Angeliño, entre dos sueños de niño: "Quería trabajar en la obra, tranquilo y cerca de casa"
Tres excompañeros y un exentrenador del lateral comparten sus vivencias en Abegondo junto al canterano blanquiazul, que también deseaba "jugar en el Dépor de mayor"

Angeliño (Coristanco, 1997) está cada vez más cerca de hacer realidad uno de sus sueños de infancia, que es jugar en el Deportivo. Falta hacer oficial su fichaje a falta de los últimos flecos, una cesión por parte de la Roma que cierra un círculo que él mismo llevaba años anunciando desde niño.
Aquel niño, sin embargo, no soñaba con el fútbol para todo. Un día cualquiera en Abegondo, David Sánchez, entrenador entonces del Alevín A, preguntó quién quería ser futbolista de mayor y todos levantaron la mano menos él. "Dijo que quería trabajar en la obra, tranquilo y cerca de casa", cuenta entre risas José Moure, excompañero suyo en varias categorías inferiores del Dépor. Angeliño acabó siendo, con cierta ironía, el único del equipo que llegó al fútbol de élite. Y nada de cerca de casa. Equipos de siete países distintos y dos continentes diferentes antes de regresar de nuevo a su hogar.
Para reconstruir aquellos años de formación, este diario ha hablado con cuatro voces que lo conocieron de cerca. Javier Lavandeira fue su entrenador en la categoría infantil, la temporada en la que el equipo ganó la Liga Gallega, y hoy trabaja en proyectos europeos de deporte desde su perspectiva como profesor de Educación Física, viajando por el continente. Blas Alonso, lateral derecho que coincidió con él desde el Alevín B hasta cadetes y que llegó a ser un habitual en el Fabril, está actualmente sin equipo, recuperándose de una lesión de rodilla. Jano López, portero del Sporting Coruñés, compartió con él cuatro años de cantera y, curiosamente, también ha jugado en Riazor antes que el propio Angeliño, igual que Blas, aunque en su caso en un histórico partido de Copa del Rey del Victoria contra el Villarreal. Y José Moure, hoy en el Silva tras pasar por el Paiosaco, el Montañeros y el Atlético Arteixo, fue su compañero desde el Alevín A hasta el Cadete B, el año previo a su marcha a Inglaterra.
Un "todoterreno" con la pierna cargada
Todos coinciden en la misma imagen de aquel chaval. "Era una bestia, difícil de superar en el uno contra uno, con un recorrido brutal", resume Moure. Jano López lo recuerda como "una bala por la banda izquierda, tanto para atacar como para defender", con "una potencia impropia para un jugador de 12-14 años. La facilidad con la que superaba a los rivales era apabullante". Blas Alonso apunta en la misma dirección: "Desde el primer momento se veía que era diferente. Recuerdo cuando venía a verlo el City, que iba como máximo goleador de la liga siendo lateral izquierdo".

Y es que el dato, repetido por varios de ellos, resulta llamativo: "entre doce y quince goles por temporada jugando en banda”, recuerda Moure. "Cada centro era peligro y cada balón parado ni te cuento", reitera el centrocampista del Silva. Jano amplía el catálogo con detalle: "Le recuerdo goles de casi todos los colores. Tiros lejanos, faltas, córners olímpicos... Era una pasada verlo jugar". El propio Lavandeira, que lo dirigió una temporada en el Infantil A de Liga Gallega, certifica el diagnóstico desde el banquillo: "Era un todoterreno porque era muy superior a los demás, y eso le permitía ir, volver, pegar a puerta, que le encantaba, y realizar ayudas constantes a sus compañeros. Su tren inferior era muy superior al de los niños de su edad".
Lo curioso, visto con perspectiva, es que aquel dominio físico ha mutado con los años en una sensibilidad en su pie izquierdo por la que hoy se le reconoce en la élite. Lavandeira matiza que ya entonces asomaba algo más que músculo, aunque con margen de mejora: "Era un futbolista muy impulsivo, muy competitivo, le gustaba mucho jugar hacia arriba, doblar, disparar. Uno de mis objetivos era que decidiese mejor cuándo debía incorporarse para realmente ser peligroso, leer el momento idóneo, no hacerlo por repetición". El talento en bruto, cuenta Moure, ya condicionaba los sistemas de juego de su equipo: "Con Javi Lavandeira, en el Infantil A, una de las cosas que más hacíamos era jugar por el lado derecho y rodar rápido para llegar a la izquierda, para el uno contra uno de Angeliño. Yo me quedaba de pivote, tapando la zona de lateral izquierdo".
Era una bala por la banda izquierda
Hablar hoy de que "ya se veía venir" siempre suena a colgarse una medalla fácil y los cuatro lo saben. Pero todos matizan lo mismo desde ángulos distintos. "Suena ventajista, pero creo que cualquiera que lo haya visto jugar a esa edad te diría que sí", afirma el guardameta del Sporting Coruñés, que subraya un detalle revelador: "El Manchester City por aquel entonces empezaba a ser una gran potencia en el fútbol, pero el hecho de que la voz se hubiera corrido hasta allí fue realmente una seña de la clase de jugador que teníamos delante". Blas lo resume, desde la experiencia de haber compartido entrenamientos con él: "Se veía que estaba en otro nivel. Yo desde luego siempre quería ir en su equipo en los partidos reducidos, porque casi era victoria asegurada".

