
Esteban y Diego, la historia de una herencia deportivista en Zaragoza
El pequeño Diego ha reconectado a su padre Esteban con la pasión blanquiazul que le había inculcado su abuelo
Hay aficiones que se crean, otras se heredan y algunas sirven para mantener vivas las raíces de una familia a cientos de kilómetros de casa. Para Esteban y su hijo Diego, el Deportivo no es solo un equipo de fútbol. Es memoria, identidad y un vínculo que les une a una tierra que tuvieron que dejar atrás, pero que nunca han olvidado.
Viven en Zaragoza, pero durante la temporada que acaba de finalizar, han recorrido media España siguiendo al conjunto blanquiazul. Vitoria, Eibar, Santander, León, Castellón, Huesca, Burgos y, finalmente, A Coruña, donde estuvieron presentes en Riazor para celebrar el ansiado ascenso a Primera División. Pero para llegar al origen de este sentimiento blanquiazul en la distancia, hay que remontarse a mucho antes de que el pequeño Diego naciera. “Mis abuelos y mi madre eran de Coruña. Conoció a mi padre, que es de un pueblo de Guadalajara, El Pedregal, y se fue a Teruel a vivir con él. Ahí nací yo. Pero hasta que cumplí doce años, los veranos, las Navidades y la Semana Santa siempre los pasé en Coruña”, recuerda Esteban.
Su infancia quedó marcada para siempre por los paseos hacia Riazor de la mano de su abuelo, que le enseñó lo que era ser aficionado de un equipo que por aquel entonces se codeaba con los grandes por los campos de Europa. “Me llevaba a ver los Teresa Herrera, el SuperDépor, y desde pequeño siempre me inculcaron lo que es el Deportivo. Además, mis abuelos vivían al lado del estadio”, explica. Con el paso de los años llegaron las despedidas. Sus abuelos fallecieron y la familia fue perdiendo poco a poco el contacto con Galicia. Sin embargo, un viaje cambió el rumbo de la historia. “Cuando fueron falleciendo, un día fuimos a Coruña, ya había nacido Diego y llevábamos muchos años sin estar en Galicia. Me acordé y tuve nostalgia de todo lo que había vivido en mi infancia y pensé: ‘Esto lo tiene que vivir mi hijo’.
Y desde ese preciso instante, comenzaron a apoyar a un Deportivo que justo atravesaba el peor momento de su historia reciente. Pero ni siquiera importaron las trabas que eso supuso en el camino. “A partir de ahí empezamos a seguir al Dépor a muerte a todos lados, pero como en 2020 bajaron a Primera RFEF, era muy complicado porque dividieron la categoría en este y oeste, entonces a Aragón no le tocaba ningún partido”. Una situación que cambió en la campaña que terminó con el regreso del equipo coruñés al fútbol profesional. “El año del ascenso de 2024 lo dividieron en norte y sur. Entonces les tocó jugar contra el Teruel y con algún otro equipo de esta zona y sí que pudimos ir a los partidos”, explica.
Además, durante mucho tiempo les tocó presenciar los encuentros infiltrados entre la afición local, pero, en uno de esos tantos días que Esteban luce la camiseta blanquiazul por Zaragoza, una casualidad cambió por completo su forma de vivir el deportivismo. “Tanto en Segunda como en Primera RFEF siempre los veíamos en grada local, porque compraba las entradas en taquilla o por Internet. Hace dos años nos mudamos a Zaragoza por trabajo, porque mi mujer es de aquí. Un día iba con la camiseta del Dépor y me encontré con Mariasun, presidenta de la peña A Pilarica. Nos explicó el tema de las peñas y nos hicimos socios toda la familia. Estoy muy agradecido con ella porque a partir de ahí empezamos a ver los partidos en zona visitante y es donde cambió el juego. Cuando juegan cerca de Aragón y nos desplazamos, nos empezamos a juntar con toda la afición, gallegos, coruñeses, y es como si estuviéramos en Coruña. Un cachito de Coruña que se desplaza cerca de nosotros”, afirma.
