El secreto físico de Aubameyang: ni una lesión grave en 17 temporadas
El delantero de 37 años ha jugado el 83,3% de los partidos de Liga a lo largo de su carrera y no ha tenido apenas contratiempos por dolencias musculares

Cuando se anunció el fichaje de Pierre-Emerick Aubameyang, con 37 años recién cumplidos, saltaron las primeras dudas razonables en la afición del Deportivo tras la euforia inicial. Que si la edad, que si la punta de velocidad ya no sería la misma, que si quizá llega sin el hambre de otras épocas. Tres amistosos de pretemporada, y un gol al Lugo con una de sus cabalgadas y una vaselina sutil, han bastado para disipar esa primera cuestión.
La segunda duda, la del estado físico a los 37, la de si el cuerpo empieza a pasar factura, no se puede resolver en un amistoso de agosto. Para tratar de hacerse una idea de su resistencia o fragilidad caben 17 años de datos. Aubameyang lleva más de tres lustros jugando sin parar al máximo nivel, en las ligas más exigentes de Europa, muchas temporadas con dos partidos por semana, y con la selección de Gabón reclamándolo cada vez que hace falta. El porcentaje de partidos jugados sobre los que podía haber jugado asusta, en el buen sentido. Las lesiones, en su caso, son la excepción. La norma es jugar, jugar, jugar y volver a jugar.
Un jugador explosivo debería romperse, al menos de vez en cuando. Esa es la teoría. Los jugadores que viven de la chispa, del arranque y del frenazo en seco, suelen pagarlo con pequeñas o grandes lesiones musculares tarde o temprano, y Aubameyang ha sido, temporada tras temporada, uno de los nombres recurrentes en los rankings de velocidad punta de cada torneo en el que ha competido. Contra todo pronóstico, el cuerpo le ha aguantado.
Los números de sus partidos disputados solo en Liga, sin copas, sin Champions ni Europa League y sin selección, lo confirman. Son registros espectaculares, incluso si se tiene en cuenta que ha cambiado de equipo a mitad de temporada en varias ocasiones. Cuando eso pasa, el máximo de partidos ligueros que podía jugar en cada club ya no es el de una temporada completa, depende del día exacto del fichaje y de la jornada en la que se incorpora.
Con ese ajuste hecho campaña a campaña, desde el debut en el Lille en 2009-10 hasta su última etapa en el Marsella, el cómputo global arroja un 83,35% de los partidos de Liga posibles jugados a lo largo de 17 temporadas. Una barbaridad. En sus años de mayor rendimiento, el porcentaje roza o toca el pleno. En el Saint-Étienne de la 2012-13 jugó el 97,4% de lo posible, en el Borussia Dortmund de la 2014-15 un 97,1%, y en el Marsella de la 2023-24 no se perdió ni un solo partido de Liga, 34 de 34. Incluso su etapa en la Saudi Pro League se cerró con un 94,1%.
Solo hay una temporada completa en un mismo equipo por debajo del 80%, la de 2020-21 en el Arsenal, un 76,3%, con nueve partidos perdidos. Y ahí sí hay explicación: la malaria, contraída durante un permiso especial, además una dolencia leve posterior. Las cifras más bajas de toda su carrera aparecen en dos campañas partidas por un traspaso y ninguna de las dos responde a una lesión.
Ni con cambio de club
Las temporadas con menor porcentaje tampoco reflejan un jugador con tendencia a romperse. En la 2017-18 se fue del Dortmund tras la jornada 20 y llegó al Arsenal a tiempo de jugar los 13 partidos que quedaban de la Premier League, el 100%. No obstante, aquella salida provocó la mayor ausencia de Aubameyang en su carrera, aunque con un matiz, ya que fue solo en una competición. El africano no pudo jugar las eliminatorias de la Europa League de la 2017-18 porque el Borussia Dortmund, equipo para el que jugó la fase de grupos de esa edición de la Champions, cayó a la segunda competición europea. Es decir, un tecnicismo en el reglamento precipitó su mayor periodo de ausencia en una competición, alrededor de 106 días.