Moure aporta otra capa, menos futbolística y más de carácter: "Es un jugador que destacaba mucho, las cosas como son, pero de ahí a ser profesional había muchas etapas que quemar. Lo consiguió con creces, tenía una personalidad y una mentalidad muy fuerte. Le echó mucho valor por irse al Manchester sin saber inglés, solo y con quince años. Cuando marchó para Inglaterra, todos dijimos: vale, va a ser profesional". Lavandeira, con la prudencia de quien ha visto pasar cientos de chavales por Abegondo, prefiere no colgarse la medalla: "Yo nunca me mojaría a esas edades diciendo que un chico va a ser profesional, son muchos escalones los que hay que subir aún. Lo que sí puedo decir es que él repetía continuamente que quería ser futbolista. Y lo consiguió".
La falta que no se volvió a repetir
Si hay una anécdota que resume a la vez la generosidad y el carácter competitivo de Angeliño, es la que cuenta Moure. En un torneo en Lalín, en semifinales contra el Oporto, con el pase a la final contra el Real Madrid en juego y 1-0 en el marcador, llegó una falta a la frontal del área. "Yo no había lanzado una falta en mi vida y le pedí lanzarla. Me la dejó y metí gol. Te diría que fue el único gol de falta en toda mi vida", cuenta el pivote del Silva, todavía con la incredulidad intacta. La celebración, sin embargo, tuvo su contrapunto: "Me dijo: ‘no te vuelvo a dejar una falta en la vida’".
Me dijo: ‘no te vuelvo a dejar una falta en la vida’
Jano rescata otra postal, esta con casi dos décadas de adelanto sobre lo que hoy es noticia. Ambos eran recogepelotas en Riazor de niños y, en los descansos de los partidos, les dejaban salir al campo a dar unos toques. "Recuerdo con viveza un día que estábamos tirando faltas desde la frontal del área y a la mayoría no nos llegaba con mucha fuerza el balón a la portería. Él metió un golazo por la escuadra que hizo girarse y aplaudir a gran parte de la grada. Parece casi un poco premonitorio de lo que está a punto de pasar", relata el ex del Victoria, que volverá a ver a Angeliño pisar ese mismo césped, ahora como jugador de la primera plantilla del Dépor en la máxima categoría española.
Blas guarda otra imagen, en este caso de fuera del campo: "Nos llevábamos muy bien, siempre compartíamos habitación en los torneos. Recuerdo que algunas veces nos llevaba mi hermano a entrenar, tenía un coche bastante deportivo, y nosotros, que éramos muy pequeños, le pedíamos que hiciera ruido. Nos reíamos mucho". Y el propio Blas cierra su etapa juntos con otro recuerdo, ya en la despedida. El lateral derecho explica que en la recta final antes de marcharse a Inglaterra, Angeliño apenas jugó, pero en la final del campeonato gallego contra el Celta todos le pidieron que saliera. "Jugó y fue el mejor".

Lavandeira aporta su propio recuerdo, este ya lejos de Abegondo. En un torneo en La Rioja, con equipos de nivel como el Real Madrid o el Espanyol en el cuadro, era Angeliño quien concentraba las miradas. "Todo el mundo me preguntaba quién era Angeliño, y yo decía: pero si está el Madrid, el Español y más equipos de nivel. Le dije que se centrara en disfrutar el torneo y se aislara de toda esa movida".
Más allá de las cualidades en el campo, las cuatro voces coinciden en el retrato personal. "Era muy buen compañero y líder dentro del vestuario", resume Lavandeira. Jano añade que "era un chaval muy natural, que se llevaba genial con todos sus compañeros, aunque tenía la sangre caliente y era competitivo como él solo; no le gustaba perder ni el partidillo del entrenamiento". El propio Jano reconoce que, una vez Angeliño se marchó a Inglaterra, perdió "bastante contacto con él", aunque conserva un recuerdo concreto de aquellos primeros meses: "Nuestras madres hablaban con cierta regularidad y recuerdo que la adaptación estaba siendo complicada. A pesar de todo fue capaz de sobreponerse a base de trabajo, y mira qué lejos le ha llevado".
Siempre quería ir con él en los partidos reducidos, era victoria asegurada
Moure, que ya no mantiene relación directa con él, describe encuentros esporádicos que hablan por sí solos: "Las pocas veces que me lo encontré por Coruña hablé con él y fue es supercercano, como siempre, incluso con mi familia. Mi padre tiene que viajar por trabajo y se lo encontró en un aeropuerto, fue a saludarlo, le dio un abrazo, preguntó por todos y nos mandó recuerdos". La conclusión de Moure es simple: "Es una muy buena persona y me alegro mucho de que pueda estar viviendo de esto y disfrutar del equipo de su ciudad".
Una vuelta con ADN deportivista
Angeliño vuelve a vestir el blanco y el azul y Lavandeira no disimula el orgullo doble, el de aficionado del Deportivo y el de quien pasó nueve años formando parte de su cantera. A nivel estrictamente futbolístico, ve en Angeliño una pieza que suma en el carril izquierdo. "Creo que viene a aportar un incremento de calidad y a la vez competencia para un buen lateral izquierdo como Quagliata. Creo que Angeliño tiene una experiencia que puede ayudar mucho al Deportivo y a Quagliata a seguir creciendo, a través de la competencia".
Estos fichajes tienen DNI deportivista y enriquecen y engrandecen la cultura Dépor
Y remata con una comparación que no es casual. El año pasado regresó a casa Loureiro, a quien Lavandeira también entrenó, en el Bergantiños. Ahora llega Angeliño. "Creo que estos fichajes tienen DNI deportivista, y junto con la cantera actual, enriquecen y engrandecen la cultura Dépor".
El chaval que soñaba con trabajar en la obra, cerca de casa y tranquilo, vuelve a Riazor por la puerta grande tras una pequeña vuelta al mundo. Ha tardado tres lustros en cumplir su otro deseo, jugar de mayor en el Dépor. El equipo blanquiazul vuelve a contar el niño que condicionaba el juego desde la banda izquierda.













