El amplio parte de guerra tras el triunfo del Dépor ante el Andorra
El cansancio físico y las molestias de algunos jugadores ponen en duda su presencia en Valladolid

Las batallas saben mejor cuando se vencen con sufrimiento. Pero el sufrimiento también deja a menudo secuelas detrás de esas batallas. El Deportivo acaricia la gloria después de la librada y superada frente al Andorra, pero le queda la que se espera que sea la contienda definitiva y para la que tendrá que recuperarse bien después del parte de guerra que presentó nada más pitar Jesús Manuel Orellana el final del encuentro.
Que el físico iba a jugar un papel importante estaba claro desde incluso antes de que el balón empezara a rodar. Después del pasamanos oficial entre ambos equipos, el cuerpo técnico hizo un llamamiento común a todos los jugadores deportivistas para que se acercasen a la banda. No se trataba de recibir instrucciones, sino de hidratación. Un último trago de agua antes de afrontar un partido cuya exigencia por el sol de justicia que brilló sobre el cielo coruñés. “Estaba pidiendo el cambio porque se me estaba subiendo todo. Hacía un calor terrible, una hora para jugar al fútbol que es regular y el campo estaba seco. El esfuerzo lo pagamos. Mario y más gente estaban acalambrados. No me dio tiempo a celebrar el gol”.
Son palabras de Diego Villares, uno de los futbolistas que tuvo que dejar el césped contra su voluntad. Simplemente no podía más. El esfuerzo por la remontada y un rival que obliga a correr detrás de la pelota provocaron que poco a poco los futbolistas blanquiazules fueran pidiendo el cambio, tirando la toalla por agotamiento. Junto al capitán también tuvieron que salir antes de tiempo Altimira y Quagliata. En su caso no fue obvio que levantasen la mano, pero Hidalgo detectó rápido que el ida y vuelta de ambos carrileros estaba empezando a dejar sin oxígeno las bandas deportivistas.
Aunque el más preocupante seguramente fue Mario Soriano, que ya sobre los últimos minutos de descuento se quedó bloqueado cuando sus isquiotibiales dijeron basta. Terminó cojeando, pero terminó de pie dentro del césped... para finalmente celebrar el triunfo junto al resto de sus compañeros sin lesión aparente, para respiro de los seguidores que asistían desde la grada a los saltos que el ‘21’ daba delante de la grada de Maratón.
La rodilla de Riki
Y es que, a falta de ver cómo recuperan todos ellos en los próximos días, hay otro compañero cuya presencia en Valladolid está también comprometida. Riki terminó con molestias en la rodilla después de un giro raro al pisar la pelota en una de las últimas jugadas del encuentro. "Fue un giro, pero nada más”, tranquilizó Hidalgo en sala de prensa. Quedan siete días hasta el duelo de Pucela, una cita que, a pesar de todos los contratiempos, nadie se querrá perder.














