De Granada a Granada, los puntos que unen el camino al éxito del Deportivo
No fue capaz de sostener el inicio prometedor ante el equipo nazarí, pero la derrota en la segunda vuelta frente al mismo rival supuso la inflexión definitiva

El camino al éxito del Deportivo ha sido tan largo como duro. Pero, sin duda, en esta ruta hacia Primera hay una estación de ida y vuelta que ha marcado gran parte del devenir del conjunto blanquiazul: Granada. Porque el conjunto deportivista encontró en la ciudad nazarí un pico de rendimiento justo al inicio de curso que fue la depresión más profunda seis meses después, cuando el conjunto dirigido por Pacheta visitó Riazor y endosó al cuadro deportivista un 0-2 que hizo saltar todas las alarmas que la regularidad del equipo en cuanto a resultados silenciaban.
Pero empecemos por el principio. El Deportivo venía de una temporada que apuntaba al vaivén como recién ascendido, pero acabó de una manera sosegada. Quizá demasiado. La holgada permanencia cosechada por Óscar Gilsanz acabó transformándose en una calma que afectó al equipo. Tanto que se dejó ir y ensució su notable curso con un tramo final que no estuvo a la altura. Fue el argumento perfecto para ampararse en la necesidad de un cambio de rumbo en el banquillo para tratar de mirar más alto.
La resolución tuvo partidarios y detractores. Pero, a la postre, ha sido incuestionablemente acertada. Nadie sabe lo que podría haber hecho el actual Deportivo conducido por el técnico de Betanzos, pero es indudable lo que ha logrado bajo el mando de Antonio Hidalgo.
Así, con el nuevo inquilino del banquillo ya con mando en plaza y una plantilla prácticamente confeccionada a falta de algún retoque, el ‘nuevo’ Deportivo se plantó en Los Cármenes con unas expectativas altas... que incluso fue capaz de elevar. Porque ante aquel conjunto todavía a medio construir, pero que venía de ser aspirante a regresar a Primera, el Dépor firmó un gran encuentro. No solo fue solvente en todas las facetas del juego, sino que alcanzó el culmen de la excelencia en esa extraordinaria jugada asociativa, llena de precisión, ritmo y belleza con la que abrió el marcador en la ciudad granadina. El primer tanto de la temporada ponía el listón ya en las nubes.
Mantenerse
Era evidente que iba a ser difícil proseguir ante semejante nivel de expectativas. Pero incluso en esa tesitura que apuntaba a que el suflé no podía crecer más, el Dépor logró mantenerse. Al menos, durante un tiempo. Porque tras Granada llegó el in extremis —y merecido— triunfo frente al Sporting y las goleadas a Mirandés y Huesca. La primera, de nuevo con sinfónicos momentos colectivos especialmente en la primera mitad. La segunda, a base de extraordinaria eficiencia para empequeñecer al contrario.
Y es que el equipo coruñés no solo encontraba la manera de meterle mano a su rival, sino que era capaz de irse de los partidos sin apenas rasguños. El Deportivo estaba cómodo defendiendo desde la capacidad para orientar al rival y emboscarle con su agresiva última línea. Y aunque no parecía un equipo hecho para estar a gusto sin balón, tampoco se le veía demasiado incómodo protegido en torno a su área.
A esa cuestión había que sumarle una extraordinaria amenaza al contragolpe, la faceta que siempre ha sido la favorita del colectivo blanquiazul si sobre el campo estaban un Yeremay Hernández y un David Mella en plenas condiciones. Sin olvidarse de un ataque posicional con margen de mejora, pero capaz de imponerse en el guion de partido en ciertos momentos y ramalazos de tal grandeza que parecía imposible que el equipo no pudiese hacer crecer esa rama del juego.
A menos
La ilusión estaba por las nubes en A Coruña, que veía que por fin contaba con un equipo que podía ser dominante en la categoría. No parecía el retorno a Primera una quimera, pero el Deportivo comenzó a ir a menos. Frenado por sensibles ausencias que incluso coincidieron en un sector concreto— Ximo Navarro, lesionado, y David Mella, en el Mundial sub-20—, el conjunto deportivista no terminó de ser capaz ya no de crecer, sino de consolidar esas bases identitarias que enseñó en Granada y confirmó después: es que parecía que incluso retrocedía.
Tras una mala racha, el Dépor encontró una buena ola de resultados. Pero el juego seguía sin fluir. No había demasiado a lo que agarrarse, más allá de la capacidad del equipo para ir sacando marcadores a trancas y barrancas cuando quien estaba enfrente no era un rival de idéntico o superior nivel.
No era un tema menor el de ser capaz de sostenerse pese al juego. Pero parecía que más pronto que tarde, la pinza acabaría cediendo ante el peso del fútbol, que siempre acaba poniendo a cada uno en su lugar a lo largo de una temporada tan extensa. Sin embargo, justo a tiempo, el Deportivo encontró la brújula.
Tocar fondo
Para ello debió tocar fondo. Lo hizo seis meses y 21 días después de aquel extraordinario estreno en la ciudad de la Alhambra. Precisamente, con el mismo contrario enfrente. Aunque ante una plantilla muy diferente, el conjunto blanquiazul firmó un paupérrimo encuentro. “Ha sido un partido muy malo, el rival ha sido mejor. Cuando se han puesto por delante, no hemos sido capaces de meterlos en su campo. Creo que es el peor partido desde que estoy aquí”, reconocía Hidalgo al término del choque.
Al mal resultado y a la pésima imagen se le sumó la lesión de David Mella, que apuntaba a no ser demasiado grave pero acabó con la rodilla del canterano en el quirófano y una recuperación que se alargará hasta la próxima pretemporada. Sin embargo, fue en ese momento de extrema dificultad cuando el Dépor se reinventó. En las crisis aparecen las mejores soluciones.
“Nos quedamos con la baja de David (Mella) y ahí había que tomar una decisión en la manera de jugar. No estábamos finos en ese momento. Decidimos poner a Alti en una altura más. Eso nos dio muchísima más estabilidad, más juego por dentro. Creo que todo el mundo empezó a encontrarse más cómodo en ese momento clave. Fue clave tomar esa decisión”, reconocía Hidalgo en ‘El Larguero’ de Cadena SER tras el ascenso.
Lo que vino después es reciente y conocido. Una racha de doce encuentros sin perder, iniciada en Ceuta precisamente con un gol de Alti en el añadido. De verse cuarto, a tres puntos del ascenso pero muy exigido por detrás, a acabar ascendiendo directo y con una jornada de margen. Granada fue el principio de los dos caminos.













