Luces, sombras y música
El Deportivo se presenta en Riazor en un exigente Teresa Herrera que coincide con una jornada única

Cuando pasen los años se recordará el 12 de agosto de 2026 siempre que las nubes que se ciernen amenazantes para opacar cualquier luz, incluso la de la razón, no lo impidan. Será para la posteridad el día del eclipse, el único total que viviremos en nuestras vidas en uno de esos atardeceres tardíos de verano que tanto caracterizan a esta esquina del noroeste peninsular. En esa jornada, a esa hora y en ese momento (21.00 horas), la apretura de fechas en el calendario propicia que haya que abrir el estadio de Riazor para jugar un partido, y no uno cualquiera sino la edición número 81 del Teresa Herrera, el decano de los torneos de verano. Quizás hasta acabe por ser una buena idea y mezclar sol, luna y fútbol ofrezca un cóctel de sabor inolvidable. Habrá que probarlo.
Hay también algún aderezo porque el Deportivo ha pensado también que era buena idea presentar el nuevo himno del club en la previa del partido. 24 horas antes lo ha lanzado como se hacen ahora las cosas, a través de las redes sociales. Si alguien tuvo la idea de que la gente lo entonase en los instantes que anteceden al partido contra el Real Madrid quizás no valoró la entidad del acontecimiento que dejará en tinieblas la ciudad apenas media hora antes de que la pelota eche a rodar en Riazor.
Lo previsible es que quienes acudan al estadio accedan a él a última hora y hasta se forme algún tipo de colapso en los accesos en una ciudad que además tendrá varias importantes vías cortadas, salvo que una mayoría significativa de seguidores sigan las indicaciones de Riazor Blues y los representantes de los peñistas, que en una iniciativa inusitada invitan al deportivismo a no asistir al Teresa Herrera. Y el motivo no es el eclipse sino que el club les exige, entre otras medidas, identificarse con el DNI para poder acceder a la grada. “Seguimos loitando pola nosa dignidade”, aseguran antes de aclarar que mantienen “a cesación da actividade de animación no estadio (…) na defensa dun modelo de club xusto e respectuoso coa súa afección”.
Al final de todo está el Deportivo. “Voa, contra o vento Dépor, voa”, le canta Xoel López en el himno estrenado ayer. Así que ahí, esforzado para superar todo tipo de tempestades que le rodean, está el club, que se apresta a cumplimentar el último paso de la pretemporada de su regreso, tras ocho años de demasiadas oscuridades, a la élite del fútbol español.
A la postre siempre queda la pelota, que estas últimas semanas ha ofrecido certezas sobre el pelaje del equipo, invicto en sus duelos de preparación y que semeja bien blindado y sobre todo competitivo para mantenerse vivo en cualquier tipo de partido. Con todo, también se apuntan dudas que tienen que ver no ya con el acoplamiento de los nuevos refuerzos sino con la debilidad en algunas posiciones que todavía están por fortalecer, con más de medio mes de mercado por delante.
El Deportivo se prueba ante un grande que aterriza en la ciudad con sordina. Vuelve Jose Mourinho a Riazor al mando de un equipo con bajas que casi le convierten en irreconocible respecto al que asumirá el peso de la obligación de devolver al Real Madrid al camino de los títulos. La lista de ausencias es monumental: Courtois, Éder Militão, Asencio, Mendy, Konaté, Cucurella, Tchouaméni, Thiago Pitarch, Bellingham, Rodrygo, Diomandé y Mbappé.
Y aún así el nivel de exigencia se eleva para el Deportivo, siquiera porque cuando juega ante su gente no hay amistosos que valgan. También porque el Teresa Herrera no se merece que el anfitrión pase de puntillas. El recuerdo del fútbol de verano en España, de sus grandes veladas, es apenas un languideciente presente. Los torneos estivales palidecen y no resulta complicado discernir las causas: pujanza de otras opciones en mercados emergentes o más poderosos, sobredosis de partidos al alcance de todos los públicos durante todo el año y creciente competencia de acontecimientos deportivos y eventos estivales. No hace ni un mes que las grandes estrellas del Real Madrid estaban disputando un Mundial. El Teresa Herrera vivió tiempos mejores, también mucho peores que lo que supone tener un enfrentamiento entre Deportivo y Real Madrid en Riazor.