Viajes para el recuerdo
A pesar de la distancia, siempre que pueden, Esteban y Diego se enfundan su camiseta y se desplazan a donde haga falta para poder seguir al equipo. Algo que ha creado grandes recuerdos entre padre e hijo, con algunos viajes imposibles de olvidar durante la pasada temporada. El primero fue el de Vitoria. “Tenemos varios desplazamientos muy importantes para nosotros. En Vitoria, cuando fuimos a verlos contra el Mirandés, fue el primero en que estábamos en grada visitante toda la familia. Lo que se vivió ese día fue espectacular y el resultado acompañó”.
Pero si hubo uno que marcó para siempre a Esteban, ese fue el de Santander. “Para mí es un punto de inflexión porque esa semana fue bastante complicada. Falleció mi madre y no iba a ir al partido. Tenía las entradas compradas, el hotel reservado, tenía todo. Justo a principios de semana pasó y no tenía ganas. Mi mujer y Diego me insistieron. La última vez que hablé con mi madre me preguntó si iba a ir a Santander, le dije que sí y me dijo: ‘A darle fuerza al Dépor’. Esas fueron las últimas palabras que me dijo”, recuerda con la emoción contenida.
Recordar las palabras de su madre le impulsaron a continuar con el plan previsto y finalmente, Esteban viajó junto a su familia a la ciudad cántabra. Y lo que parecía un simple viaje más, acabó convirtiéndose en algo mucho más profundo. “Me dijeron que iban a hacer una comida varias peñas. En el restaurante empezaron a cantar y mi hijo se unió, porque se sabe todos los cánticos e incluso los inicia. Dani y Lidia, que son de la peña Brigada Blanquiazul, lo vieron, le regalaron una bufanda y nos dijeron que teníamos que hacernos de su peña. Desde entonces somos socios. Esa semana perdimos la poca familia que nos quedaba de Galicia y ganamos otra. Porque cada vez que quedamos con ellos, es como si estuviéramos con nuestra familia de allí”, afirma.
Por otro lado, y pese al resultado, también guardan un recuerdo especial de León y de Castellón. Porque mirar el calendario del Dépor ya se convirtió en una rutina familiar. “León fue muy bonito porque bajó mucha gente de Coruña y era como estar en Riazor. También Castellón. Quitando Vitoria y León, siempre nos han tocado derrotas cuando hemos viajado, pero lo que le inculco a Diego es que no siempre se gana. Que lo importante es ir y disfrutar. Estamos toda la temporada mirando el calendario a ver qué fin de semana nos cuadra que estamos cerca, porque sabemos que ese es el nuestro. Mi hobby junto a mi hijo es ir a ver al Dépor, y siempre que puede venir mi mujer, todavía mejor”.
Dos deportivistas por Zaragoza
Ante la pregunta de qué representa el club coruñés para ellos, la respuesta de Esteban sale casi sin pensar. “Para nosotros el Dépor significa nuestras raíces, nuestro presente, nuestro futuro, familia, pasión… Es todo. No sé qué vamos a hacer este verano…”. Y antes de que termine la frase, Diego le interrumpe: “Pues apoyar al Dépor”.
Una pasión que resulta todavía más llamativa teniendo en cuenta que viven en Zaragoza, una ciudad donde el fútbol también se vive con enorme intensidad. “Desde fuera puede parecer que hay mucha rivalidad o que no se puede salir a la calle con la camiseta del Dépor. Todo lo contrario. Salgo con ella, he visto a más gente, mi hijo la lleva al colegio superorgulloso e incluso su profesor de Lengua metió al Dépor un día que tenían que hacer una canción”, desvela. Y en otra actividad escolar, Diego se volvió a encargar de dejar clara su identidad futbolística. “En un trabajo tenían que hacer la segunda equipación del Zaragoza. Diego dibujó la Torre de Hércules en la camiseta, puso Feiraco, el nombre de Villares, que es su jugador favorito, y la presentó. Cuando colgaron todas en la pared de clase, el profesor cambió el escudo del Zaragoza y puso el del Deportivo”.
