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Dépor

Riki Rodríguez, el fichaje estratégico que debe salir del limbo

El Deportivo hizo un gran esfuerzo en enero para adelantar la incorporación del ovetense, pero su rendimiento no fue estable

Riki, conduce el balón ante Goti durante el Dépor-Córdoba
Riki, conduce el balón ante Goti durante el Dépor-Córdoba
Patricia G. Fraga
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Llegó en las últimas horas del mercado de invierno como un fichaje estratégico. Desde el 1 de enero, Riki Rodríguez ya era libre para firmar por el equipo que quisiese a partir del 30 de junio y sin tener que rendir cuentas con el Albacete. Pero el deseo del Deportivo lo aceleró todo. El nombre del centrocampista ovetense llevaba en la agenda blanquiazul mucho tiempo. No solo a partir de la llegada de Fernando Soriano a la dirección de fútbol, sino desde mucho antes. El del chico había sido un fichaje frustrado en el mercado invernal de la temporada 2021-22, cuando el conjunto herculino no pudo asumir su incorporación y, curiosamente, acabó en el equipo que le terminó arrebatando el ascenso en aquel trágico partido final en Riazor.

El Dépor no pudo cerrar su fichaje en aquel momento y pareció olvidarse de él. Riki se convertía en pieza capital en un ‘Alba’ de Segunda, mientras la escuadra coruñesa luchaba por salir del pozo de Primera Federación. Pero una vez lo consiguió, Soriano volvió a subrayar su nombre en aquella vieja página de la agenda de futuribles. Así, tras varias intentonas fallidas ante las reticencias del Albacete a dejar salir a un futbolista clave en el campo y en el vestuario, no fue hasta el pasado enero cuando la situación se desbloqueó. 

Toché, exjugador blanquiazul y actual máximo mandatario en la parcela deportiva del club albaceteño, aceptó negociar por el jugador, a sabiendas de que unos meses después lo perdería libre. Quedárselo durante el resto de la liga a cambio de nada o perderlo para prácticamente toda la segunda vuelta pero llevase un buen pellizco económico. Ambas opciones tenían pros y contras. Pero el Albacete, con la permanencia en la categoría encaminada, eligió la segunda y negoció con el Deportivo un traspaso que, con variables, apunta a una cantidad no muy lejana al millón de euros.

Así, Riki hizo las maletas y llegó a A Coruña como el último fichaje de un mercado de invierno con el que el Dépor buscaba dar un salto de nivel para afianzarse en la pelea por el ascenso. “Nunca he sido un jugador que gane partidos, pero sí ayudo a crecer desde atrás, ayudar al compañero y a progresar”, explicaba Riki en su presentación, unos días antes de debutar de blanquiazul. Precisamente contra ‘su’ Albacete.

Esa capacidad para hacer mejorar el juego fue la que provocó que Antonio Hidalgo, más pronto que tarde, apostase por él. Contra el propio Albacete dio entrada a Rodríguez a 25 minutos para el final para tratar de controlar mejor un partido que amenazaba con escapársele. Una semana después, en Castellón, ya le dio la titularidad. 

Riki parecía llegar para quedarse. Bien como mediocentro más retrasado, bien como centrocampista en una altura algo superior al de la base. “(El entrenador) Me ve de '6' y '8', en esas posiciones del mediocampo. Quiere que haga lo que vengo haciendo, lo que hacía”, señalaba el asturiano.

Inespecífico

Sin embargo, ese rol inespecífico acabó pasándole factura. Porque Riki no acababa de ser el mediocentro defensivo que necesitaba en ese momento un Dépor que quería jugar con Mario Soriano en el doble pivote y Luismi Cruz más dos delanteros por delante. Pero tampoco era mejor conductor de juego que el propio Mario. 

En Gijón, Hidalgo probó adelantando de nuevo al madrileño a la mediapunta para juntar a Riki con Villares por detrás. Pero el experimento no salió bien. Sobre todo cuando, tras el intermedio y con la lesión de Villares en el hombro, el ’21’ retrocedió de nuevo unos metros para acompañar al ex del Albacete y acabar igualando el choque ante el Sporting.

Aquel fue el asentamiento definitivo de Soriano como mediocentro. “En la primera parte le hemos encontrado a esas espaldas, pero seguramente él tampoco se encuentra tan cómodo cuando participa tan poco. Creo que últimamente se encuentra más cómodo en la base”, señalaba Hidalgo sobre el ‘Joker’. 

De esta manera, a Riki se le abría únicamente la posibilidad de jugar de ‘6’. Y después de varias suplencias consecutivas, su gran irrupción desde el banquillo en Huesca hizo que Hidalgo volviese a apostar por él en vez de Villares como escudero de Soriano. La ecuación de más pie a cambio de menos motor duró tres partidos más. Porque ante el Leganés, una pobre primera parte le apartó definitivamente de la titularidad en beneficio del capitán.

No volvió al once el asturiano en los partidos más decisivos y, ahora, tras el ascenso con el que devolvió al Dépor aquello que le había quitado en 2022 para cerrar el círculo, el canterano del Oviedo afronta una nueva realidad con su debut en Primera en el horizonte: está en un limbo, pues no apunta a ser ni mediocentro cierre ni organizador en la máxima categoría. Con Diego Villares y Mario Soriano con plaza fija en la plantilla y colocados un paso por delante más la previsible incorporación de Gijselhart, la gran apuesta del club el pasado mercado de invierno debe dar un paso adelante para, al menos, convertirse en un complemento que, por su utilidad en todo tipo de contextos, se convierta en importante para Hidalgo.

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