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Dépor

Galicia ya tuvo un filial en Segunda División y era coruñés

El Club Deportivo Juvenil ascendió en la temporada 1953-54 a la categoría de plata del fútbol español

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Un equipo del Juvenil a principios de los años 50
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La imagen del pasado sábado en Balaídos quedará guardada para siempre en la historia del fútbol gallego. El Celta Fortuna goleó a la Ponferradina (4-1) en la final de playoff y logró el ascenso a Segunda División, convirtiéndose en el primer filial gallego el alcanzar la categoría de plata del fútbol español en la era moderna. Sin embargo, la hazaña celeste no tiene el honor de ser la primera. Ese privilegio pertenece a un equipo coruñés que, siete décadas antes, ya había conseguido colocar a un filial de Galicia entre los mejores del país: el Club Deportivo Juvenil.

Su nombre puede llevar a engaño. No era un equipo juvenil en sentido actual del término ni tampoco llevaba el escudo del Deportivo en el pecho, pero su historia está íntimamente ligada a la entidad blanquiazul. De hecho, fue el gran vivero del deportivismo de mediados del siglo XX y el precedente de la actual estructura del Fabril.

Todo comenzó en 1940, cuando una leyenda del fútbol coruñés, Rodrigo García Vizoso, decidió crear un equipo dentro de la Fábrica de Armas de A Coruña. Don Rodrigo, histórico guardameta del Deportivo entre 1927 y 1934, que incluso llegó a defender la portería del Real Madrid como suplente del mítico Ricardo Zamora, trabajaba en aquella factoría tras la Guerra Civil. Allí acabó fundando el Club Deportivo Aprendices de la Fábrica de Armas, una pequeña semilla que unos pocos años más tarde haría historia. Antes de pasar a entrenar al Dépor en dos diferente etapas, ambas en la élite, se encargó de entrenar y moldear durante quince años a varias generaciones que llevaron al equipo hasta la Segunda División.

Aquel primer conjunto vestía completamente de blanco durante sus primeros años. Su crecimiento fue meteórico en las competiciones de modestos de A Coruña, donde conquistó títulos locales y demostró una superioridad que le llevó rápidamente a buscar retos mayores. En 1944 el club cambió su nombre por el de Club Deportivo Juvenil y adoptó los colores blanquiazules que terminarían situándolo, en la práctica, en equipo hermano del Deportivo.

La relación con el club de Riazor era mucho más que simbólica. El Juvenil actuaba como una auténtica cantera deportivista. Por sus filas pasaron numerosos futbolistas que posteriormente dieron el salto al primer equipo y llegaron a competir en la máxima categoría con el Deportivo, aunque también hubo quien hizo el camino inverso al no existir un reglamento que lo impidiese. Juan Acuña, con 31 años —que no se llevaban tan bien como los futbolistas de ahora— formó parte de ese Club Deportivo Juvenil a la vez que era el portero titular en Copa con el Deportivo.

Tras temporadas brillantes en categorías regionales, el curso más brillante de su historia fue la 1953-54. Los dirigidos por Rodrigo se proclamaron campeones del Grupo 1 de Tercera, precisamente por delante de la Ponferradina, y consiguieron el ascenso a Segunda División.

El momento decisivo llegó el 9 de mayo de 1954 en A Lomba, donde una victoria por 0-2 ante el Arosa, en la jornada 33, certificó una hazaña que colocó al equipo coruñés en el segundo escalón del fútbol profesional.

El sueño fue tan dulce como breve. El Club Deportivo Juvenil disputó únicamente la siguiente campaña en Segunda División. Los coruñeses, entrenados primero por Eduardo Viso y después Waldo Botana, finalizaron colistas con tan solo 20 puntos y regresaron a Tercera tras solo un año en el fútbol de plata. Pese al descenso, aquella participación les permitió ser uno de los pocos clubes gallegos capaces de competir en Segunda y, además, en el único equipo de la ciudad de A Coruña junto al Deportivo en haberlo conseguido. Pese a la pérdida de categoría, tres jugadores de aquella plantilla pasaron al primer equipo: Manín, Juananco y Tino.

La fechas posteriores ya fueron más complicadas. Siguieron en Tercera, mientras el otro equipo asociado al Dépor, el Fabril, vivía una situación parecida. Ambos clubes mantenían una fuerte rivalidad por ser el segundo equipo de la ciudad y, pese a compartir vínculos con la entidad de Riazor, seguían siendo estructuras separadas.

A finales de los años 50, los problemas económicos de ambas entidades llevaron al Deportivo a plantear una fusión que inicialmente no prosperó. El Juvenil pretendía que su nombre permaneciese en la nueva entidad, mientras que el Fabril tampoco estaba dispuesto a renunciar a su identidad. El desacuerdo mantuvo a ambos caminos separados durante algunos años más. Incluso llegaron  a enfrentarse deportivamente en un partido que supuso un capítulo especialmente doloroso para el Club Deportivo Juvenil: en la temporada 1959-60 una derrota por 0-2 ante el Fabril en la penúltima jornada terminó condenando a los de la Fábrica de Armas al descenso de categoría.

El final estaba cerca. El Club Deportivo Juvenil dejó de competir tras la temporada 1060-61 y, finalmente, en 1963 aceptó la unión con el Fabril. De aquella fusión nació el Fabril Deportivo, heredero de las dos grandes escuelas coruñesas y antepasado directo del actual Fabril del Deportivo. El nuevo club adoptó los colores blanquiazules de nuevo y quedó

Por eso, cuando el Celta Fortuna celebró su histórico ascenso en Balaídos, muchos se preguntaron si Galicia veía por primera vez a uno de sus filiales alcanzar la Segunda División. La respuesta está escrita desde hace más de setenta años en las páginas menos recordadas del fútbol coruñés.

Antes del Fortuna hubo un grupo de aprendices de una fábrica, una leyenda del Deportivo empeñado en formar futbolistas y un pequeño club blanquiazul que se adelantó a su tiempo. Aquel Club Deportivo Juvenil, nacido de la mano de Rodrigo García Vizoso, fue el primer filial gallego en tocar la plata del fútbol español.

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