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Dépor

El peaje de Primera se paga en defensa

Los quince equipos que ascendieron en las últimas cinco temporadas encajaron un 73,4 % más de goles en la máxima categoría

Miguel Loureiro en el choque ante el Málaga
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Hay estadísticas que no garantizan el futuro, pero sí sirven para marcar tendencias. Y si el Deportivo quiere consolidar su regreso a Primera División, hay una conclusión que se repite al analizar los últimos ascensos: la principal batalla del verano se libra en la defensa. La entidad blanquiazul afronta con ilusión su vuelta a la máxima categoría nacional. Sin embargo, antes incluso de que eche a rodar el balón, los números lanzan un aviso tan claro como contundente. La historia reciente confirma que el salto entre Segunda y Primera se cobra su mayor peaje en la retaguardia, donde las diferencias de nivel se hacen más visibles y los errores se castigan con mayor dureza.

Un análisis de los quince equipos que lograron el ascenso en las últimas cinco temporadas revela una tendencia prácticamente unánime. Entre todos ellos pasaron de recibir 526 goles en el segundo escalón a 912 en el primero, un aumento medio de 73,4%. La diferencia no hace más que evidenciar el enorme salto competitivo que existe entre ambas categorías y que explica por qué la mayor parte de los recién ascendidos convierten el fortalecimiento de su retaguardia en una prioridad absoluta durante el mercado de fichajes.

Si el Deportivo siguiera esa tendencia, los blanquiazules pasarían de los 44 goles encajados durante la temporada del ascenso a recibir aproximadamente 76 en Primera División. Una cifra que, vista la evolución de las últimas campañas, convertiría la permanencia en un objetivo inalcanzable.

Una base consolidada

Paradójicamente, el conjunto coruñés tiene un buen punto de partida. Esos 44 goles recibidos en temporada recientemente finalizada le permitieron ser el conjunto menos goleado de los que consiguieron promocionar en este curso. Racing de Santander (61) y Málaga (52) presentaron unos registros bastante más elevados.

Sin embargo, ese dato no quiere decir que el Deportivo fuese un equipo especialmente dominante sin balón. Más allá de los números finales, el combinado coruñés concedió ocasiones con relativa facilidad y en muchos partidos se agarró a la inspiración de Álvaro Ferllo para intervenir en los momentos más decisivos. La diferencia estuvo en la eficacia del guardameta y en una categoría en la que el nivel de acierto ofensivo es inferior al que encontrará la próxima temporada, ante estrellas mundiales.

En Primera División esa realidad cambia por completo. Los delanteros convierten en gol con mucha más facilidad, dejas de ser quien lleva la iniciativa y los equipos generan situaciones de peligro con mucha más frecuencia. Además de que cualquier error individual suele terminar castigado. Lo que en Segunda podía quedarse en una ocasión clara desaprovechada, en la élite acostumbra a terminar dentro de la portería.

Los precedentes así lo demuestran. Por citar lo más reciente. el Levante pasó de encajar 42 goles en Segunda a 61 en Primera. El Elche elevó su cifra de 34 a 57, mientras que el Oviedo sufrió el mayor incremento, pasando de 42 tantos recibidos a 76. Tampoco fue ajeno nadie a dicha tendencia hace dos cursos. El Leganés, que tras ser el equipo menos goleado de Segunda con solo 27 tantos— con Diego Conde de portero, ahora pretendido por el Deportivo— terminó encajando 56 en la máxima categoría.

El Valladolid, por su parte, ofrece un de los ejemplos más extremos. Ascendió tras recibir únicamente 36 goles, pero un año después terminó con 89 en contra, en una de las campañas más pobres que se recuerdan de un equipo en Primera División. El Espanyol fue el que mejor consiguió mantener sus registros, al pasar de 40 tantos encajados en Segunda a 51 en la máxima categoría.

En la temporada 2022-23 también se repitió el mismo patrón. Granada (30), Las Palmas (29) y Alavés (30) construyeron su ascenso desde la fiabilidad defensiva. Sin embargo, ninguno logró trasladar esas cifras a la élite. El conjunto nazarí fue el que más sufrió, al disparar su registro hasta los 79 goles encajados y consumar un nuevo descenso. Las Palmas elevó su cifra hasta los 47 y el Alavés hasta los 46, aunque ambos consiguieron mantener la categoría gracias a un incremento mucho más contenido.

La campaña 2021-22 volvió a confirmar la tendencia. El Almería pasó de recibir 35 goles a 65, mientras que el Valladolid incrementó su registro de 43 a 63. El Girona fue el que mejor amortiguó el salto competitivo. Los catalanes pasaron de 42 tantos encajados a 55, un crecimiento sensiblemente inferior al del resto de ascendidos y que les permitió asentarse rápidamente en la categoría.

Los precedentes más lejanos tampoco alteran la conclusión. En la temporada 2020-21, el Espanyol, campeón de Segunda y el equipo menos goleado del campeonato con solo 26 tantos recibidos, prácticamente duplicó esa cifra en su regreso a Primera, donde terminó encajando 53. El Mallorca pasó de 28 a 63 goles en contra, mientras que el Rayo Vallecano fue el que mejor absorbió el cambio de categoría, al elevar su registro de 40 a 50.

Los quince casos analizados conducen a una misma conclusión. Ningún recién ascendido consiguió mantener en Primera los registros defensivos que había firmado durante el curso del ascenso. Entre todos pasaron de recibir 526 goles en Segunda a 912 en la máxima categoría, un incremento medio del 73,4 %. Una tendencia que explica por qué la dirección deportiva del Deportivo ha situado la parcela defensiva entre las principales prioridades del verano.

Aunque el conjunto blanquiazul fue el recién ascendido menos goleado de esta temporada con 44 tantos encajados, el cuerpo técnico es consciente de que la exigencia crecerá de forma exponencial. El equipo ya no será dominador en la mayoría de partidos, pasará muchos más minutos defendiendo cerca de su área y deberá reducir al mínimo los errores ante delanteros con un porcentaje de acierto muy superior.

No es casualidad, por tanto, que Fernando Soriano haya puesto el foco en reforzar esa línea. El club trabaja para incorporar un nuevo portero que eleve la competencia bajo palos, busca un lateral izquierdo que compita con Quagliata por la titularidad y también pretende cerrar, como mínimo, la llegada de un central que aporte jerarquía y experiencia a una demarcación carente de experiencia en Primera, todo ello pendiente de resolver el futuro de Ximo Navarro, que sigue sin estar renovado.

Porque los datos no garantizan el futuro, pero sí marcan una tendencia. El Deportivo no necesita evitar un incremento de goles encajados, algo que ningún recién ascendido ha conseguido en el último lustro. Su verdadero reto será minimizarlo. Cuanto menor sea ese peaje, mayores serán sus opciones de consolidar su regreso a Primera División.

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