La fe de Mario Soriano deja al Dépor a un paso de Primera (2-1)
El equipo blanquiazul se queda a un triunfo del ascenso después de remontar liderado, de nuevo, por un partido sobresaliente del madrileño

Talento y fe. Muchísima fe. De las dos anda sobrado Mario Soriano, que se ha empeñado en que el Deportivo tiene que jugar en Primera División la próxima temporada. El madrileño carretó al equipo coruñés de nuevo en un encuentro muy complicado y en el que de nuevo tocó remontar para vencer a un correoso Andorra (1-2). Todo sufrimiento se disfruta si el desenlace provoca, como en esta ocasión, acariciar la gloria con la punta de los dedos. Una victoria separa al club de esa misión de volver a lo más alto.
Decía el siempre sabio Fernando Vázquez, que un ciclista nunca tiene la tentación de bajarse de la bici cuando empieza la etapa. Cuando la meta está a más de 100 kilómetros. Que el verdadero peligro está cuando ya la ves cerca. Tan cerca que casi puedes tocarla. Ahí es donde el cansancio lastra las piernas y nubla el juicio. Probablemente, expresión que mejor describa la primera media hora del Deportivo ante el Andorra. El escenario ideal, un recibimiento a la altura y el regreso a la élite al alcance de la mano. Pero la respuesta del equipo blanquiazul, seguro que no de forma voluntaria, fue dejar de pedalear.
Nadie quería la pelota salvo Mario Soriano. Nadie se atrevía a romper filas y salirse del dibujo planteado por Antonio Hidalgo para robarle el balón a unos chicos de azul que llegaron a Riazor con la simple intención de disfrutar. Ellos ya habían hecho los deberes. Agarraron la redonda y ante la pasividad local, tejieron un rondo gigante que, como si de un entrenamiento se tratara, cada 20 pases terminaba en disparo a puerta. La única sensación de peligro que daba el Dépor llegaba con errores visitantes en la entrega, pocos, mostrando que la superioridad blanquiazul estaba en sus atacantes, con Bil Nsongo y Yeremay siendo claramente mejores que Gael Alonso y Alende, dos canteranos del Celta.
A veces no queda más remedio que llevarte un buen sopapo para volver a subirte a la bici. Y el bofetón llegó de la mano de Cerdà. Una pérdida de balón de un hipotenso Luismi Cruz desencadenó una contra del grupo andorrano, que se coló hasta la cocina para abrir el marcador y plasmar en el luminoso la preocupación que todo Riazor barruntaba ya. El duelo pudo quedar sentenciado en los minutos siguientes, porque el shock tardó en hacer reaccionar al Dépor. Lo hizo a base de empuje y de la pareja formada por Mario Soriano y Villares, los únicos que durante los primeros 45 minutos estuvieron a la altura de lo que requería el escenario.
A poco que el encuentro subió de revoluciones, la contienda se igualó. Ya no había ritmo de pachanga. Había pierna fuerte. Y las ocasiones empezaron a aparecer. Muy claras, además. El capitán de Vilalba se inventó un pase de genio para habilitar a Ximo, que cedió al área pequeña. Llegaron Yeremay y Bil Nsongo. El canario se adelantó y remató… incomprensiblemente a las manos de Owono. Poco después, todavía antes del intermedio, el camerunés también tuvo la suya. El ‘10’ fue esta vez el asistente, pero el disparo de Bil se fue demasiado cruzado cuando estaba solo delante del meta visitante.
Siempre Mario
La fórmula quedó clara antes del descanso para que después del mismo la idea fuera calcada. Más ritmo, más estrés para un Andorra que no tenía ningún problema en jugar, pero que tampoco estaba tan dispuesto a competir a poco que hubiera que aguantar embestidas. El segundo tiempo empezó de nuevo con Ximo apurando la línea de fondo, pero su pase no encontró a ningún rematador.
Pero Riazor ya había prendido la caldera y nadie mejor para seguir echando leña al fuego que Mario Soriano. El madrileño volvió a tirar del carro en el juego y además puso el empate con un golazo de otra categoría. Recogió el balón a 30 metros, levantó la cabeza y con una mezcla de suavidad y violencia, un látigo de seda, colocó la redonda en la escuadra, inalcanzable para Owono.
Las ocasiones empezaron a sucederse. El Dépor encontró el camino, que no era otro que el de chocar. La figura de Bil Nsongo se fue agigantando hasta el punto de parecer que estaba siendo defendido por niños. Solo la falta de acierto de Yeremay, que completó un partido desastroso en la definición, evitaba que la remontada se completase.
Tiró entonces Hidalgo del recurso más reciente que se ha inventado desde el fondo del armario. Escudero para ponerlas, doble punta para rematarlas. Y en un encuentro en el que la superioridad física de los atacantes del Dépor había sido manifiesta, volvió a dar resultado. El lateral no la puso esta vez con el pie. Fue con la mano en un saque de banda, argucia legal para buscar a uno de los focos dentro del área con la ventaja de poder partir desde posición adelantada. Bil Nsongo se elevó con la fuerza de toda la grada de Maratón para prolongar el balón al área pequeña, donde apareció Zaka. El goleador neerlandés, a veces desesperante, se sacó de la manga una de esas jugadas que su talento le permite hacer y en la que no es necesario que el entendimiento de juego le eche un cable. Tocó lo suficiente al blando Alende con la cadera y pinchó la bola para acto seguido alojarla en el fondo de la red.
La afición enloqueció y le dio al equipo el último empujón para aguantar más de un cuarto de hora que se hizo eterno entre la responsabilidad de defender el resultado y el cansancio acumulado de otra remontada agónica. Pero ahí salió la veteranía de jugadores como Escudero o Stoichkov, que salieron para poner esa dosis tan necesarias de otro fútbol y meter el tiempo añadido en la nevera para que no pasase absolutamente nada.
Deportivo 2-1 Andorra
Deportivo: Álvaro Ferllo; Ximo Navarro, Arnau Comas, Miguel Loureiro; Altimira (Eddahchouri, m.76), Villares (Riki, m.81), Mario Soriano, Quagliata (Escudero, m.76); Luismi Cruz (Noé Carrillo, m.64), Yeremay, Bil Nsongo (Stoichkov, m.81).
Andorra: Owono; Carrique, Gale Alonso, Alende, Martí Vilá (Molina, m.81); Domenech, Efe, Villahermosa (Cardona, m.81); Manu Nieto (Calvo, m.76), Yeray (Minsu, m.65), Cerdá (Lautaro, m.81).
Goles: 0-1, m.34: Cerdá. 1-1, m.48: Mario Soriano. 2-1, m.82: Eddahchouri.
Árbitro: Jesús Manuel Orellana (C. andaluz). Amonestó a Mario Soriano (m.63) y Stoichkov (m.72) en el Dépor y a Gael Alonso (m.32), Owono (m.45+2), Alende (m.63) y Molina (m.90+3) en el Andorra.
Incidencias: Estadio de Riazor, 29.680 espectadores. Partido correspondiente a la jornada 40 de LaLiga Hypermotion. Antes del pitido inicial se guardó un minuto de silencio por Manuel Folgueira, exdirectivo del club, y Manuel Ismael Seijas, socio 211 del Dépor.











