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Dépor

Hidalgo, ante la maldición del ascensor

Ninguno de los últimos técnicos que subieron de categoría con el Dépor completó el curso siguiente

Antonio Hidalgo, en la plaza de María Pita durante las celebraciones del ascenso
Antonio Hidalgo, en la plaza de María Pita durante las celebraciones del ascenso
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Si por algo se caracteriza el cargo de entrenador en un equipo de fútbol es por el hecho de estar estrictamente vinculado a los resultados. Y generalmente, cumplir con un objetivo importante suele conceder cierta estabilidad y margen de maniobra. Sin embargo, eso no sucedió con los últimos técnicos que lograron un ascenso con el Deportivo. Sin contar el obtenido en este curso, los tres últimos inquilinos del banquillo coruñés en un ascenso de categoría no fueron capaces de completar en su puesto la temporada siguiente en la nueva categoría. Antonio Hidalgo, cuya continuidad está garantizada y tiene la plena confianza del club para llevar el timón en Primera División, es el hombre llamado a poner punto y final a esta tendencia.

El primero de los técnicos de esta lista es José Luis Oltra. Llegó al Deportivo en el verano de 2011 con la exigente tarea de devolver al Deportivo a la máxima categoría después del dramático descenso de los coruñeses en el curso anterior, tras dos décadas y seis títulos en Primera. El ascenso era obligatorio en una categoría muy exigente. Y el técnico cumplió con creces. Se proclamó campeón de Segunda batiendo además el récord de puntos de la categoría con el formato actual. El Dépor sumó 91 unidades y ascendió en la penúltima jornada, con una victoria ante el Huesca (2-1) en un Riazor abarrotado.

A pesar del final feliz, el camino no resultó sencillo. En aquella campaña, el Dépor mantuvo una dura pugna con Celta y Valladolid para obtener alguna de las dos plazas de ascenso, en un duelo a tres cuyo desenlace no llegó hasta el tramo final de la temporada. “Aquí he sufrido un ascenso”, llegó a declarar José Luis Oltra tras asegurar el objetivo. Y es que su inicio irregular y las numerosas victorias por la mínima en ciertos tramos de la temporada le habían costado alguna que otra crítica. Pero hubo final feliz y Oltra sería el flamante técnico del Dépor en el regreso a Primera.

José Luis Oltra, durante su etapa en el Dépor
ARCHIVO DXT CAMPEÓN

Y las cosas empezaron bien. El Dépor se estrenó con una victoria en Riazor ante Osasuna y luego sumó tres empates. Sin embargo, a partir de ahí las cosas empezaron a torcerse. El equipo herculino solo sumó doce puntos en diecisiete jornadas, lo cual acabó con la paciencia del entonces presidente Lendoiro. Oltra se marchaba dejando al Dépor colista y sin completar la primera vuelta, apenas medio año después de alcanzar la gloria. El equipo acabaría descendiendo a Segunda.

El siguiente nombre es el de Fernando Vázquez, aunque la situación del de Castrofeito es más llamativa. Ascendió con el Dépor en la campaña 2013-14, un curso que comenzó tras un verano convulso, con el fantasma de la desaparición de la entidad por problemas económicos flotando en el ambiente y con un equipo construido prácticamente desde cero. Se completó una plantilla no del todo equilibrada, con la sensación de estar conformada con prisas y, en parte, con remiendos. A Vázquez le tocaba sacarle jugo. Lo hizo tirando de cantera, con el central Pablo Insua como uno de sus puntales, y dando paso a otros nombres como Bicho o Juan Carlos, que tuvieron cierta presencia. Fue un ascenso sufrido, pero que se logró incluso una jornada antes del final de la campaña.

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Vázquez, en un entrenamiento en Abegondo.  Foto: Quintana

Fue en Riazor ante el Jaén, con una victoria por la mínima gracias a un gol de Carlos Marchena. El campeón del mundo fue de los pocos que se habían quedado en la plantilla en verano, aunque curiosamente no era uno de los favoritos del entrenador.

Un adiós inesperado

El Dépor estaba en Primera y Vázquez, que había sido la viva imagen de la felicidad en las celebraciones del ascenso, era su entrenador aparentemente indiscutible. Pero poco le duró la alegría. Ni siquiera llegó a comenzar la pretemporada. En pleno verano y con la plantilla de vacaciones, el técnico hizo unas declaraciones en un acto en Arzúa que se podían interpretar como una crítica a la política de fichajes del club. Un par de días después, el míster fue llamado a capítulo a la plaza de Pontevedra por el presidente Tino Fernández y salió con la carta de despido bajo el brazo. “Es como si meten a alguien en la cárcel por robar un chorizo”, dijo el entrenador, incrédulo, a la prensa cuando abandonó la sede del club.

Desde 2014, pasó una década hasta que el Dépor logró otro ascenso de categoría. Y esta vez, desde la división de bronce a Segunda. El encargado de dirigir la nave desde el banquillo era Imanol Idiakez, en una campaña que acabó en fiesta después de un inicio con tintes dramáticos.

El equipo no acababa de arrancar en la primera vuelta y llegó a coquetear con los puestos de descenso. De hecho, el técnico llegó a estar cuestionado y hasta en dos ocasiones mantuvo su cargo con victorias agónicas en el feudo del Barcelona B y del Arenteiro, con Davo como héroe inesperado y goleador en ambos casos.

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Idiakez, durante el encuentro ante el Barça Atlètic en el Johan Cruyff

La segunda vuelta fue otra historia. El Dépor arrolló y ascendió con contundencia y como campeón absoluto de la categoría. Idiakez se había ganado no solo seguir en el cargo en Segunda, sino también el cariño de la afición.

En el curso siguiente en Segunda, sin embargo, tampoco él fue capaz de acabar la temporada. Dos victorias, cuatro empates y seis derrotas en las doce primeras jornadas justificaron su cese, tras una dolorosa derrota ante el Racing de Santander y con el equipo en la parte baja de la tabla, con un nuevo descenso como amenaza. Finalmente, el Dépor se salvó con holgura, ya con Óscar Gilsanz en el banquillo, y al año siguiente lograría el ascenso de la mano de Antonio Hidalgo, actual inquilino del banquillo deportivista.

Consolidado

Aunque el catalán vivió momentos complicados durante buena parte de la temporada y tardó en convencer a Riazor, lo cierto es que el Dépor se hizo muy fuerte en el tramo final de campaña y no falló, precisamente, en ese tramo del curso en el que un aspirante al ascenso no puede fallar. El equipo coruñés dio su mejor versión en el momento clave.

Gracias a ese trabajo, Hidalgo se ganó el reconocimiento del deportivismo y el derecho a liderar el proyecto en Primera desde el banquillo. Desde el club dejan claro que no hay dudas y que él es el hombre indicado para la nueva campaña en la máxima categoría. Si cumple con las expectativas, acabará también con la maldición del técnico del ascenso en el Dépor.

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