que vive el fútbol. Le costó dejar el Atlético, el club en el que ha pasado trece temporadas.
Giménez es una leyenda colchonera. En el escalafón de futbolistas que más veces han vestido la camiseta en partido oficial, se sitúa en la decimoquinta plaza, justo por encima de Luis Aragonés y a cinco partidos de Diego Godín, el compatriota con el que formó una dupla histórica y que de alguna manera ejerció de mentor suyo. “Tiene veinte años, pero no se deja pisar por nadie”, advirtió el hoy retirado zaguero charrúa cuando Giménez llegó al Atlético. “Juega como si fuese un veterano. Tiene personalidad, carácter y condiciones físicas”, deslizó.
El tiempo ha ido tamizando el talento de Giménez, cercenado también por las continuas lesiones que le han amargado. Según los datos de Transfermarkt en toda su trayectoria como futbolista ha acumulado hasta 44 dolencias diferentes, la inmensa mayoría de ellas de carácter leve porque apenas una de ellas afectó a una rodilla. No juega seis partidos seguidos de Liga desde hace algo más de tres años. En la última campaña sufrió hasta tres parones por dolencias musculares. Apenas jugó doce partidos completos en Liga y apenas uno más en Champions. En la fase decisiva de la campaña estaba en el dique seco y acabó como cuarto central en las preferencias de Diego Simeone por detrás de Pubill, Hancko y Le Normand. Pero justo en el inicio de la pasada campaña el técnico argentino habló muy claro sobre Giménez. “Cuando está bien es el mejor central. Es un trabajador y un luchador que tiene mucha humildad”, completó el entrenador.

Giménez sabe lo que es salir desde muy abajo. A España llegó con 18 años. Ya era un profesional y tenía una responsabilidad familiar detrás porque su hermana se había quedado embarazada con apenas catorce años y él sentía que debía generar un sustento para los suyos. “Me enfoqué. En las categorías inferiores batía récords de expulsiones, pero cuando debuté en Primera supe que tenía que parar y centrarme”, asegura. Se estrenó en Danubio, un clásico de Montevideo en el que sueña jugar al menos un año antes de retirarse. El Atlético le reclutó antes que nadie. “Es un talento natural, un defensa rápido, con buen golpeo, excelente marcador y con clase para sacar el balón de atrás”, le definió José Luis Pérez Caminero, entonces director deportivo colchonero. Era abril de 2013. Giménez apenas había disputado un puñado de partidos en la máxima categoría uruguaya, pero ya le habían detectado en el radar que apuntaba a su selección sub-20. Llegó el verano y el Mundial sub-20 le revalorizó. Uruguay cayó en la final ante la selección francesa liderada por Paul Pogba. En aquel equipo estaba el exdeportivista Diego Rolan.
La primera campaña de Giménez en Madrid, todavía en el Calderón, ejerció de meritorio. Apenas jugó un partido de Liga en aquel Atlético campeón con Godín y Miranda en el eje de la zaga. El curso siguiente ya se alineó veinte veces con el equipo, varias de ellas como lateral, y Simeone dio visto bueno al traspaso de Miranda al Inter para hacerle un hueco en el once a su joven valor. El tiempo le ha asentado. “Me gustaría tener esta cabeza que tengo ahora cuando estaba empezando. Era un pibe que pensaba en el mañana y me olvidaba del hoy”, explicó en una entrevista difundida hace unos meses por la federación uruguaya. Camino de los 32 años, Giménez piensa en el presente. Sale del Atlético y apuesta por el proyecto del Deportivo. Parece fácil pensar que en poco tiempo se convertirá en uno de los caudillos del equipo.