Aunque no sienten afinidad deportiva por el conjunto maño, las relaciones sociales que han entablado en la ciudad y echar la vista atrás sí los llevan a empatizar y entender el complicado momento que atraviesa su afición. “No apoyamos al Zaragoza, pero con el tiempo que llevas aquí viviendo tienes amigos, compañeros de trabajo, familiares, que son socios… Ves cómo están sufriendo y te ves reflejado en ellos porque nosotros hace tres años estábamos así. En el fondo sí que me da pena, sobre todo los niños, porque los ves por la calle con la camiseta del Zaragoza, y sientes todo lo que nunca han vivido. Saben lo que sus padres les han contado, que el Zaragoza era grande, y que vayan con la camiseta en lugar de con la del Madrid o del Barça… Ojalá el equipo vuelva a donde tiene que estar y esos niños celebren lo que sus padres les contaron”, desea.
Una promesa cumplida
Y es que en el polo opuesto a la situación actual del Zaragoza tras el descenso a Primera RFEF, se encuentra el Deportivo. El ascenso a Primera quedó certificado en Valladolid, aunque justo ese día Esteban y Diego no pudieron desplazarse. “Estuve toda la temporada diciendo que íbamos a ascender en ese partido y, por problemas en el coche, no pudimos ir. Los últimos partidos siempre los hemos visto con los de la peña. Lo vivimos como si hubiéramos estado allí, nos lo pasamos increíble. Además, hay más niños y estuvieron gritando, liándola, íbamos por la calle con las banderas del Dépor, con las bufandas, y no hubo ningún tipo de problema”.
Pero justo antes de que Bil Nsongo mandara esos dos balones al fondo de la red y certificara el regreso a la élite ocho años después de caer, Esteban le hizo una promesa a su hijo. “Le prometí a Diego que si ascendíamos iríamos a Coruña y así fue”. Una semana después, y vestidos de blanquiazul de cabeza a pies, pusieron rumbo a Riazor para disfrutar del último partido de la temporada frente a Las Palmas. “Nunca había vivido en persona ni la Liga, ni el Centenariazo… Siempre desde la distancia. El ascenso de 2024 tampoco pudimos. Este año era el nuestro. Le dije a mi hijo: ‘Yo no lo he vivido, tú tampoco, vámonos’. Estuvimos en la calle San Juan, comiendo con los de la peña, fuimos en el corteo, que solo había visto en vídeos, y me pareció una locura estar allí. Es el primer partido en el que no había tensión de si marcábamos o nos marcaban, era simplemente celebrarlo. Después saltamos al césped y nos fuimos a Cuatro Caminos, donde tampoco habíamos estado nunca. Espectacular, una de las cosas que vas a contarle a los nietos. Nos lo llevamos para toda la vida”.

Y cuando pensaron que ya nada podía superar a la experiencia que acababan de vivir, llegó Dxt Campeón. Diego salió en una de las imágenes del periódico apoyando al Deportivo y la emoción se apoderó de él. “Pensé que era un sueño”, afirma el pequeño, a lo que el padre añade: “Se puso a llorar, estaba flipando. No lo había visto tan emocionado. Nos pasaron una foto de que salía y justo nos íbamos a volver a Zaragoza. Fuimos corriendo a buscar un periódico, nos volvimos locos buscando”, explica.

Un ejemplar que ya tiene un sitio especial reservado en el cuarto de Diego. “Lo va a enmarcar en la habitación. Fue una de las experiencias de su vida. Diego vive el Dépor como si estuviera allí”, desvela Esteban. Porque, aunque viva a más de 800 kilómetros de A Coruña, apoyan y sienten al equipo blanquiazul como si ambos hubieran nacido al lado del estadio de Riazor. Ahora, con el ascenso consumado, miran al futuro con ilusión. “Estamos muy contentos de todo lo que hemos vivido, sobre todo en Segunda B, porque fuimos a estadios en los que se veía el fútbol prácticamente a pie de campo. Hemos disfrutado, también en Segunda, y ahora queda lo mejor”. Y mientras su padre termina la frase, Diego vuelve a hacer lo que mejor sabe y empieza a entonar el: “A Primera, nos vamos a Primera”.

