La felicidad invade A Coruña
La hinchada del Dépor puebla el césped al término del partido, antes de la fiesta en el estadio y la traca final en Cuatro Caminos

Ya estaba escrito, pero fue igualmente feliz. No hubo mejor epílogo posible para la travesía por el desierto del Deportivo, que este domingo terminó de quitarse de encima todas las penas acumuladas durante ocho largos años, los que ha tardado en volver a Primera División. Se acabó una temporada para la historia, en la que el conjunto blanquiazul aceleró el proceso para saltarse algún que otro paso y verse de nuevo en la élite del balompié nacional. Y claro, su gente, acostumbrada a celebrar con agonía, explotó de alegría.
Fue un día para el recuerdo en A Coruña, que se echó a las calles para amanecer con música, sacar músculo como afición, celebrar el éxito mientras el balón corría e invadir Riazor durante media hora, antes de regresar a las butacas para vivir la traca final en el estadio y enfilar hacia Cuatro Caminos para arrancar una noche muy larga, pese a que el lunes asome en el horizonte.
Quedó impoluto el césped de Valladolid el día del ascenso ante el alto volumen de agentes policiales y de seguridad que custodiaban las gradas, pero no sucedió lo mismo con el de Riazor. “In-in-invasión”, comenzó a cantar la grada de Marathón mediada la segunda mitad. Y claro, la mecha prendió. La afición del Dépor tenía ganas de festejar sobre la hierba de Riazor el regreso de su equipo a Primera División. Y no dudó en invadir el verde para disfrutar sobre el terreno.
Solicitud desoída
Todo pese a que el club, que se temía el asalto al terreno de juego, solicitó en los minutos finales que no se accediese al césped. Una petición que se llevó el viento, pues el deportivismo quería decidir por sí mismo cómo montarse la fiesta. Una vez pitó el árbitro el final del choque, la ‘amenaza’ del “vamos a saltar” se convirtió en realidad. La hinchada abandonó a la carrera las gradas para pisar la hierba y, durante alrededor de media hora, festejar entre el pueblo y en el corazón del deportivismo el adiós a las infiernos.
Cánticos de todo tipo, 'pogos', besos y abrazos. Hurto de las redes de la portería como recuerdo perenne y cariño hasta el extremo a los futbolistas, que pudieron ir abandonando el césped hacia los vestuarios ayudados por los miembros de seguridad.
Así, fueron pocos los que esquivaron la tentación de inmortalizarse en la arena del coliseo en el que tanto sudor se ha derramado para conseguir el salto de categoría.
“Por favor, una vez celebrado el ascenso en el campo, os invitamos a que subáis a la grada para celebrar el ascenso todos juntos, con los jugadores”, insistía el ‘speaker’ con el objetivo de desalojar el terreno de juego para que el. “Por favor, ayudadnos a continuar la fiesta todos juntos”, llegó a solicitar Diego Villares a través de la megafonía del estadio, como último recurso tras las insistentes peticiones del ‘animador’ del estadio.
“Hola a todos, soy Villares. Por favor, la plantilla os pide, si sois tan amables, que volváis a la grada para poder disfrutar todos juntos. Gracias”, reiteró el capitán.
Fue el aviso definitivo, con el que el deportivismo asumió que tocaba regresar para vivir, de nuevo desde sus butacas, la fiesta organizada por el club, con los jugadores como únicos protagonistas en el verde.
Así, con el campo ya ‘limpio’, los operarios montaron un pequeño escenario que sirvió para acoger a los futbolistas. No hubo ya espacio para las presentaciones individuales, sino para un saludo colectivo a la plantilla, separado de otro para el cuerpo técnico.
Todos ellos se subieron al estrado antes de que el ‘speaker’ solicitase a Parreño, Puerto, Ximo, Barcia, Villares, José Ángel, Mella y Yeremay, los ocho futbolistas que han completado el camino más tortuoso, desde Primera Federación hasta Primera División. Todos ellos se llevaron un obsequio físico entregado por canteranos de la entidad.
“Siento felicidad. Esto es una locura. Estos siete y yo, los 45 que están ahí atrás (por la plantilla y el staff) y todos vosotros lo merecéis. Esto es una locura. Forza Dépor”, abrió la ceremonia Mella, antes de que el público impidiese a Ximo Navarro hablar con un estruendoso y unánime “Ximo, quédate”.
Luego llegó la gran sorpresa, con el vocalista de ItaloBrothers saliendo del túnel para cantar el ‘Stamp on the Ground’, ya consolidado como un himno en el estadio. Llegó entonces el humo —esta vez sí bien escogido— y la pirotecnia, antes de que los futbolistas iniciasen una vuelta de honor con parada ante los Blues para homenajear a los capitanes, Mella, Nsongo o Hidalgo, antes de enfilar a Cuatro Caminos a las 23.20 horas para iniciar una larga noche.