En la 2022-23 cambió de aires justo antes de que se cerrara el mercado de verano. Salió del Barcelona el 31 de agosto tras jugar solo uno de los tres partidos posibles y llegó al Chelsea a tiempo para la jornada 6, sumando 15 de los 33 que quedaban, un 45,5%. El peor porcentaje de su carrera, incluso más bajo que en la campaña de su debut en la élite con el Lille en Ligue 1 (36,8%). En el equipo londinense tampoco tuvo suerte con su presencia en las competiciones europeas, ya que el Chelsea no le inscribió en la Champions League y sí lo hizo con otros fichajes como Enzo Fernandez, Mykhailo Mudryk y Joao Félix.
El historial completo de bajas repite siempre el mismo patrón. Golpes en el muslo, alguna contusión, molestias en el aductor o en los gemelos que se resuelven en cuatro o cinco días. Ni un ligamento, ni una rotura muscular seria, ni una recaída. Alguna gripe, una gastroenteritis, un episodio de covid en 2021-22 que se llevó casi un mes entre dos brotes distintos, y el susto de un problema cardíaco esa misma temporada, 19 días de baja. Esa campaña, junto a la 2022-23 con una dolencia en la espalda cuando defendía los colores del Chelsea, son las únicas en las que la palabra lesión se acerca a explicar de verdad sus ausencias. El resto, básicamente, resume a un jugador que no se lesiona.
El impuesto de Gabón
Y luego está la Copa de África, una cita ineludible para el delantero que se suele disputar en medio de la temporada. Cuatro ediciones jugadas, 2010, 2012, 2015 y 2017, más la disputada este mismo invierno, entre diciembre de 2025 y enero de 2026. Un total de quince partidos de Copa de África con Gabón, capitán en tres de esas ediciones, titular en catorce de esos quince encuentros.
En 2012 fue la única vez que llegó hasta cuartos de final: eliminación en penaltis ante Malí, tras tres partidos de grupo y un cruce a 120 minutos. Semanas enteras lejos de la dinámica de su club en sus cinco ediciones disputadas. Un factor que disminuye el número de encuentros de liga disputados con sus diferentes clubes, pero no a causa de una lesión.
En varias temporadas con edición de la Copa de África por el medio estuvo cerca de alcanzar registros cercanos al 100% de participación en los encuentros ligueros con sus clubes, pero la competición internacional de selecciones le impidió clavar esos datos.
Dos ejemplos en Riazor
En el Dépor, este nivel de resistencia y continuidad suena a otros dos jugadores. El primero, el capitán Diego Villares. Al jugador de Vilalba se le conoce por no fallar nunca a la cita, por ser de los pocos que llegan a mayo sin apenas lesiones o contratiempos físicos que le hagan perderse encuentros de forma obligada. Y por supuesto, a Mario Soriano. Al madrileño le pasa algo parecido. Sin ir más lejos, el pasado curso jugó todos los partidos de Liga en Segunda División y acumula cuatro campañas consecutivas con ausencias contadas y sin lesiones ni sanciones a tener en cuenta. Dos bestias competitivas que, además, están acostumbrados a ser los jugadores que más kilómetros recorren del Deportivo en cada partido.
Y ahora Aubameyang llega a A Coruña para compartir vestuario con estos dos futbolistas y para a sumarse a esa rara estirpe de futbolistas por los que apenas hay que preocuparse cada lunes. Acumula 17 temporadas de fútbol de máxima exigencia, partidos cada tres o cuatro días en varias campañas, competición europea de por medio en la mayoría de estas campañas, Gabón tirando de él en cada parón por selecciones, y el cuerpo respondiendo casi siempre que sí. Es una rareza estadística con nombre y apellidos, con pasaporte gabonés, y con un historial médico que un preparador físico enmarcaría en la pared.
El gol al Lugo fue solo el aperitivo. A sus 37 años recién cumplidos sigue anotando, sigue corriendo como si nada, y sigue sin dar motivos para preocuparse por su rodilla, su isquio o su gemelo. El Deportivo no solo ha fichado un delantero de élite, también un físico de élite.














