Al Deportivo le tocará sufrir en Valladolid... como hasta ahora
Los blanquiazules buscan el ascenso en Pucela tras una segunda vuelta triunfal basada en la resistencia ante marcadores ajustados

El Deportivo se jugará mañana (a las 18.30 horas) la primera de las dos balas que guarda en la recámara para certificar su ascenso a Primera División. En el estadio José Zorrilla se encuentra la primera oportunidad, ante un Valladolid en el que se esperan rotaciones, pero desde el vestuario herculino nadie espera en ir de paseo. El mensaje que sale desde la entrañas del club es claro: tocará sufrir. Igual que hasta ahora. No es una advertencia nueva, más bien es la base de la candidatura coruñesa, que se ha ido construyendo en los últimos meses con victorias muy ajustadas.
Antonio Hidalgo quiso rebajar en la rueda de prensa de ayer cualquier sensación de exceso de confianza. Enfrente estará un contrario con apenas objetivos en juego, aunque lo más le motiva es no volver a colarse en una celebración ajena. El técnico catalán lanzó un aviso tanto para sus jugadores como para una afición que tampoco va a caer en el error de mirar el encuentro como un simple trámite.
Diez de las doce victorias conseguidas desde enero han sido por la mínima
El Deportivo tendrá que volver a sudar la camiseta para sacar adelante un duelo que, por contexto y escenario, apunta a exigencia interna máxima. Y los números respaldan completamente ese discurso, porque la sobresaliente segunda vuelta que ha firmado, no se puede confundir con la comodidad.
De los doce triunfos logrados desde enero, diez llegaron por una diferencia mínima de un solo gol. Una estadística que retrata perfectamente la dureza de la categoría y la igualdad competitiva de cada jornada. Nadie regala nada. Ni los equipos de arriba ni los de abajo, independientemente de que tampoco tengan mucho en juego.
El Dépor solo logró escapar de esa tendencia de marcador apretado ante dos rivales: el Córdoba y el Mirandés, ambos en Riazor. Frente a los andaluces (2-0), el camino se abrió con uno de los únicos dos tantos que se han conseguido a balón parado, en centro-remate directo. Noubi firmó con la cabeza su primer gol y Quagliata, al primer toque, aportó el de la tranquilidad.
Más costoso fue ante los de Anduva, en un choque que, pese a vencer por dos tantos de ventaja, no estuvo exento de tensión. Los locales tuvieron que remontar en la segunda mitad para acabar imponiéndose por 3-1, con un penalti parado por Álvaro Ferllo sobre el alargue para evitar que los jabatos redujesen la renta a solo un gol.
Ese patrón se ha repetido una y otra vez durante el curso. Un gol de ventaja. Partidos largos. Sufrimiento hasta el final y marcadores cortos que acaban favoreciendo gracias a la aportación de los jugadores que saltan al campo desde el banquillo.
El Deportivo ha aprendido a competir en escenarios incómodos y aguantar de pie para dar el golpe letal a su adversario en el momento justo. El equipo sabe manejar la presión y la gran mayoría de planes de partido están enfocados en cocinar al rival a fuego lento, desgastándolo física y mentalmente, hasta encontrar la grieta definitiva.
Por todo eso, internamente, nadie contempla un partido sencillo en la capital castellana. Aunque el Valladolid llegue sin urgencias, el deseo que tienen los dirigidos por Fran Escribá es cerrar la temporada con una alegría ante su afición.
En A Coruña, mientras tanto, la ilusión se desborda tras años repletos de golpes y decepciones. Hidalgo quiere un equipo reconocible, sólido y preparado para un partido de resistencia. Porque si algo ha demostrado este Deportivo durante la segunda vuelta es que sabe ganar sufriendo. Y todo apunta a que, para alcanzar el ascenso, tocará hacerlo una vez más.











