Charlie Patiño y el Deportivo: dos años de un cuento de hadas que se queda en el tintero
El centrocampista inglés deja el club blanquiazul al que llegó con unas expectativas a las que nunca ha podido responder

En la semana en la que Riazor viene de vivir un guion de película con el gol ante el Valencia justo cuando el estadio herculino volvía a rugir en Primera División, el fútbol vuelve a demostrar que no todas las bonitas historias, por muy bonitas que suenen, pueden tener un final feliz. A unas horas del cierre de mercado, el Deportivo anunciaba la salida de Charlie Patiño al Bochum de la segunda división alemana. Una cesión con opción de compra que pone punto y aparte a su etapa como blanquiazul. Y aunque tiene contrato hasta 2028, puede convertirse en punto y final.
Han pasado poco más de dos años desde que Patiño aterrizase en Santiago de Compostela entre una multitud de seguidores que lo esperaban como quien espera el regreso del hijo pródigo. En un pueblo tan familiarizado con la emigración como el gallego, el chico con raíces coruñesas volvía y se dejaba querer declarando amor eterno al club que sus mayores habían seguido desde siempre. “Mi padre me contó desde pequeño la historia del club. Esta era una oportunidad de venir a casa que no podía dejar pasar”.
No solo la afición lo recibió como al elegido. El Deportivo acababa de volver a Segunda División y buscaba comenzar a hacer ruido cuanto antes de nuevo en el fútbol profesional. Reforzarse con una de las figuras de la cantera del Arsenal, que además tenía el toque emocional de Patiño, fue la excusa perfecta para presentarlo como el fichaje del verano. Y visto con perspectiva, quizá todo lo que rodeó su puesta en escena como blanquiazul fuera el primer picotazo en un globo que desde entonces nunca paró de desinflarse.
“Me gustaría saber cuántos partidos ha visto la gente de Charlie”, apuntaba Imanol Idiakez unas semanas después de empezar la Liga, cuando el centrocampista, que no había realizado pretemporada con el Dépor, apenas participaba. Porque las expectativas generadas por su llegada provocaron daños colaterales, especialmente en los entrenadores contra los que desde el entorno deportivista se utilizaba al jugador como arma arrojadiza. Pero fue el vasco, luego Óscar Gilsanz e incluso Antonio Hidalgo tuvieron que poner palabras a una situación que sobre el césped hablaba lo suficientemente alto. La realidad es que ninguno de los tres entrenadores ha confiado en él lo suficiente como para darle dos titularidades consecutivas en Liga mientras el equipo se jugaba algo.
Titularidad y primer palo
Y es que los avistamientos de Charlie Patiño en estas dos campañas con el Deportivo se han producido a cuentagotas. El primero fue a finales de septiembre y no hubo otro hasta la última semana de enero, donde también llegó su primer gran palo. Fue en un partido en el Ciutat de Valencia, donde el equipo no estuvo nada bien y terminó cayendo con el Levante. En un partido gris a nivel colectivo, el mediocentro fue uno de los que más sufrió e Idiakez decidió dejarlo en la caseta al descanso.
Pero su cuento de hadas no había hecho más que empezar a retorcerse. La llegada de Gilsanz al banquillo no cambió su panorama y él tampoco terminaba de rebelarse contra una situación que apenas le dejaba minutos los domingos sobre el terreno de juego. De hecho, en el mes de enero llegó a valorarse una posible salida y hubo varios equipos de Primera RFEF que se interesaron por su situación. En parte por convicción, en parte por una infección respiratoria que lo mantuvo KO varias semanas, Patiño continuó en la plantilla, aunque sin que su situación variara demasiado hasta el cierre de campaña, donde, con el Dépor ya salvado, fue titular ante Zaragoza y Elche.
Borrón y cuenta nueva
Después de que el primer curso se cerrara con una decepcionante hoja de servicio: 8 partidos y menos de 300 minutos, el futbolista británico regresó a su tierra para tratar de cambiar la situación en verano. No paró en las vacaciones y regresó para la pretemporada con un evidente cambio físico, una de sus carencias para poder competir con continuidad en el fútbol profesional. “Trabajé mucho física y mentalmente; y volví más fuerte y mejor. El año pasado, mi primer año en España, fue muy duro. Este espero jugar más”. El sol salía para un jugador cuya integración en el vestuario nunca fue un problema. Desde el primer momento tuvo mucha ayuda por parte de sus compañeros a pesar de que la barrera idiomática siempre estuvo presente.
Pero el verano supuso un soplo de aire fresco para Charlie Patiño. Su pretemporada fue buena hasta el punto de convencer a un Antonio Hidalgo que a mediados de agosto disipó las dudas sobre su continuidad al entender que podía ser de utilidad para su centro del campo. Pero una vez que la competición fue real, su situación no cambió de la forma que todos esperaban. Cuatro titularidades en Liga durante la primera vuelta para desaparecer por completo de los onces a partir de enero. Tuvo más presencia en lo que se refiere a encuentros —terminó la temporada con 30 partidos—, pero en lo que se refiere a minutos no alcanzó siquiera los 1.000.
En uno de ellos, además, se produjo otro de los momentos que han terminado por poner fin de forma prematura a su estancia en A Coruña. El 12 de abril será un día que difícilmente olvidará el inglés. Fue el día que su temporada ‘terminó’ oficialmente a ojos de Hidalgo. Salió en el tramo final ante el Huesca y completó una actuación muy desafortunada que terminó con un grave error que provocó el empate altoaragonés sobre la bocina. Aunque días después matizó sus palabras, hasta el propio técnico lo señaló en sala de prensa nada más terminar el partido. “No puedes conceder ese gol tal y como está la clasificación. Eso te penaliza. Es una situación de fútbol de la que hay que aprender y analizar”.
Su participación desde esa jornada 35 hasta el final de campaña se reduce a 20 minutos en la despedida ante la UD Las Palmas ya en Riazor con el equipo ascendido. 20 minutos que completan un total de 1.365, repartidos en 39 encuentros que, salvo un resurgimiento milagroso en la categoría de plata germana, apuntan a ser los definitivos de una historia que tenía todos los ingredientes para salir bien, pero cuyas últimas palabras para disculparse por su error en El Alcoraz sirven como el perfecto epílogo. “Fallé fuerte, pero somos de Primera”.















