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Dépor

La arenga perpetua de Quagliata

El lateral italiano conectó con Riazor e impulsó la reacción del Deportivo

Giacomo Quagliata leventa los brazos para pedir el apoyo de Riazor
Giacomo Quagliata pide el apoyo de Riazor en el partido contra el Andorra
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El partido en Riazor dejó una de esas imágenes que explican mejor que el resultado el pulso de un equipo. En medio de un duelo complicado, que ya se había puesto cuesta arriba para el Deportivo con el Andorra por delante en el marcador y el conjunto blanquiazul sin encontrar fluidez, emergió la figura de Giacomo Quagliata, “el guerrero de Sicilia”.

El lateral vivió esos primeros 45 minutos con una intensidad evidente. Se le vio especialmente frustrado, gesticulando, pidiendo más a sus compañeros y tratando de ajustar posiciones sobre el césped. No se escondió en ningún momento. Todo lo contrario. Asumió un papel activo en la búsqueda de soluciones en un contexto en el que el equipo no terminaba de sentirse cómodo ni en defensa ni en salida de balón.

En ese tramo, una de las imágenes más significativas fue su conversación constante con el capitán, Diego Villares. Entre ambos intentaron ordenar ideas, corregir los muchos desajustes que había y mantener al grupo conectado, incluso cuando la sensación de inferioridad ya era más que notoria entre los 29.680 seguidores que se reunieron a la hora de comer.

El descanso, que los locales pedían a gritos y la grada a silbidos, marcó un punto de inflexión claro. El Deportivo regresó al verde con otra energía, más reconocible. El partido cambió por completo y, con él, también lo hizo el estado de ánimo del jugador italiano.

Si en la primera parte había sido un torbellino de frustración contenida, en la segunda se convirtió en una pieza clave para activar a Riazor. Cada recuperación, cada avance por banda y cada acción defensiva fue celebrada por todo lo alto. Quagliata no solo dio un paso al frente, sino que conectó con la afición para que después, en rueda de prensa, Carles Maso pudiese decir “con este ambiente no hemos sabido darle la vuelta”

En varios momentos del segundo tiempo se le vio girarse hacia la grada, levantando los brazos y pidiendo todavía más apoyo a un estadio que respondió con fuerza creciente. Ese intercambio de energía entre jugador y afición terminó de alimentar la remontada emocional y futbolística de los herculinos.

El Deportivo, empujado por ese cambio anímico, logró darle la vuelta al partido desde lo pasional. Y en ese proceso, la figura de Quagliata fue especialmente visible. De la tensión y el enfado inicial a convertirse en un agitador emocional del encuentro.

Riazor acabó reconociendo esa entrega, esa mezcla de carácter y compromiso que define a jugadores que no se esconden cuando el escenario se complica. En una tarde de giros, la batalla del corazón la ganó Quagliata, dejando una imagen de carácter puro y conexión total con el deportivismo.

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