En vídeo | La afición del Dépor, optimista ante el partido contra el Valladolid: "Si es el finde que viene, da igual, vamos a ascender"
La hinchada blanquiazul despidió en Abegondo al autobús del equipo coruñés entre ilusión y positivismo
No cabía más fe en Abegondo. A poco más de 24 horas de que el Deportivo se juegue en Valladolid el regreso a Primera División, la afición blanquiazul convirtió la ciudad deportiva en una despedida para el recuerdo, pase lo que pase este domingo. Una mezcla de nervios, ilusión y sentimiento acumulado durante años que acabó transformando una simple salida de autobús en una auténtica comunión entre equipo e hinchada.
El plan inicial era que la expedición deportivista pusiese rumbo a Valladolid a las 14.30 horas, pero mucho antes la gente ya empezó a llenar el parking de las instalaciones. Casi una hora antes de la cita ya comenzaron a aparecer elásticas blanquiazules, bufandas, banderas y familias enteras preparadas para acompañar al conjunto coruñés en el momento más importante de la temporada.
Poco a poco, el tramo desde el aparcamiento hasta el túnel de salida se fue formando un pasillo humano con niñas y niños subidos a los hombros de sus progenitores, grupos de amigos cantando sin descanso, y sin camiseta debido al calor que hacía en ese instante del mediodía, y bengalas preparadas para el momento en el que apareciese el autobús. Todo teñido de blanquiazul. Todo recordando a esas grandes citas que hacen historia.
Entre la multitud destacaba un hombre sujetando una enorme copa forrada de papel de plata en la que podía leerse un mensaje claro y directo: “1ª”. Muchos aficionados se acercaban a fotografiarse con ella como si de un amuleto se tratase. Y justamente esa es la palabra que utilizó el dueño cuando explicó al micrófono de Dxt Campeón la historia que hay detrás del trofeo que cargaba a cuestas. “Ya tiene 25 años. No se hizo para esta ocasión. Está reformada, fue a Oporto, a Madrid al Centenariazo y al último ascenso. Es como un amuleto”, relató entre risas. Preguntado sobre qué plan tiene para ver el partido, rápidamente respondió: “A Valladolid sin entrada”.
A Valladolid sin entrada
Y es que si algo quedó claro este sábado en Abegondo es que miles de deportivistas viajarán igualmente aunque no dispongan de asiento para vivir el encuentro desde las gradas del José Zorrilla. Porque la necesidad de estar cerca de su equipo les pesa más que cualquier inconveniente. “Nos vamos hoy, arrancamos después de esto y en principio la idea es ir allí y disfrutar, aunque vamos sin entrada”, respondió un joven aficionado. Muchos, eso sí, tendrán que vivirlo desde A Coruña, debido a que el club pucelano solamente envió 1.057 entradas para la hinchada deportivista.
Además, a esto se suma que una generación entera se encuentra en plena época de exámenes. “A Valladolid por desgracia no vamos, que hay examen el lunes, lo veremos por Coruña, zona Cuatro Caminos”, explicó uno de ellos. “Hay que estudiar, así que por A Coruña a ver qué hay”, añadía otro con una mirada puesta en la carretera por si aparecía el vehículo con los futbolistas.
La marea blanquiazul seguía creciendo en Abegondo y el humo azul comenzaba a cubrir parte del túnel mientras los cánticos se hacían cada vez más fuertes: ¡Que sí, joder, que vamos a ascender!” era sin duda el más repetido por todos los allí presentes. Finalmente, cuando el reloj marcó las 15.00 horas, el autobús apareció lentamente entre una marea entregada por completo. El conductor apenas podía avanzar entre cientos de personas gritando a pleno pulmón y golpeando suavemente los laterales para trasladar al conjunto herculino el último aliento. Fue entonces cuando llegó uno de los momentos más especiales de la tarde.
Ningún capitán se lo quiso perder
El autocar se detuvo, las puertas se abrieron ligeramente y tres de los capitanes se asomaron para agradecer el apoyo de la afición. Primero aparecieron Diego Villares, Sergio Escudero y José Ángel. Los tres aplaudieron, sonrieron y mandaron besos mientras no sabían exactamente a qué punto mirar debido a la cantidad de gente que luchaba por acercarse aunque fuera un poco a ellos. De repente, desde dentro del autobús, alguien parecía pedirle a Villares que avanzase un poco hacia delante y, segundos después, se descubrió que era Ximo Navarro quien no se quería perder el momento. Poco después apareció también un sonriente Yeremay, quinto capitán del equipo coruñés esta temporada, quien subió todavía más los decibelios cuando su cabeza se asomó por detrás de sus compañeros. Los jugadores apenas estuvieron unos segundos fuera, pero fue suficiente para desatar la locura definitiva.
La conexión entre equipo y afición era total. El vehículo retomó lentamente la marcha escoltado por varios agentes de la Guardia Civil que también decoraron sus motos con bufandas del Deportivo. Cuando ingresaron en el túnel, las bengalas se multiplicaron en cuestión de segundos y el humo acabó tiñendo de naranja por completo el túnel de salida. El autocar fue desapareciendo poco a poco entre una nube mientras los aficionados seguían cantando hasta perderlo de vista en el horizonte.
La celebración, el eterno debate
Y entre toda esa ilusión, otra pregunta sobrevolaba constantemente las conversaciones: ¿qué debe pasar si el Deportivo logra el ascenso en Valladolid? Desde que el árbitro indicó el final del partido contra el Andorra, el debate se instaló en la afición blanquiazul. En el caso de que la expedición regresase a A Coruña, llegaría a la ciudad alrededor de las dos de la madrugada y muchos creen que, aunque sea tarde, los jugadores deberían celebrar igualmente en Cuatro Caminos.
En cambio, otros prefieren esperar y hacerlo con más calma la próxima semana en el último partido del curso. “Es mejor después del partido contra Las Palmas, que así podemos ir todos de carallada”, dijo un aficionado. “Mañana estaría bien hacer algo también. No digo ir a Cuatro Caminos, pero que vengan para celebrar con la afición por lo menos”, debatió su amigo. De momento, el Deportivo ya tiene lo más importante: una afición completamente entregada. Abegondo fue la prueba definitiva de que el deportivismo vuelve a creer y ahora, toda una ciudad espera a que lleguen esos noventa minutos que pueden cambiarlo todo.



